“Y Yo, una vez levantado de la tierra, atraeré a todos hacia Mi”. (Jn 12, 32)

El día de la exaltación de la cruz, como congregación pusimos una cruz en el lugar más simbólico de Lituania, en su ‘corazón’: la “Colina de la Cruces”.

Lituania es la tierra de las cruces como se la conoce desde hace ya mucho tiempo, pues es en esa colina, donde están plantadas incontables cruces, todas y cada una de ellas con intenciones diferentes, ya sea pidiendo, agradeciendo, testimoniando su fe como fue el motivo principal de ella: testimoniar la fe como resistencia a la opresión que se vivía en tiempos de ocupación soviética. Fue la cruz la que dio fortaleza en las vicisitudes que le toco pasar a Lituania.

En el año 2004, como acción de gracias a Dios por la aprobación diocesana del Instituto, pusimos una cruz de un poco más de un metro, con el escudo del IVE tallado en el centro.

Gracias a la ayuda de la casa generalicia para que se concretara aquella ilusión, plantar en la Colina la cruz más grande que se puede hacer, nos pusimos en campaña para dejar nuestro testimonio de amor a la misión lituana y pedir la gracia de que en cada misión del IVE, tengamos como centro, timón y guía, la cruz y que cada misionero esté intrínsecamente unidos a ella, pues todo lo que toca la cruz fecunda.

La cruz del IVE

Fue tallada por el escultor Ričardas Ramanauskas, está hecha de roble, (tarea difícil fue encontrar un árbol de tamaña magnitud), una madera que no le afecta el agua, sino más bien como dicen aquí el agua la endurece más. Del mismo modo como las lágrimas de los sufrimientos nos fortalecen y animan, a seguir bajo su yugo.

Los adornos de la cruz son varios, tiene talladas cuatro flores de lis que simbolizan a María, pues por María llego Jesús a la cruz, las extremidades terminan en punta, como queriendo simbolizar la forma de cada pétalo de la misma flor.

En el centro de la cruz, está el escudo del IVE (forjado en hierro), en lugar del crucificado como signo que queremos ser otra encarnación del Verbo. Está rodeado de unas decoraciones en forma de llamas formando un círculo que es el famoso “sauliute” -solcito, muy tradicional de las cruces lituanas, como expresión de que buscamos la inculturación, en cada lugar de misión asumiendo lo auténtico de cada pueblo.

Esa rayera que nace de la cruz, ilumina el escudo de nuestra Congre, como el mismo Sol que nace de lo alto, para que entendamos que es en ella, en donde encontraremos el verdadero sentido a la misión.

¿Por qué hacer de tamaña magnitud (9 metros) la cruz? Pues mientas más se vea, más atraerá las almas a amar y muchas a imitar el amor en la cruz, siguiéndolo más de cerca. Será fuente de muchas y santas vocaciones.

Para que ella se sostenga hubo que hacer unos cimientos de un metro diez centímetros, no se ve, pero es muy importante para mantener la cruz firme, del mismo modo que no se ven los sacrificios y oraciones de tantos misioneros que es el fundamento para que la cruz este firme y otros no caigan bajo su peso.

Mirando de lejos ala Colina se puede decir que hay un bosque de cruces, muchas muy lindas, grandes y chicas, livianas y pesadas, pero sólo una es la nuestra, esa es la que tenemos que abrazar, ella siempre se ve, sobre todo, cuando eleves la vista al cielo, lugar al que queremos llegar.

Pusimos una placa, para conmemorar el momento, en la que dejamos por escrito el motivo de la cruz y también pusimos aquellas palabras de nuestro tan querido P. Buela, escritas en su visita a tal místico lugar, antes de que llegáramos a fundar en Lituania.

También, a pocos metros esta la cruz del Papa Juan Pablo II, quien en su visita dejó también su cruz, como acción de gracias al pueblo lituano por el testimonio de su fe, para Europa y el mundo entero. Coincidencia que nos asombró; nos contaba el escultor en el momento de ver la cruz terminada: “no solo ustedes podrán cumplir con su misión de poner esta cruz en la Colina de las Cruces, sino que yo también, pues en la visita de San Juan Pablo II a Lituania, yo había ganado el concurso para hacer la cruz que el Papa dejaría, y cuando la estaba haciendo me corte un dedo, así que nunca la pude terminar. Es ahora que puedo cumplir con aquel deseo y, en cierto modo, deuda con el santo de dejar una cruz en esa Colina”.

A un lado de la Colina está la “capilla del Papa”, un techito, donde celebró misa el Santo Padre. Allí fue donde los padres: Gustavo Nieto, Franco Liporace, Juan Marcos Coduti y yo celebramos la Santa Misa, acompañados por un coro de religiosas de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, con un fondo musical, de aquel conjunto de cruces movidas el viento fresco de aquel momento.

Luego concluimos con un almuerzo festivo de la familia religiosa, acompañados por amigos, allegados al Instituto y familiares de nuestros religiosos en este país.

Esta es la cruz que nos debe unir vigorosamente como tantos soldados del Crucificado, para combatir el mundo y nunca huir por el miedo a ser vencidos, sino avanzando como intrépidos y valerosos guerreros en el campo de batalla, sin retroceder un solo paso ni huir cobardemente, porque es la cruz quien nos grita: ¡Animo! ¡Luchad con valentía!

Pongo en mis labios aquellas palabras tan sabias para nosotros, de ese santo enamorado de la cruz, San Luis María Grignion de Montfort: “Uníos fuertemente; la unión de los espíritus y de los corazones es mucho más fuerte y terrible al mundo y al infierno de lo que lo serían los ejércitos de un reino bien unido para los enemigos del Estado, uníos para derribarlos, unid vuestros esfuerzos para conquistar los tesoros de la eternidad contenidos en la cruz. Los libertinos se unen para divertirse: uníos para sufrir”.

Recordad esta hermosa sentencia de la Imitación de Cristo: «Cuanta violencia os hagáis sufriendo con paciencia, tanto progresareis en el amor divino».

La Virgen María, se nos entrega como madre desde la cruz, como ella nos entregó a su hijo en la cruz, pues pidamos su ayuda para poder entregarnos en las cruces de cada apostolado confiando y sabiendo que la cruz no es otra, que la del Verbo Encarnado.