Inicio Crónicas La “madre alcoyana” de Jesús – I Parte

La “madre alcoyana” de Jesús – I Parte

0
La “madre alcoyana” de Jesús – I Parte
Por: María de los Dolores Pérez, SSVM

 

Querida Familia en el Verbo Encarnado,

Mi nombre es María de los Dolores Pérez, estoy en el Monasterio del Santo Sepulcro, en Alcoy, España. La intención de este monasterio es rezar por la educación católica en todos sus niveles, y también hemos asumido la intención de la comunidad de hermanas Agustinas Descalzas a quienes pertenece el monasterio, la cual es la adoración reparadora al Santísimo Sacramento. En este templo, llamado del Santo Sepulcro, tenemos adoración perpetua. Ha querido la santa obediencia darme la alegría de compartir con todos ustedes algunos acontecimientos de los vividos en estos últimos meses para que se alegren con nuestra comunidad de vida contemplativa.

Pensaba cómo compartir de lo nuestro y qué agregar de nuevo a los numerosos escritos que circulan en los medios y que ponderan los tiempos presentes con profundas reflexiones sobrenaturales, hablando de un aquí y ahora signado por la cruz de una pandemia… Creo que lo mejor sería dejarles ver, de algún modo, algo de nuestro día a día, algo de lo que se ve a través de las rejas de la clausura en los momentos más hermosos del día… esos momentos pasados frente al Santísimo Sacramento en nuestra iglesia de Adoración Perpetua, a los pies del Señor Jesús… cantándole salmos. Aclaro que es lo que yo veo, otros verán más y mejor. Sin embargo, esto no deja de ser lo nuestro. Parece aburrido, ¿verdad? Debo reconocer que, cuando era misionera en Extremo Oriente, no encontraba dificultades en buscar temas de crónicas (aunque escribí pocas), porque en una misión así hay mucho de novedad y aventura. En un monasterio de clausura esto parece más difícil; sin embargo, aunque la realidad es distinta, también aquí hay cosas muy hermosas para compartir… también hay novedad y aventura. Yo los animaría a que continúen leyendo hasta el final.

La Palabra de Dios permea nuestra vida… rezamos con Ella, pensamos con Ella, en Ella hallamos consuelo, fuerza y la clave para comprender la realidad… es Dios que habla al alma… y con Ella el alma le habla a Dios.

A nuestras puertas y a nuestros oídos, a través de diversos medios, llegaron ciertamente los acontecimientos recientes y su continuo desarrollo… las tristes y penosas consecuencias de la pandemia… el dolor de ver cómo el sufrimiento arranca lágrimas, e incluso cómo los enemigos de la Iglesia encarnan un eco de las mofas a Cristo Crucificado en el Calvario… ¡la iglesia está en un Calvario hasta la Resurrección! ¡Pero cuántos héroes de la caridad viven ya como resucitados! El deseo ardiente de los fieles suspirando por la Misa, los sacramentos… Y nuestro corazón de madre, hija y esposa no puede menos que sentir compasión y entrar en sintonía con la Iglesia sufriente a través de los salmos que expresan dolor, angustia… confianza…alegría y reconocimiento. La Palabra de Dios nos pone en sintonía con Sus designios de amor. Ella nos invita a llorar con los que lloran, a esperar por los que no esperan, a suspirar por los que no tienen fe y no pueden ver la mano de Dios en estos momentos de dolor…. Ella nos convida a dar continuas gracias a Dios y a alabar los designios divinos. ¿Ejemplos? ¡Muchos! He aquí algunos, que les resultarán muy familiares:

“Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia; (…) Tengo mi cama entre los muertos…. Has alejado de mí a mis conocidos… encerrado no puedo salir…; alejaste de mí amigos y compañeros, mi compañía son las tinieblas…”

(Salmo 87- Completas del Viernes)

¡Cuántas almas habrán encontrado eco en estos lamentos en las desoladoras horas de confinamiento en sus casas o en las habitaciones de aislamiento en los hospitales, enfrentado la cercanía de una muerte en el más penoso abandono…! Misteriosamente estuvimos con ellos, consolándolos hasta que exhalaron el último suspiro… Desde nuestro puesto tras las rejas de la clausura podemos recorrer el mundo entero.

En España hay 56 capillas de adoración perpetua. Casi todas, debido a la pandemia han tenido que permanecer cerradas. La nuestra, gracias a Dios no. Él la quiso mantener abierta, por lo que Él nos donó la gracia de poder cubrir todos los turnos. Sólo algunos fieles, de tanto en tanto, podían hacer el suyo en el templo eucarístico. Sobre esto les contaré luego. ¿Qué pasaba por nuestro corazón al ponderar esta dicha tan grande?:

“No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria, por tu bondad, por tu lealtad. Por qué han de decir las naciones, ¿dónde está su Dios? Nuestro Dios está en el cielo, (… ¡también está sacramentado y expuesto en nuestro templo en Alcoy!) – Él-, lo que quiere lo hace.” (Todos los domingos lo decimos de otro modo: “Creo en Dios Padre ¡TODOPODEROSO!”)

(Salmo 113 B… Himno al Dios verdadero – Segundas Vísperas- Domingo de la Segunda Semana del Salterio)

Y aún en medio de la vorágine de noticias penosas, en el dolor de compadecer a los que cargaban cruces, tal vez más pesadas que las nuestras, podíamos unirnos a la alabanza a Dios Creador, y prestar nuestra voz a todos los “pequeños” a los que el Padre quiso revelarles los misterios del Reino (Mt. 11, 25) y decirle, bendiciéndolo por sus designios de misericordia para con el mundo:

“Es bueno dar gracias al Señor y tocar para tu nombre, oh Altísimo, proclamar por la mañana tu misericordia y de noche tu fidelidad… Tus acciones, Señor, son mi alegría…. ¡Qué magníficas son tus obras, Señor, qué profundos tus designios! El ignorante no los entiende …. ni el necio se da cuenta… (Pero se lo has revelado a los pequeños…)

(Salmo 91- Laudes del Sábado de la Segunda Semana del Salterio)

Y reflexionar, ponderando, la inmensa gracia que nos concede Dios de poder agradecerle por los que no pueden, no saben o no quieren hacerlo:

“El abismo no te da gracias, ni la muerte te alaba… Los vivos, los vivos son quienes te alaban, como yo ahora (¡por pura misericordia!) Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas todos nuestros días en la casa del Señor. (¡Sálvanos, Señor, de no ver las cosas con tus ojos!)

(Cántico de Isaías – Laudes del Martes de la Segunda Semana del Salterio)

¡Y podríamos continuar citando los salmos, uno tras otro, y no acabar de ver la poderosa mano de Dios en todo lo que dispone misericordiosamente por nuestro bien!

Y yo pensaba… en todo este ruidoso desajuste de planes personales, de miedos a perderlo todo, de temores acerca del porvenir…. ¿y Jesús? ¿pensamos en cómo estaría Jesús? Claro, que, estando ya Él glorioso en el cielo, no le falta nada… Pero, seguramente a sus oídos habrá llegado un vendaval de reproches e incomprensiones, muchos habrán injuriado su Nombre y el de su Padre… el infierno se debe haber creído con derecho a mirar con desprecio a Quien parece que nuevamente fracasó en popularidad ante la faz del mundo… Pensaba en esas misteriosas presencias veladas y diversas del mismo Jesús, que nos acompañan en este valle de lágrimas: está entre nosotros velado en la apariencia del pan, y está escondido bajo los rasgos del prójimo… Y entonces me preguntaba: ¿Y Jesús en la Eucaristía? ¿Y Jesús en el prójimo? ¿No tenemos acaso una conmovedora obligación de amor hacia nuestro Dios que mendiga nuestro amor…? O ¿cesó acaso la obligación con la pandemia? Pensaba si acaso Jesús habrá encontrado alguien que lo consuele… ¡Y qué alegría el constatar que, así como estuvieron en el Calvario, así hay hoy muchas almas que lo consuelan! Puede cesar la vida, pero no puede cesar el amor. Lo hemos visto a través de numerosos testimonios.

Y así, mirando a nuestro “Jesusito” del milagro, cuya imagen se venera en este templo, y que está justo enfrente de nuestro coro (pueden ver dos hermosas crónicas anteriores que escribió la hermana María del Espíritu Santo para recordar la historia), me gustaba recordar las palabras de Jesús, que recoge el Evangelio de San Mateo, capítulo 12, versículos del 47 al 50…. “¿Quién es mi madre y mis hermanos” … “Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.” Sabiendo ya que la primera que recibe la alabanza es su Santísima Madre, la Siempre Virgen María, me gustaba imaginar a nuestro Chiquitín en el regazo de una “madre alcoyana”, cantándole coplitas en valenciano, y alimentándolo con la sagrada leche de los dos “místicos pechos de la esposa del Cantar de los Cantares” (Ct. 7, 4), que significan, el amor a Dios y el amor al prójimo… – como enseña el P. Arintero en su precioso comentario a este libro de la Escritura- ellos son los dos mandamientos en los que se resume el cumplimiento de la Ley de Amor dada por Padre. Esta comunidad de fieles ya concibió a Jesús por la fe en sus corazones, lo ha dado a luz y ahora lo alimenta y lo hace crecer con el ejercicio de la caridad. ¡Lo aprendió de la Virgen! ¡Y qué alegría ver a Jesús tan a gusto con su “madre alcoyana”! Y en verdad que, el rebañito de fieles de Alcoy ha dado pruebas de su amor a Jesús, ya sea en su presencia eucarística, ya en su no menos misteriosa presencia en el prójimo, con quién Él mismo quiso identificarse.

¿En qué me baso para hacer esta afirmación? En varios hechos que les compartiré en la segunda parte de esta crónica que publicarán en breve.

¡Dios los bendiga!

¡Hasta pronto!

 

María de los Dolores Pérez, SSVM

Monasterio “San Juan de Ribera”, Alcoy, España