Por: P. Felipe Preciado, IVE

Al llegar a Fátima – Portugal, impresiona la diversidad de rostros que de todo el mundo acuden al llamado de la Virgen. Sin planearlo llegue a ese lugar el día 13 de febrero, en un aniversario más de las apariciones y el décimo quinto aniversario de la muerte de Sor Lucia.

Al siguiente día me puse en camino a Santiago de Compostela, ahí el Padre Juan Manuel me habló de la “segunda parte de las apariciones”. El día 15 arribamos a un lugar en Pontevedra, pequeño, pero repleto de personas que devotamente rezaban el rosario, luego celebramos la misa. Yo ni tenía idea de lo que se conmemoraba; era el 94 aniversario de la segunda aparición del Niño Jesús a Sor Lucia.

En lo que ahora es el patio, luce una imagen de un niño Jesús que regaló el presidente Kennedy al enterarse de estas apariciones. En ese mismo monasterio un 10 de diciembre, siendo novicia y con tan solo 17 años se le apareció la Virgen María sosteniendo un corazón en su mano cercado de espinas, con un niño a su costado el cual le dijo a Sor Lucia:

«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre que está cubierto de espinas que los hombres ingratos continuamente le clavan, sin haber quien haga un acto de reparación para arrancárselas«.

A lo que la Virgen agregó:

«Mira, hija mía, mi Corazón, cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan continuamente con blasfemias e ingratitudes. Tu, al menos, procura consolarme y di que todos aquellos que durante cinco meses, en el Primer sábado se confiesen, reciban la Santa Comunión, recen la tercera parte del Rosario y me hagan 15 minutos de compañía, meditando en los 15 misterios del Rosario, con el fin de desagraviarme, yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas«.

Si en Fátima el Señor mostró el dolor de María por las ofensas hechas a su corazón, aquí completó el mensaje, dando los remedios para la reparación.

Sor Lucia comunicó esto a sus confesores quienes le aconsejaron esperar, ella se dejó llevar por sus quehaceres religiosos al punto de casi olvidar el encargo.

Cuando se dirigía a tirar la basura fuera del convento, se encontró con un niño al que le preguntó si sabía rezar el ave maría, este le respondió que si, pero cuando le pedía rezarla se quedaba callado, entonces le mandó a la Iglesia de Santa María para que todos los días recitase la siguiente oración: ¡Oh madre del Cielo, dadme a vuestro Niño Jesús!  El 15 de febrero de 1926 se encontró con el niño como de costumbre y le dijo:

¿Has pedido el Niño Jesús a la Madre del Cielo?

A lo que el niño se volvió a Sor Lucia y le dijo:

¿Y tu has propagado por el mundo aquello que la Madre del Cielo te pedía….?

Y Se transformó en un niño resplandeciente.

Cuando Sor Lucia expuso las dificultades, el niño fue respondiendo a cada una de ellas, explicando que la novedad en esta devoción consiste en ofrecerla por la reparación de las ofensas hechas a la Madre del Cielo.

En este mismo sitio se nos dio la gracia de celebrar la misa el día del aniversario de la aparición y además sobre el altar en el que tuvo la visión de la Santísima Trinidad.

Este lugar es tan importante como Lourdes y como Fátima, aunque aún no es tan conocido. Y por esas coincidencias exquisitas de la Divina Providencia, está bajo el cuidado de nuestras religiosas, de un Instituto que nació el día en que San Juan Pablo II consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María.

Y como si este sábado no estuviera lleno de signos, al terminar la misa se me acerco una señora americana, y me dijo que tenía un regalo para mí, trajo una imagen como de setenta centímetros, bendecida ese mismo día, y me indicó el deber de llevarla hasta Papúa, y que era muy importante que los niños vieran a los pastorcitos porque por ellos se acercarían a la Virgen.

Yo había dejado una imagen de Fátima en casa que me habían regalado, por no querer perder espacio, pero ahora me venía una más grande, y aún no había terminado de cuestionarme como compraría la maleta, cuando una señora se acercó y me donó los euros necesarios para pagar los gastos de transporte. Ahora ella va en el asiento de al lado, acompañándome en esta peregrinación, y con la gracia de Dios estará llegando el día 28 de febrero a Papúa Nueva Guinea.

En Cristo y María,
P. Felipe Preciado