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La mudanza a la Finca africana

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La mudanza a la Finca africana
Por: P. Diego Cano, IVE

 

Kangeme, Tanzania, 24 de abril de 2020

Hay un episodio que no pude contarles en su momento, y que es trascendental para nuestra misión en Tanzania, en África, y para toda la Congregación. Se trata del inicio de nuestra vida en la casa de formación mayor de Tanzania. En el mes de enero comenzamos el ciclo lectivo 2020, con un acto y la santa misa, participando los nuevos seminaristas de filosofía, los hermanos en formación, los novicios y postulantes, junto con las hermanas, la novicia, y postulantes de las hermanas. Creo que no llegamos a medir el alcance de un acto tan sencillo, ni siquiera nosotros los misioneros que aquí estamos. Si pensamos que por más que sea un inicio humilde, y que no se vean frutos en un futuro cercano, pensemos que en pocos años, Dios mediante y la Virgen intercediendo, veremos llenarse de sacerdotes y hermanos nuestra misión de Tanzania, ¡y vaya a saber por dónde andaremos dentro de siete u ocho años en estas tierras africanas!

El inicio del ciclo lectivo marca el inicio de clases, se realiza la bendición de las casas y el exorcismo de León XIII, como es tradición en nuestra Familia Religiosa. Sin embargo no podíamos comenzar a vivir en la nueva casa de formación mayor, porque no estaba terminada. Debíamos seguir los trabajos para que sea habitable, aunque todavía faltan las conexiones de agua en el interior, los lavatorios, etc.

La casa la hemos construido con la ayuda de un donante, a quien le agradecemos inmensamente por esta gran obra de ayudar a la construcción de un seminario o casa de formación, donde se prepararán los futuros sacerdotes y religiosos misioneros. Es una obra de valor inmenso, y recuerdo ahora el hermoso escrito de Higo Wast, “Cuando se piensa…”, y que dice al final: “Uno comprende que más que una Iglesia, y más que una escuela, y más que un hospital, es un seminario o un noviciado. Uno comprende que dar para construir o mantener un seminario o un noviciado es multiplicar los nacimientos del Redentor. Uno comprende que dar para costear los estudios de un joven seminarista o de un novicio, es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre que durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la tierra y que todos los santos del cielo, pues será Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo”. Siempre estarán estos sacerdotes que se hayan formado aquí subiendo al altar y pidiendo por sus benefactores, estarán estos hermanos coadjutores rezando por las almas de quienes les posibilitaron llegar a ser religiosos misioneros o contemplativos.

Finalmente, llegó el día, fue el 31 de marzo de 2020. No había que esperar a tener todo… y la mudanza desde la casa del noviciado, no era muy lejos, tan sólo unos cien metros en dirección hacia “el monte”, la foresta. Es increíble estar allí de noche, donde los grillos no cantan, sino que gritan. Las cigarras, y miles de insectos hacen notar su presencia. En las noches se escuchan los aullidos de las hienas, y los perros, grandes amigos del hombre, con sus ladridos las ahuyentan. Los amaneceres, son increíbles… y miles de pájaros de diversas especies llenan de cantos la primera hora del día. No hablemos de otros habitantes del monte, poco deseados, y que merodean la casa… alguna foto los puede hacer espantar, pero es verdad si les digo que se encuentran cobras, mambas, y no sé otro tipo de reptiles. Es una casa de formación en el corazón de África del este, ¿cómo puedo darles una idea acabada de esto por medio de un escrito?

Al mudarse se cumplió el dicho de “desvestir un santo para vestir otro”. Se llevaron sus camas, colchones, sillas… y basta de contar. No hay armarios ni donde poner la ropa, tampoco mesas ni bancos de estudio. Ya los hemos mandado a hacer, vamos de a poco, pero tendremos que “revestir” de nuevo el noviciado, por si llegan muchos nuevos postulantes. Las cosas las llevaron a mano, y en la “bayayi”… o “gansoplano”, nuestro primer vehículo de la casa de formación, que todavía sobrevive. Por la tarde, y en medio de la oscuridad, alumbrados con linternas, fueron bendiciendo el noviciado nuevamente, hasta llegar a la casa de formación mayor… lo más parecido a “las casas del fondo” de La Finca en Argentina. Y es el inicio de una nueva vida. Otro paso histórico, y que no quería dejar de contarles, pero sobre todo no quiero que quede sin su registro escrito, que es lo que importa, y que ayudará al futuro, cuando se escriba la historia de nuestra misión IVE africana.

Les pido que recen por estos jóvenes y sus formadores, por sus perseverancia y santidad. Actualmente viven allí cinco seminaristas, cuatro hermanos en formación, y el P. Pablo Folz, IVE. En el noviciado viven los postulantes y novicios bajo la dirección del maestro de novicios, el P. Víctor Guamán, IVE. Todos participan de la misa y la adoración en la única iglesia donde se reúnen los postulantes, novicios, hermanos, seminaristas, y formadores… Una veintena de miembros del IVE.

Mil gracias a Dios y la Virgen de Luján.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE.