cap007Acá en Taiwán, cada Parroquia tiene que formar doce comisiones (una de Liturgia, otra de enfermos, otra de Inmigrantes, otra de Catecismo y así…). Por eso, hace unos días, cuando hicimos la primera reunión anual del Consejo Parroquial, formamos las doce comisiones, lo cual a menudo es una cosa puramente nominal pues el terreno social acá es del todo ajeno al Cristianismo. Hay Parroquias de nuestra Diócesis que ni siquiera tienen doce fieles. ¿cómo van a formar doce comisiones? Pero, bueno, sigamos con el caso nuestro.

Humanamente hablando, en un contexto como el nuestro, ¿qué se puede esperar de una “comisión parroquial de inmigrantes”? No mucho más que conformar un “sello de goma”, llenar un formulario informático y obtener la nimia satisfacción de cumplir con un requisito formal. Pero, Dios nos sorprendió. Les cuento lo que pasó con una de las doce flamantes comisiones parroquiales: la comisión de inmigrantes. Ésta era probablemente la comisión de la que menos frutos podíamos esperar.

Esta comisión está formada por una profesora universitaria y por quien suscribe estas líneas. Como esta profesora es una de las pocas personas que habla inglés, la elegimos para este “puesto”. El otro día, la profesora me vino a ver. ¿Qué quería? Quería saber que debía hacer en su carácter de miembro de la comisión de inmigrantes. Yo me reí interiormente y no sabía qué decirle pues no hay ningún inmigrante entre nuestra feligresía… Pero, entonces, se me ocurrió decirle que hagamos unos volantes. Me preguntó cuántos quería hacer. Le dije, por decir, el primer número que se me ocurrió: ¡5000!

A las pocas horas, la Profesora cayó con los 5000 volantes. El volante es todo un anuncio de Cristo. Es un volante dirigido a los paganos, es decir, a los que aun no tienen ni idea de Cristo ni del Cielo ni de la Redención. El contenido es muy simple: tiene una cita de Mt 11,28; una imagen de Nuestro Señor, otra de la Virgen, la dirección de la Parroquia y una invitación a que vengan a rezar. Además, pusimos el celular del Padre Lucio. Esperemos que lo empiecen a bombardear con llamados…

La Misión empezó el día de la Conversión del Apóstol de los Paganos, el 25 de enero. La fecha parecía elegida a propósito, pero no lo buscamos. La cosa recién empieza pero lo estamos viviendo con mucho fervor. Ya hicimos dos salidas misionales, la del 25/1 y la de hoy.

Fuimos seis los Misioneros. Para los parroquianos que vinieron, fue la primera vez en toda su vida que salen a misionar. Daba gusto verles el rostro de alegría que tenían cuando volvieron de su primera salida misional. Sonreían de oreja a oreja, hablaban rápido, contaban lo que habían vivido con mucha alegría y filmaron un videíto transmitiendo sus experiencias… No les importaba que no vimos ningún fruto bien tangible, lo que les importaba era que habíamos salido a misionar. Y punto.

De todos modos, hubo frutos. Una señora –que vive una casa con unos ídolos enormes- nos dijo contenta, y casi en secreto, que cuando sus padres partan, ella vendrá a la Iglesia a conocer a Cristo (pero no antes porque sus padres –que son muy budistas- no la dejan). En una fábrica, junto a unas vigas, un obrero nos dijo, sonriendo, que cuando tenga tiempo libre vendrá. Otra señora, maquinista, nos dijo lo mismo. Un anciano exhortaba a su nieto a que venga vernos a los Curas. Una familia nos invitó a tomar el té y quedamos en volver a vernos. Un hombre nos escuchaba atento cuando le explicabamos que los ídolos no lo pueden ayudar, pero Jesucristo puede. Como verán, acá empezamos de cero.

Hicimos apostolado con mucha gente y en muchos lugares: en una zona fabril, en las calles, en negocios, en un predio de ritos paganos –¡donde nos terminaron rajando!-, con niños, con ancianos, con los que pasaban en moto… No discriminabamos a nadie. A todos los que nos cruzabamos, los invitabamos a conocer a Cristo.

Ya estamos pensando en el próximo “ataque”. La Profesora propuso ir al Hospital pues, decía, “ese es el lugar más necesitado de Jesucristo”. Por eso, el 22/2 iremos allá. Y ya se va sumando nueva gente. Un nicaraguense (¡por fin, un imigrante!), que está estudiando arquitectura en Taichung, me acaba de escribir para engrosar nuestro improvisado grupo misional. Valga decir que no iremos de paseo ni por asistencia social ni por filantropía, sino por caridad, esto es, ¡a salvar las almas! Dios quiera podamos seguir empapelando la ciudad de Taiping con los volantes misionales.

Recuerdo cómo nació todo: la flamante “Comisión de Inmigrantes”. Cuando lo oí, me pareció un chiste. Pero, hoy veo que cualquier “sello de goma” es bienvenido con tal de evangelizar.

¡Cristo impera!

  1. Federico

Taiping, Taichung (Taiwán) – 1°/2/15

 

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