San Jose Argentina

«Aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón». Mt. 25, 11

San José se encontraba ante uno de los Misterios más grandes, el Misterio de la Encarnación. Dios le ordena recibir a la Santísima Virgen como Esposa Fiel y le pide que cuide y proteja al Hijo de Dios como si fuera su propio hijo. San José debió reverenciar al Verbo de Dios y a la vez a protegerlo, cuidarlo y enseñarle las labores de carpintero; debía ser guardián y custodio del mismo Dios.

Estas ‘aparentes contradicciones’ sólo pueden ser llevadas a cabo por un corazón dócil, afable, y de una extraordinaria sencillez. Es por ello que debemos ejercitarnos para ser sencillos y humilde de corazón como lo fue Cristo, y en cierto modo el mismo Cristo lo vio y ‘aprendió’ de su padre San José. Por ello también nosotras debemos hacer que la gente sencilla lo conozca para que así lo invoquen, amen y pidan su protección.

Pensando cómo ayudar a la gente sencilla de mi pueblo a pasar estos días de cuarentena, ya que por gracia de Dios me tocó acompañar a mi madre, recordé las palabras tantas veces meditadas en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, «que a todos queramos ayudar» y se me ocurrió hacer apostolado con algunas familias de la Iglesia, que habían formado un grupo de WhatsApp para comunicarse en este tiempo.  Les hice, pues, una propuesta:  todos aquellos que quisieran compartir una gracia o un milagro que San José les hubiera concedido podían hacerlo en este grupo de WhatsApp y que con todos aquellos que escribieran, el 1 de mayo día de San José obrero, haríamos un sorteo de una imagen de san José dormido.

Así comenzaron a llegar algunos testimonios.

La idea era que, ya que se acercaba su fiesta, San José fuera más conocido y por lo tanto más amado e invocado y que de algún modo se viviera este tiempo de un modo más especial.

Les comparto algunos testimonios, que tienen la sencillez de los corazones agradecidos. Los transcribo tal cual me han llegado:

   Testimonio de Silvana:

“En estos momentos de mi vida me toca acompañar mucho a mis papás. Mi mamá ha tenido fracturas de vértebras por la avanzada osteoporosis. Hoy sólo puede caminar muy poco y con ayuda de alguien. Mi papá, que siempre ha colaborado en el cuidado de ella, hace poco, también tuvo una descompensación. Hoy necesitan los dos de nuestros cuidados. Y en este tiempo de cuarentena somos dos, mi hermano y yo los que cuidamos de ellos.

San José ha sido y es una gran compañía… Las noches, sobre todo, han sido eternas, de muchos desvelos… San José ha sido mi gran compañía. Le he pedido que me ayude a tomar decisiones, a calmar ansiedades y acompañar a mis padres. Al día siguiente, todo ha estado más tranquilo, he podido resolver lo que parecía imposible y ¡con más claridad!

Hoy San José junto a la Ssma Virgen son una gran compañía en este peregrinar.”

    Testimonio de Patricia:

“¡Qué Maravilla! …Cada día vamos conociendo más las virtudes de este Santo Varón. Yo estoy convencida que no desoye las súplicas que le presentamos. Les comparto uno de los testimonios y gracias obtenida por intercesión del Glorioso San José.

Por el año 2010 nuestra hija Janet, recién recibida de profesora de Educación Física, junto con 17 compañeros más, se disputaban los cargos vacantes para ejercer dicho oficio. Fue entonces cuando comenzamos a rezar la Treintena, al segundo día, le anunciaron dos posibilidades: una escuela albergue y la escuela 70 Capital Federal.

Con muchísima confianza y aferrada a San José, tomó las clases en los dos lugares. Continuamos con otra Treintena para dar gracias. Luego de sesenta días aproximadamente de trabajo no recibía su sueldo, decidimos comenzar otra Treintena y al segundo día ya tenía su bono de sueldo.

Esa es una de las gracias que mi Amado San José nos ha concedido.

Glorioso San José, Compañero y Guía de mi familia.”

      Testimonio de Marita:

“Me voy animar a compartir mi historia. Hace muchos años, tanto como 18 años, vivía yo con mis padres; era una jovencita estudiante. De repente conocí un chico, del cual, por esas cosas de la vida vino mi primer hijita Martina. Nos criamos juntas. Sufrí mucho para criarla junto a mis padres y poder terminar de estudiar para poder ser alguien en la vida y darles una alegría a mis padres que, con tanto sacrificio, me mandaban a estudiar. Me costó mucho, sin embargo, cuando mi niña tenía 4 años me recibí un 1 de octubre por la mañana y   ese mismo día por la tarde, mi amado padre se fue al reino de los cielos. Yo sufrí mucho, mucho; hasta el día de hoy me hace mucha falta. Pero solo pedí a Dios, por su intermedio San José poder formar una familia. Pasaron muchos años. Mi madre enferma, mi hermano también.  Hasta que un día conocí a quien hoy es mi esposo y con el cual pude tener una hermosa familia. Dios nos bendijo con una hijita hermosa llamada Catalina. Nuestra vida cambió totalmente.

Gracias San José por todas las gracias recibidas, por la salud de mi familia, por tener trabajo, etc.”

Finalmente hicimos el esperado sorteo del San José dormido y se lo ganó un matrimonio que no tenían grandes milagros para contar, sólo escribieron unas breves palabras de agradecimiento por la familia que Dios les había regalado y pidiendo la intercesión de San José.  Cuando supieron que se habían ganado la imagen, lloraban de emoción. San José quiso irse con ellos. Después de unos días recibí un mensaje donde me contaban que le habían estado rezando, sobre todo su esposo que se llama José, aunque le dicen “Pepe”. Le habían pedido por un nieto que no puede hablar. Al día siguiente de haberle hecho esta petición, a la imagen de San José dormido, el nieto comenzó a decir unas palabras, entre ellas “¡Pepe!” ¡Cuánta fue su emoción, su alegría, al saber que San José inmediatamente había escuchado sus peticiones!

Varias personas terminaron agradeciendo esta iniciativa y el modo en que habían vivido esos días. Algunos de ellos empezaron a conocer más sobre la vida de nuestro amado santo y comenzaron a rezar la Treintena. San José con su sencillez se ganó el corazón de varias familias que estaban pasando por momentos de mucha incertidumbre y soledad.

Siempre me llamó la atención el que no haya referencia, en los Evangelios, de que San José haya dicho algo, simplemente obedeció con gran docilidad. Siempre, a la escucha de la voz de Dios, siempre dispuesto a obedecer, a pesar de que, más de una vez, las cosas que se le mandaban no eran fáciles de aceptar. La simplicidad de su vida, la fe en toda circunstancia, vivida con amor, haciendo ordinarias las cosas más extraordinarias y viviendo extraordinariamente lo ordinario, porque todo lo vivió en referencia al Padre y mirando a su Hijo. Y si Jesús, con todos los cuidados paternales que le prodigaba San José en esta tierra, le amaba y obedecía en esta vida, ¡cuanto más lo hará en el cielo! Por eso te imploramos Santo Patriarca, que intercedas por nosotros y le hagas llegar siempre nuestras peticiones y ruegos.

Hermana María del Cenáculo, SSVM

Mayo 2020