La misericordia de Dios puede hacer florecer hasta la tierra más árida, puede hacer revivir incluso a los huesos secos (cf. Ez 37,1-14). … Dejémonos renovar por la misericordia de Dios, dejémonos amar por Jesús, dejemos que la fuerza de su amor transforme también nuestras vidas; y hagámonos instrumentos de esta misericordia, cauces a través de los cuales Dios pueda regar la tierra, custodiar toda la creación y hacer florecer la justicia y la paz.”— Mensaje Urbi et Orbi del Santo Padre Francisco, Pascua 2013, Domingo 31 de marzo de 2013

Partimos desde Islandia en la mañana del jueves 12 de mayo, con nuestro grupo de jóvenes y llegamos a Luxemburgo para la Tercer Jornada Anual de Jóvenes en la Provincia de Europa del Norte de las SSVM. Nuestras hermanas, viven en un monasteriomuy grande, con un gran jardín rodeado por un alto muro de piedra. El monasterio se encuentra en un barrio de la misma ciudad de Luxemburgo, rodeado por edificios de departamentos con calles llenas de gente que va y que viene –autos, autobuses, bicicletas-. Hay mucho movimiento por todos lados.  Las paredes del convento delimitan un pequeño espacio en la ciudad donde viven las comunidades contemplativa y apostólica de nuestras hermanas y durante este fin de semana en particular, fue un pequeño espacio en donde jóvenes de toda Europa, vinieron para ser renovados por la misericordia de Dios.

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El viernes por la noche llegaron los jóvenes provenientes de Lituania, Holanda, Luxemburgo, Bélgica y de muchas otras nacionalidades y herederos de patrimonios culturales diversos dentro de estos países – polacos, filipinos, franceses y españoles entre otros – una experiencia muy internacional. Nuestros jóvenes de Islandia seguramente jamás habían visto antes tantos jóvenes católicos. No sólo había muchos jóvenes católicos sino que vinieron a rezar y participaron en todas las actividades con muy buen espíritu. El fin de semana comenzó con las Vísperas y el padre nos dio unas “Buenas Noches” sobre cómo Dios nos está llamando a cada uno de nosotros a grandes cosas –a la aventura de la Santidad. La recreación comenzó luego de las Vísperas. Los padres y las hermanas habían preparado tantos “sketchs” y juegos que la noche estuvo llena de risas. Estoy segura  que la gente de los departamentos vecinos no entendía qué pasaba, pero pudo percibir la alegría del ambiente. Por la gran misericordia de Dios, en el medio de la ciudad de Luxemburgo, el corazón de Europa, en medio de una cultura que ha olvidado en muchos aspectos o rechazado a Dios, había un pequeño grupo de elegidos que pasó este fin de semana buscando “Lo Único Necesario”.

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“Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo.”- Papa Francisco, Ángelus, Plaza de San Pedro, Domingo 17 de marzo de 2013

El sábado comenzó con una conferencia plenaria sobre la Misericordia de Dios en la que el padre entusiasmó a los jóvenes, primero a recibir la misericordia de Dios y luego, para agradecerle por este gran don, a ser misericordiosos con los demás. El padre nos pidió que discutiéramos en pequeños grupos sobre formas concretas de ser misericordiosos en nuestra vida cotidiana. En nuestros grupos de discusión había algunos planes reales acerca de modos concretos para llevar la misericordia de Dios de nuevo a Islandia, a las escuelas y a sus clases.

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En la tarde llevamos a los jóvenes a un complejo deportivo donde reinó una atmósfera de competición y expectación, dado que los equipos dieron todo de sí para ganar la mayor cantidad de puntos y divertirse al máximo.

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Hubo muchos talleres a lo largo del día, tocando algunos de los temas más relevantes que rodean a los jóvenes de esta generación: teoría del género, medios de comunicación social, castidad y matrimonio, sólo por nombrar algunos.

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El sábado por la noche tuvimos una procesión por el patio del convento rezando el rosario, luego Vísperas, confesiones y una fogata. Asamos malvaviscos (dulces) en el fuego, bailamos e hicimos mucho ruido. Nuevamente, me imagino que la gente podría vernos desde las ventanas de sus departamentos preguntándose: “¿Qué están haciendo? ¿Por qué están cantando? ¿Por qué están tan alegres?”. La respuesta es muy simple: Dios. Estos jóvenes vinieron a encontrarse con Dios y su Misericordia. ¿Existe un motivo de alegría mayor?

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El fin de semana terminó el domingo de Pentecostés con la Santa Misa presidida por Monseñor Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo, quien habló sobre el rol del Espíritu Santo en la Iglesia y en la vida de los jóvenes, dándoles la fuerza para ser testigos de Dios en el mundo de hoy.

El viernes, antes de que comenzará la Jornada de Jóvenes, y el lunes, cuando ya había terminado, fuimos a recorrer Luxemburgo y Alemania. El viernes por la mañana llevamos a los jóvenes en peregrinación a Tréveris, donde pudimos visitar la Catedral y rezar frente a la Túnica Inconsútil de Cristo. También visitamos algunas iglesias de Luxemburgo, aprovechamos a pasar por la Puerta Santa y rezar frente a la Imagen de Nuestra Señora Consoladora de los Afligidos y otras hermosas y antiguas imágenes y estatuas. Como la mayor parte del grupo se estuvo preparando para el Sacramento de la Confirmación, pedimos, en esos lugares santos, todas las gracias necesarias para una buena preparación.

Creo que este viaje fue realmente importante para los jóvenes en distintos aspectos, pero especialmente para que ellos pudieran compartir más tiempo con los sacerdotes, hermanas y tantos jóvenes con una fe viva. También pudieron experimentar la historia y belleza de las Iglesias en Europa, ver las reliquias, encender velas y rezar por una intención. Estos jóvenes viven en pueblos alejados en Islandia y algunos tienen oportunidad de asistir a la misa sólo dos veces al mes, y no en una Iglesia Católica sino en un edificio público. Este fin de semana fue corto, pero les ofreció la oportunidad de experimentar la fe de un modo real y vivo.

En el camino de vuelta a Islandia, los jóvenes planearon regresar el año que viene, preguntando por todos los detalles: dónde va a ser, qué fecha, quién va a regresar, etc. Su entusiasmo fue contagioso. Cantaron una y otra vez el estribillo de nuestra canción de las Jornadas “Blessed are the Merciful”, y un par de veces – en público – cantaron los versos e hicieron los gestos que acompañan a cada obra de misericordia. Cuando el avión estaba aterrizando en Isladia, escuché sus voces cantando la última estrofa de uno de nuestros himnos islandeses que termina con la frase: “Ave, ave, ave María”.   Es imposible saber todas las gracias que Dios dio a todos los jóvenes en nuestra Jornada de Jóvenes, pero seguramente Él tocó sus almas, y quizás a través suyo tocará a otras mas. Si cada joven regresa a casa y pone en práctica esa obra de misericordia que el padre los animó a hacer en su conferencia plenaria, el mundo será un poquito más misericordioso.

Recemos por los frutos que se siguen de la Jornada de Jóvenes y por los jóvenes para que, en palabras del Papa Francisco, ellos sean continuamente renovados por la misericordia de Dios, para que se dejen amar por Jesús, y dejen que su amor transforme sus vidas. Que ellos – y todos nosotros – podamos llegar a ser “instrumentos de la misericordia, cauces a través de los cuales Dios pueda regar la tierra, custodiar toda la creación y hacer florecer la justicia y la paz.”

En Jesús y María,
M. Maria Porta Coeli, SSVM

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