¡Ave María!

Gaza 08-08-2014

Todos los días y en todo el mundo resuena el saludo a la Virgen Santísima que nos enseñara san Gabriel arcángel: Ave María!

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1 Diabólica persecución

Como creo que todos saben, la situación general en Medio Oriente es de una violencia tal, que no dudo en calificar de satánica. Y, sinceramente, no encuentro otra explicación posible.

Sabemos que el diablo lucha contra Dios, “se alza y se opone a todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el Templo de Dios y proclamarse Dios a sí mismo” (II Tes 2,5). También contra Jesucristo, según aquello de “el dragón persiguió al hijo varón que dio a luz la mujer” (Ap. 12,13).

Pero especialmente, presenciamos una persecución demoniaca y despiadada contra el cristiano, por ser hermano de Cristo. Como afirma el beato Clemente Marchisio que, “el odio de Satanás llega hasta la destrucción del ser odiado, es decir, del hombre, como hermano de Jesucristo”. Y aún más, la persecución al hombre en cuanto hombre. Sigue el beato “como el satanismo suspira por perder a todas las almas, así, si Dios se lo permitiera, haría una horrenda matanza de todas las vidas humanas.

Se trata entonces, de una lucha diabólica contra la Vida misma, contra la vida sobrenatural y divina del cristiano y aún, contra la vida natural del hombre en cuento hombre.

2 Medio Oriente mariano

Sabemos además, que esta lucha satánica es también contra la Virgen Santísima, Madre de Dios: “el dragón… persiguió a la Mujer que había dado a luz al Hijo varón” (Ap. 12,13). Antigua enemistad: “pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu linaje y el suyo” (Gn. 3,15).

Por estos lares, el cristiano es conocido y reconocido como mariano. Fe mariana, simple y confiada. La devoción a la Bendita Madre de Dios que es, para nosotros, fuente de esperanza y puerta del cielo, es distintivo propio del cristiano árabe. Y, por supuesto, tantas oraciones, tantas ave marías, tantas invocaciones a Su santísimo nombre, tanta devoción a la Virgen Madre de Dios no podían quedar desatendidas.

En todo Medio Oriente son muchos signos de esta protección maternal de nuestra Madre celestial. Egipto, Jordania, Irak, Líbano, Siria… por doquier se tienen noticias de apariciones marianas, milagros, revelaciones, mensajes etc, de Nuestra Señora.

Baste recordar, y solo para ejemplificar, lo sucedido el 6 de mayo del 2010 en el santuario de “Nuestra Señora del Monte”, en Anjara, pequeña ciudad del norte de Jordania. Llanto de sangre de la Virgen, expresión de su dolor por las persecuciones, pero expresión también, según entiendo, de su cercanía y de su maternal protección.

Virgen Anjara

Y como esta, decenas de signos cargados de frutos sobrenaturales de conversiones, de fe, de fortaleza, de consuelo y esperanza.

3 Gaza

La Virgen no ha desamparado a Gaza. Y no podía hacerlo, siendo Ella misma deudora del paraje que esta ciudad le ofreciera en medio de su dolorosa huida a Egipto. Ciertamente que ejerce con nosotros su oficio de Madre, encargado por el mismo Señor: “He aquí a tu hijo” (Jn. 19,3).

Quisiera referir, para más honrar el nombre de María, dos hechos importantes que sucedieron durante esta guerra.

El primero sucedió así. En un momento del más crudo y acérrimo bombardeo, una familia cristiana, reunida a oscuras, escucha abrir la puerta externa de la casa. Pensaron que fuese gente combatiente que la abriera para mejor apostarse. El padre, cobrando valor, va hacia la puerta, no encuentra a nadie, cierra la puerta con un grueso pasador y vuelve inmediatamente. Un momento más y lo mismo, la puerta otra vez abierta. Vuelta a cerrar y verificar que no hubiese nadie. Ya de vuelta, y por tercera vez, advierten la puerta nuevamente abierta. Entienden que en realidad es una señal y que deben salir inmediatamente de allí. Apenas salieron y estuvieron relativamente lejos, cayo un misil en la casa contigua a la suya, que bien los podría haber dado muerte a todos, de haber permanecido unos pocos instantes más en el interior de la casa.

Inmediatamente pregunte: – “¿Cómo supieron que debían salir?” Me responden: – “La Virgen, padre, la Virgen. Todos los días rezamos el rosario en familia para que Ella nos proteja”. ¡Ave María!

El segundo caso. Una mamá, de una vida cristiana ejemplar y finísima, profunda y seria espiritualidad, se encontraba en medio de sus quehaceres en la habitación de su pequeña hija, mientras esta dormía. Su esposo y su papa conversaban en el living de la casa. “En un momento, me di cuenta, sentí que no estaba sola. Tuve miedo. Me giré y vi una figura, como la de la Virgen. No sé, no era bien definida. Era todo luz y paz. Nunca había experimentado una paz así, ni siquiera después de la confesión. Era algo distinto. Era una atmosfera en la que no se siente ni ruidos ni voces, pero yo estaba consiente, no estaba ni dormida ni soñando ni tampoco loca. Luego, note que se desplazó, pero sin caminar y desapareció. No sé cuánto tiempo pasó, pero creo que todo fue en un instante”.

Y continuó: “Luego de esto, me vino una enorme vergüenza pensar que la Virgen pudiera aparecerse a una pecadora como yo. Me arrodillé y le pedí perdón por tanta arrogancia y soberbia. Pasado un largo rato, entreabrí la puerta y escuché a mi papá y a mi esposo que seguían hablando”.

Le pregunto: – “¿Qué te dijo?” Me responde: – “No me habló, pero entendí con total claridad, que Ella está junto a nosotros, que nos protege y que no debía tener miedo”. En esta casa todos los días se reza el santo rosario. ¡Ave María!

 

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Esta es la gran noticia: al final la Virgen siempre vence, “Ella te aplastará la cabeza” (Gn. 3,15).

Todos los días y en todo el mundo resuena el saludo a la Virgen Santísima que nos enseñara san Gabriel arcángel: Ave María! Y donde un ave María resuena, la gracia hace eco y la bendición morada.

 

In Domino

P. Jorge Hernández, IVE

Misionero del Instituto del Verbo Encarnado en Gaza

Fuente: www.ivemo.org

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