Queridos Todos:

Quisiera compartir con ustedes lo ocurrido en uno de los apostolados que estamos haciendo en nuestra misión en Lituania. La visita de enfermos.

En este último tiempo estuvimos visitando a los cuarenta y siete soldados que están en el frente de batalla de nuestra parroquia por el dolor llevado y ofrecido. Ellos se comprometen a ofrecer sus sacrificios y oraciones por diferentes intenciones.

Un día me toco visitar uno de los agregados en este frente, es decir, no era uno de los cuarenta y siete.

Era papá de una de las jóvenes del grupo parroquial, se enfermó de cáncer y en poco tiempo lo estaba consumiendo. Un día, justo cuando estaba participando de un curso internacional con el centro juvenil de la diócesis en Kláipeda, a unos 180 kilómetros de la parroquia, me llama ésta joven para decirme que su papá estaba muy delicado y que él había pedido que fuera el “padre” (forma cariñosa en castellano que tenía para llamarme). Debido a la distancia, yo le dije que si estaba muy delicado, que buscara otro sacerdote que pueda asistirlo antes que yo llegue, pero el no quiso, solo quería que fuera el “padre”.

Al día siguiente, fui a visitarlo al hospital y pude ver, al entrar en la habitación como se dibujaba una sonrisa en medio del dolor, me dio la mano por un largo rato, y cuando nos quedamos solos se pudo confesar, recibió la unción de los enfermos y la santa comunión y nos consagramos a la Virgen María ofreciéndole todo a ella. Finalizadas las oraciones pidió que entren su señora y su hija, quien preguntó al papá: ¿cómo te sientes? a lo que él respondió en lituano: Me siento muy bien (uso unas palabras que le dieron una connotación de bien espiritual ya que no podía ser físico). Seguidamente mirando a su señora, le dijo entre lágrimas: “yo ya estoy bien, podemos ir a casa”. La señora le decía que él mismo sabía que no podía ir a ninguna parte, pero él con una sonrisa de paz le dijo: “por eso ya puedo ir a Casa”.

Ella junto a su hija lo envolvieron en un abrazo silencioso. Horas más tarde cerrando los ojos se durmió para ir a la CASA adonde se siente bien por que llegó al PADRE.

Cuántos regalos nos da Dios, como el llevar la llave maestra para tantas almas que sólo esperan les abramos LA PUERTA DE CASA.

Desde el país de las cruces y tierra de María.

P. Domingo Avellaneda Cabanillas, IVE.

P. Domingo Avellaneda, IVE
P. Domingo Avellaneda, IVE

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