La palabra del Evangelio es un gran regalo para la humanidad, la cual una vez escrita no quedó muerta en el papel: cada vez que la leemos y meditamos, llega al corazón, y alcanza la totalidad de la realidad en la que vivimos. En el sacerdote esto se verifica de un modo particular, en virtud de su ministerio que tiene su centro y fundamento en la palabra de Cristo… de Cristo Viviente.

Las parroquias que se encuentran en Rusia muchas veces están vacías, o con pocas personas. A menudo son personas en las que la Palabra de Cristo aún resuena, y habla en su corazón, aunque tal vez esa Palabra haya sido pronunciada una sola vez, hace mucho tiempo.

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La Rusia de hoy es un lugar especial, donde la Palabra se hace sentir de una manera muy inusual. A veces se puede escuchar el eco de los años ’40 del siglo pasado, a veces los ecos provienen de más lejos, desde inicios del 1900. Eco que a veces es muy sutil y apenas percibido por la misma persona que lo testimonia. Por eso una de las cosas que Dios nos pide, en esta misión especial, es escuchar los ecos dispersos en varias aldeas a miles de kilómetros de distancia.

Una de nuestras parroquias se encuentra en el territorio de Povolgie, en la provincia de Simbirsk, en la ciudad Sysran, fundada en 1683 por Pedro el Grande para defender la ruta comercial que cruzaba el río Volga. En el año 1900 la ciudad se convirtió en un centro industrial, después de la guerra llegaron algunas familias de Alemania y Polonia, que se asentaron en pueblos alrededor de la ciudad. En los documentos de la ciudad del 1900 se puede encontrar un proyecto de construcción de una Iglesia, finalmente no realizada a causa de los cambios de gobierno. Este hecho, sin embargo, habla ya de un eco lejano…

No tenemos información acerca de la presencia de clero católico en el comienzo del régimen comunista; son algunas ancianas alemanas que nos dan testimonio de la presencia de un sacerdote que celebraba la Misa en la clandestinidad y que administraba los sacramentos. La parroquia actual fue inaugurada en 1993, y al inicio reunía familias católicas alemanas. Actualmente en el pueblo, además de los alemanes y polacos, hay también familias rusas, mientras que el resto de las ovejas se encuentran dispersos en medio de un territorio de campos y bosques…

El sacerdote, por el gran don que ha recibido, no sólo tiene la palabra de Cristo, sino que actúa in persona Christi, tiene su propia voz… El sacerdote es el pastor que va en busca de la oveja perdida donde quiera que esté, que predica la buena nueva de salvación.

rusia1El 2 de noviembre, día dedicado a rezar por todos los fieles difuntos, algunas señoras nos pidieron de ir a visitar las tumbas de sus seres queridos en el cementerio de la ciudad. Nos pusimos de acuerdo para encontrarnos en el cementerio. Apenas llegamos, nos dimos cuenta que solamente una señora mayor nos estaba esperando. Con ella fuimos a bendecir las tumbas de sus familiares. Otra señora, que acaba de comenzar a asistir a la iglesia, nos dijo que sus parientes alemanes están enterrados en el cementerio de un pueblo no muy lejos de la ciudad. Y fuimos entonces también a visitarlo. Allí nos esperaba un grupo de personas, que nunca habíamos visto, que vinieron también para hacernos bendecir las tumbas de sus familiares difuntos. Queríamos bendecir las tumbas de los muertos, pero el Señor nos dio la gracia de encontrarnos con los vivos. Son hijos e hijas de aquellos fieles católicos, ya muertos, bautizados durante la época del régimen. Son católicos, que nunca han ido a la Iglesia…

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Aquí la voz de Cristo pasó en medio de los campos hace muchos años… y aun se oye su eco.

Después de bendecir las tumbas, les hablamos sobre la Iglesia Católica que se encuentra en la ciudad, sobre los sacramentos, sobre la fe. Ellos escucharon con gran interés, a pesar de que su fe hoy sólo se basa en las tradiciones familiares pasadas pero que nunca cultivaron. El eco de Cristo suena de nuevo, en medio de ellos. No pensábamos que vendrían a la Iglesia, pero tenemos una fe viva en la palabra viva de Cristo, que ahora vive, se oye en medio de ellos. Y finalmente, pensábamos, vengan o no, esto está reservado a la Voluntad de Dios, no toca a nosotros ver los frutos, sino sembrar… Después de un mes, como suponíamos, no vino ninguno.

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Nosotros tratamos de ir a esta Parroquia una vez a la semana, cada sábado a la mañana, y hacemos la catequesis para las personas que han pedido ser bautizadas, confesamos y celebramos la Santa Misa, después compartimos un rato con la gente, y luego volvemos a nuestra casa. Especialmente ahora, durante el invierno, la carretera cubierta de nieve y resbaladiza y las continuas tormentas de nieve, hacen que el camino sea bastante peligroso por lo que intentamos regresar antes a nuestra casa.

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Otro caso: un mes después del encuentro anterior, al final de la Misa una señora nos dijo que había muerto esa misma mañana un católico alemán y nos preguntó si podíamos ir a hacer el funeral por la tarde. Fuimos allí, y de nuevo, en busca de un muerto, Dios nos hizo conocer a otros católicos vivos… dispersos. Rezamos el oficio de difuntos junto a ellos, y después les hablamos sobre la Iglesia y los sacramentos… esta vez, sin embargo, siendo un poblado un poco lejano, les ofrecimos venir a celebrar la Misa a casa de uno de ellos… y así, una vez más, la palabra viva de Cristo ha entrado en medio de sus familias, en sus hogares. Todavía no hemos recibido una respuesta, pero sabemos y creemos que la palabra de Dios es viva, y tiene sus tiempos, que son muy diferentes de los nuestros. El sacerdote tiene que pregonar que Cristo los invita a su Casa y los espera.

rusia5 Nos suceden a menudo caso similares, sea en Sysran, como en otros poblados y ciudades. Aparecen, vienen por curiosidad, porque han hablado con un parroquiano, o porque han visto un sacerdote o una hermana pasar por la ciudad, o también gracias a Internet.

Incluso ahora, mientras estoy escribiendo esta crónica, me ha llamado una señora católica, que estaba buscando la Iglesia Católica desde hacía muchos años… nuevamente un eco de Cristo, que permanece en el corazón de un hombre.

Aparecen por todas partes ovejas perdidas… que escuchando un eco lejano caminan, muchas veces despacio, buscando las praderas del Señor.

Dejemos que el Señor hable a través nuestro, dejemos que su palabra viva… dejemos a ¡Cristo Reinar!!

P. Eugenio, IVE

Misionero en Rusia

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