Irak ha sido bendecido por Dios al ser incluido en hechos importantísimos de la historia de la salvación.

irak_AT

El paraíso terrenal

Podemos decir que esta historia comienza aquí. En efecto en el actual Irak están dos ríos que se mencionan en el jardín donde fueron creados Adán y Eva: “De Edén salía un río que regaba el jardín, y desde allí se repartía en cuatro brazos (…) El tercer río se llama Tigris: es el que corre al oriente de Asur. Y el cuarto río es el Éufrates” (Gen 2,10.13-14).

Estos ríos son un recordatorio perenne de la fidelidad de Dios y la ingratitud del hombre.

Babel

En Génesis 11 encontramos el relato de la torre de Babel: “Al desplazarse la humanidad desde oriente, hallaron una vega en el país de Senaar y allí se establecieron. Entonces se dijeron el uno al otro: Ea, vamos a fabricar ladrillos y a cocerlos al fuego. Así el ladrillo les servía de piedra y el betún de argamasa. Después dijeron: Ea, vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos, y hagámonos famosos, por si nos desperdigamos por toda la haz de la tierra” (Gen 11,2-4).

La ciudad de Ur, de donde era Abraham

“Estos, son los descendientes de Téraj: Téraj engendró a Abram, a Najor y a Harán. Harán engendró a Lot. Harán murió en vida de su padre Téraj, en su país natal, Ur de los caldeos” (Gen 11,27-28).

No se sabe con certeza donde estaba geográficamente, pues algunos la ubican al norte (cerca del río Tigris) y otros al sur.

“Harán”, “Arán”

Abraham se estableció allí por un tiempo antes de dirigirse a Canaán. Su padre y su hermano se quedaron en ese lugar. Rebeca (esposa de Isaac), Raquel, Lía, Bilha y Zilpa (esposas de Jacob) procedían de esa zona (Cf. Gen 11,31-32; Gen 24,10; Gen 29,4-6.).

La ciudad de Nahor, de donde era Rebeca, la esposa de Isaac

“Tomó el siervo diez camellos de los de su señor y de las cosas mejores de su señor y se puso en marcha hacia Aram Naharáyim, hacia la ciudad de Najor” (Gen 24,10).

Encuentro entre Jacob y Raquel

“Llamó, pues, Isaac a Jacob, le bendijo y le dio esta orden: No tomes mujer de las hijas de Canaán. Levántate y ve a Paddán Aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre.(…) Y despidió Isaac a Jacob, el cual se fue a Paddán Aram, a casa de Labán, hijo de Betuel el arameo, hermano de Rebeca, la madre de Jacob y de Esaú” (Gen 28,1-5).

“Y sucedió que cuando Jacob vio a Raquel, hija de Labán, hermano de su madre, y las ovejas de Labán, hermano de su madre, Jacob subió y quitó[d] la piedra de la boca del pozo, y dio de beber al rebaño de Labán, hermano de su madre. Entonces Jacob besó a Raquel, y alzó su voz y lloró. Y Jacob hizo saber a Raquel que él era pariente de su padre, y que era hijo de Rebeca; y ella corrió y se lo hizo saber a su padre. Y sucedió que cuando Labán oyó las noticias de Jacob, hijo de su hermana, corrió a su encuentro, lo abrazó, lo besó y lo trajo a su casa. Entonces él contó a Labán todas estas cosas. Y le dijo Labán: Ciertamente tú eres hueso mío y carne mía. Y Jacob se quedó con él todo un mes.” (Gen 29,10-14).

Asiria y la ciudad de Nínive

“Jonás se levantó y fue a Nínive conforme a la palabra de Yahveh. Nínive era una ciudad grandísima, de un recorrido  de tres días” (Jon 3,3).

El territorio actual de Irak pertenecía al Imperio de Asiria, país de los asirios (Tob 1,3).

Asur fue la primera capital de Asiria, y después lo fue Nínive. Los gobernantes asirios Salmanasar V y Sargón II conquistaron el reino del norte de Israel y se llevaron cautivas a las diez tribus en el año 721 a.C. ( Cf. 2 Rey. 14–15, 17–19.). Asiria fue una amenaza para Judá hasta el año 612 a.C., cuando Asiria fue conquistada por Babilonia.

“Yo, Tobit, he andado por caminos de verdad y en justicia todos los días de mi vida y he repartido muchas limosnas entre mis hermanos y compatriotas, deportados conmigo a Nínive, al país de los asirios” (Tob 1,1-3).

“Cuando la deportación de Asiria, yo también fui deportado y me trasladé a Nínive” (Tob 1,10).

Asiria atacó la tierra de Judá durante el reinado de Ezequías y el ministerio del profeta Isaías. Jerusalén, capital de Judá, se salvó milagrosamente cuando un ángel mató a 185.000 soldados asirios (Cf. 2 Rey. 19:32–37).

Susa

Susa capital del imperio persa bajo el reinado de Darío I (Darío el Grande), de Jerjes (Asuero) y de Artajerjes. Lugar de residencia de la reina Ester, cuyo valor y fe salvaron a los judíos. Daniel y posteriormente Nehemías, también sirvieron allí (Cf. Neh. 1:1; 2:1; Ester 1:1; Dan. 8:2.).

Babilonia

Babilonia, Babel (Sinar) fue habitada en el principio por Cus, hijo de Cam, y por Nimrod. Zona de origen de los jareditas en la época de la Torre de Babel, en las llanuras de Sinar. Posteriormente fue la capital provincial de Babilonia y residencia de los reyes babilonios, aun de Nabucodonosor, quien llevó a muchos judíos cautivos a dicha ciudad tras la destrucción de Jerusalén (587 a.C.). Los judíos estuvieron cautivos en Babilonia durante setenta años hasta la época del rey Ciro, quien les permitió regresar a Jerusalén para reedificar el templo (Cf. Gén. 10:10; 11:1–9; 2 Rey. 24–25; Jer. 27:1–29:10; Ezeq. 1:1; Dan. 1–12).

El profeta Daniel fue llevado cautivo por el Rey Nabudoconosor (Cf. Dan 1,1-6) a Babilonia. Allí se convirtió en consejero de la corte del rey (Dn 1,4-21), evitó la matanza de los sabios de Babilonia dando a conocer al rey el sueño que lo turbaba y su interpretación (Dn 2), profetizó a Nabucodonosor su humillación de tener que vivir como los animales en castigo por su soberbia (Dn 4), profetizó a Baltasar hijo de Nabucodonosor el fin de su reinado (Dn 5), fue echado en un pozo con leones durante el reino de Darío el Medo (Dn 6), salvó a Susana del juicio inicuo de los ancianos depravados (Dn 13), y fue nuevamente puesto en el foso de los leones bajo Ciro el Persa (Dn 14).

El profeta Ezequiel: También fue uno de los deportados(Cf. Ez 1,1.) por Nabucodonosor, rey de Babilonia (2° Rey 24,1; 4° Rey 25,8).

Jeremías fue dejado en la ciudad de Jerusalén destruida. El había profetizado su destrucción.

Los Reyes Magos:

“Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo” (Mt 2,1-2).

Según Monseñor Juan Straubinger, el término: “Mago” “es el nombre que entre los persas y caldeos se daba a los hombres doctos que cultivaban las ciencias, especialmente la astronomía”[1].

Babilonia como símbolo

“En el lenguaje de los profetas ‘Babel’ y ‘Babilonia’ es la personificación del poder de los impíos (cf. Ap 14,8; 17,5; 18,2)”[2].

En este sentido habla San Pedro de la ciudad de Roma llamándola Babilonia: “Os saluda la que está en Babilonia, elegida como vosotros, así como mi hijo Marcos” (1° Pe 5,13).

Monseñor Juan Straubinger, comentando este versículo dice: “por Babilonia se entiende Roma, constituía como centro del paganismo. La Roma pagana significaba para los cristianos el mismo peligro que antes Babilonia para los judíos”[3].

Y aquí retomamos lo que dijimos más arriba: fidelidad de Dios e ingratitud de los hombres. Porqué aunque el pecado se multiplique, más aún lo hace la gracia de Dios, “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rom 5,20). Aún en las “babilonias” se encuentra la Iglesia, la “Elegida”, los hijos de la luz que claman día y noche no solo por sí mismos, sino por la salvación de los que los persiguen.

Agradecemos a Juan Pablo Montes su inestimable ayuda para escribir este artículo.

¡Que Dios los bendiga!

P. Luis Montes, IVE

http://amigosdeirak.verboencarnado.net

_____________________

[1] JUAN STRAUBINGER, La Santa Biblia, Tomo II, Club de Lectores, Buenos Aires, 18.

[2] JUAN STRAUBINGER, La Santa Biblia, Tomo I, Club de Lectores, Buenos Aires, 33.

[3] JUAN STRAUBINGER, La Santa Biblia, Tomo II, Club de Lectores, Buenos Aires, 1991, 335.

Deja un comentario