No me canso de agradecer a maría por toDo lo que me dió, me da y me dará

La hermana María de Betharram (Miren Maite) de Arza Blanco nació en Buenos Aires, Argentina, el 16 de agosto de 1962 y fue bautizada el 23 de agosto en la Parroquia “Nuestra Señora de Pompeya” en Buenos Aires.

Sus padres, Ignacio Valentín de Arza y su madre María del Carmen Blanco, la educaron en la fe. Era la más grande de sus hermanos, Xabier Iñaki, Jon Mikel (sacerdote del IVE), María del Carmen y Ana María Cecilia.

Recibió la confirmación el 10 de setiembre de 1975 en la Parroquia “Nuestra Señora del Perpetuo Socorro”, Buenos Aires.  

Después de terminar los estudios primarios y secundarios, obtuvo la Licencia en Ciencias Biológicas en la Universidad de Buenos Aires.

El 1 de marzo de 1995 ingresó a nuestro Instituto en San Rafael, Argentina y recibió el hábito el 24 de junio de 1995, solemnidad de San Juan Bautista. Su hermano Jon había ingresado al Seminario del IVE años antes.

A la sombra de la cruz

La Providencia Divina dispuso que su vida religiosa fuese vivida a la sombra de la cruz ya desde el inicio.

A fines del mes de diciembre de 1995 un grupo de Servidoras participó en una misión popular de nuestra Familia Religiosa en Brasil, la segunda que se realizaba en ese país. Participaron aspirantes, novicias, profesas, seminaristas y sacerdotes.

De regreso, llegando a la ciudad de La Pampa, Argentina, tuvieron un accidente automovilístico en el cual falleció su compañera de noviciado la Hna. María de Jesús Nazareno y varias de las hermanas que viajaban en la misma camioneta debieron ser internadas en el hospital, algunas en estado grave. Como consecuencia de este accidente, la Hna. María de Betharram sufrió una lesión por fractura en la columna (D12-L1) y otras complicaciones en órganos internos que determinaron su imposibilidad de volver a caminar. De este modo encontraba la dulce cruz con la cual el Señor la quiso embellecer y transformar.  

Con la hna María de Jesús Nazareno en la Basílica de Luján, pocas horas antes del accidente

 El P. Jon ha sido testigo del cambio de su hermana a partir del accidente. Nos cuenta que antes de entrar en la quinta de las seis operaciones que tuvo, ella se descompuso y su presión empezó a bajar de tal modo que tuvieron que posponer la operación. Cuando él -todavía seminarista- le llevó la Comunión, Betharram le dijo: “éste es mi verdadero calmante”. Y estando todavía en el hospital le afirmó: “Nunca estuve tan feliz”.

Podríamos decir que aquel accidente fue la preparación inmediata para la primera profesión de los votos religiosos que realizó dos meses después, el 10 de marzo de 1996, en el hospital de Buenos Aires donde se encontraba internada. Las fotos nos la muestran extendida boca abajo sobre una camilla, mirando hacia la derecha, recibiendo el velo azul con la corona de flores blancas sobre su cabeza como signo de los desposorios con Cristo…. y una gran sonrisa.  

Profesión de sus primeros votos 10 de marzo 1996, en el Instituto Nacional de Rehabilitación del lisiado, Buenos Aires, Argentina          

Para el recordatorio de ese día había elegido una frase de la Liturgia de las Horas: “Libremente confieso a Cristo; que de Cristo está sedienta mi alma; deseo estar siempre con Cristo”.Estas palabras se hicieron carne en ella a lo largo de sus 23 años de vida religiosa.

“En este mundo que se muere de frío, por ateo y por laicista, donde se ha enfriado el amor, pidamos a Dios Nuestro Señor para que estas hermanas sean verdaderas antorchas de fuego que den calor a este mundo con el fuego del amor de Jesucristo. ‘Sólo el amor de Jesucristo salvará al mundo’ decía Don Orione. Que siempre sean testigos del amor paciente y magnánimo revelado por el Señor en el Sermón de la montaña y clarividentemente descrito por San Pablo”[1]. Con estas palabras concluía el P. Buela la homilía de la Santa Misa del 19 de marzo del 1996 en donde profesaban sus votos las hermanas del noviciado de Betharram, palabras que marcan un programa de vida y un camino espiritual que nuestra hermana recorrió con generosidad y heroísmo.  

En el año 1997 viajó a Francia para la Jornada Mundial de la Juventud. Durante este viaje tuvo la oportunidad de peregrinar al Santuario de Nuestra Señora de Betharram. Desde allí escribió una carta dirigida a su familia, en la cual refleja su gran amor a la Virgen: “¡Por fin! Llegué a Betharram. No les puedo expresar la emoción, la alegría y las ganas de compartir con todos estos momentos donde no me canso de agradecer a María por todo lo que me dio, me da y me dará. Si bien esto lo podemos hacer siempre y desde cualquier lugar, no les puedo explicar lo que para mí significa. Es realmente una gracia enorme. El 101% en la tierra”2.

A su regreso del viaje continuó la rehabilitación en Buenos Aires. Finalmente, en enero del año 1998, se reintegró a la comunidad del Estudiantado “Santa Catalina de Siena” en San Rafael, Argentina. Después de hacer el Ejercicio espiritual de mes, pudo iniciar el primer año de estudios del Estudiantado. Poco a poco se fue adaptando a su “nueva vida”, continuando con su proceso de recuperación. Una de las hermanas que la atendió durante este tiempo nos dice: “quisiera destacar en Betharram el amor que demostraba a Jesucristo como Esposo. Siempre decía: ‘Si Él me llamo, Él me va a ayudar’. También destaco su amor al sacrificio. Más de una vez sufría muchos dolores de cabeza y no recuerdo haber escuchado una queja, a lo sumo decía: ‘voy a descansar un poco más’, pero nunca quejas. Tenía un carácter fuerte y se vencía para forjarlo. En las eutrapelias participaba con total alegría y entusiasmo. También profesaba un gran amor a la Santa Misa y a la Eucaristía. Aun estando en pleno invierno vencía toda dificultad para participar de la Misa con la comunidad”[2].

Durante su primer año en Santa Catalina colaboró, entre otras cosas, en la edición del Boletín Annuntiavit Nobis, en la dirección del coro y dando clases de espiritualidad a las postulantes. También pudo participar en la misión popular en Huintil, Chile.  

Siendo estudiante le escribe a la Madre Mater Ecclesiae Ríos: “Para mí, fundamentalmente fue un año de adaptación, de búsqueda del equilibrio entre lo que puedo hacer y lo que no puedo hacer. Conociendo mis grandes limitaciones no puedo dejar de dar gracias a Dios por su infinita misericordia, por todo lo que me ha dado María Santísima, por su maternal protección. Como también así a mis superioras por haberme brindado su ayuda y todos los medios necesarios, a los profesores y a todas mis hermanas a quienes les tocó atenderme y cargar con mis limitaciones. Que a todos Cristo los tenga en su gloria según Mt 25,40: El Rey les dirá: en verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a Mí me los hicisteis4.

Durante la misión popular en Chile

Entre los años 2001 y el 2002 fue Vicaria y formadora en el Estudiantado. Al mismo tiempo se desempeñó como secretaria del Consejo Provincial, oficio al cual se entregó con gran dedicación y responsabilidad, especialmente en la elaboración del proyecto de una base de datos para la secretaría provincial.

El 19 de marzo del año 2002 profesó sus votos perpetuos en la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, en San Rafael, Argentina. En ese año tuvo la delicada tarea de acompañar a las hermanas enfermas de la Provincia buscando la adecuada asistencia médica.

Durante el 2003 realizó su apostolado como Profesora de Biología y de Religión en el Colegio Isabel la Católica, en San Rafael.

Audiencia 2004 con el Santo Padre San Juan Pablo II

Un evento sin duda importante para ella fue el haber participado en el II Capítulo General Ordinario realizado en el año 2004 en Italia. En esa ocasión tuvo la inmensa gracia de participar en una Audiencia y recibir la bendición del Santo Padre San Juan Pablo II.

A su regreso se integró a la comunidad de la Casa Provincial de Argentina. Durante el año 2006 fue Delegada del Consejo Provincial para el Colegio Isabel la Católica. Durante el 2008 colaboró en la secretaría de estudios provincial y continuó dando clases en el Colegio Isabel la Católica. Ese año pudo acompañar a su madre María del Carmen en los últimos momentos de su enfermedad, lo cual fue para ella una gracia, como lo expresó a sus superioras.  

Junto a sus padres

En el año 2009 viajó a Italia por razones médicas. A fines del mes de agosto del mismo año que pedirá ingresar en la vida contemplativa. En la carta de pedido dirigida a la Madre Anima Christi, Superiora General, escribía: “Hace varios años que Dios puso en mi alma el deseo de vivir sólo para Él, el deseo de entregarle todo y entregarme totalmente para su gloria y la salvación de las almas por quienes Jesucristo derramó su Sangre. Deseo que nace de la necesidad que tengo de responder a Su amor. No me va a alcanzar la vida para darle gracias a Dios por su infinita misericordia. Por esto quisiera hacer de mi vida un continuo ‘sacrificio de alabanza’ unida a Jesús y María”. En otra carta afirmaba que era algo que pensaba desde que era novicia. En ese momento sus superioras le pidieron esperar ya que habría que adaptar las estructuras del monasterio. De este modo se hicieron los arreglos necesarios del edificio para que el 8 de abril del 2010 pudiese ingresar a la comunidad contemplativa “Beata María Gabriela de la Unidad” en Pontinia, Italia.

Día de la admisión definitiva a la vida contemplativa, 17 de mayo del 2014           

Desde el mes de mayo del 2011 a septiembre del 2013 fue miembro del Consejo local, con el cargo de Ecónoma. Participaba activamente de la liturgia y siempre se preocupaba de embellecerla, atraída por el deseo de alabar a Dios y de poder fructificar el hermoso don de la voz que Él le había dado. Recuerda la Madre Mariam Al-Bishara, quien fue su superiora por un tiempo: “Era siempre generosa en ayudar a las hermanas de la comunidad en lo que ella podía. También en darle a Dios todo. Recuerdo que el último año que viví con ella su salud iba desmejorando más y se veía imposibilitada de hacer muchas cosas. Pero todavía tenía fuerza en la voz, entonces se esforzaba por apoyar en la Liturgia a través del canto con todas sus fuerzas”[3]. Su admisión definitiva a la vida contemplativa se realizó el 17 de mayo del 2014.

A partir del año 2017 empezó a encargarse de la Asociación de oración por la unidad de los cristianos, que tiene su sede en el monasterio de Pontinia, realizando los mensajes que se envían cada mes a los asociados en preparación al primer sábado de cada mes. Este apostolado lo ejercía con gran entusiasmo y fervor.

También supo aprovechar la oportunidad que Dios le presentaba para hacer apostolado con los médicos y enfermeros que la atendían. La Madre María Siempre Virgen nos cuenta una anécdota al respecto: “Betharram empezó a hacer rehabilitación tres veces a la semana con las fisioterapistas que venían al Monasterio. Ella se preocupaba mucho de hacer buen apostolado con estas chicas. Preparaba temas para tener siempre algo edificante de qué hablar y estudiaba italiano para que la fisioterapista la pudiera entender bien. También se preocupaba por cómo expresarse, especialmente cuando se trataba de algunos temas morales, pues si bien las fisioterapistas que venían eran chicas buenas, tenían muy poca formación espiritual. Ella iba con mucha delicadeza y en ocasiones primero hacía consultas a un sacerdote para ver cómo podía ir enseñándoles. Hay varias anécdotas divertidas que ella nos contaba después en la mesa, como cuando se equivocaba en las palabras, etc., pero hay una por la que se hizo famosa en la cooperativa desde donde le mandaban las fisioterapistas. Ocurría que si bien eran chicas casadas por distintos motivos no podían o no querían tener hijos. Pero resultó que tres de las fisioterapistas que atendieron a Betharram, de modo consecutivo, finalmente quedaron embarazadas. Se empezó a correr la voz de que la chica que le tocaba ir dalla suora (a la hermana) sempre rimaneba in cinta (siempre queda embarazada). Nos reíamos, pero más que nada era por el apostolado pro vida que ella hacía con las chicas para que fuesen abiertas a la vida y tuviesen los hijos que Dios quisiera”[4].

Su enfermedad

Desde hacía unos años habían empezado a presentarse distintos problemas de salud. Entre ellos algunos relacionados con los valores de proteínas en la sangre que tenía que tener siempre bajo control. En abril del 2015 los médicos advirtieron que dichos valores estaban cambiando y podría degenerar en Mieloma, un tipo de cáncer en la médula ósea. En septiembre de ese mismo año se constató que los valores estaban cambiando rápidamente, motivo por lo cual los médicos aconsejaron iniciar un tratamiento de quimioterapia. De este modo en marzo del 2016 comenzó una nueva etapa en su “subida al Monte” para unirse más a Jesús crucificado.

La Madre María de la Humildad Oyarce, superiora durante ese tiempo, comenta: “El día que le dieron la difícil noticia de que volvía a tener este tipo de cáncer ella regresó al Monasterio como si hubiese recibido una excelente noticia. Nos saludó súper alegre y cuando le preguntaban cómo le fue, decía: ‘bueno, no muy bien, pero no importa, lo dejamos en las manos de Dios’… ¡ella nos daba más ánimo a nosotras que nosotras a ella! Solo cuando nos quedamos solas en la habitación me dijo lo difícil que era para ella la prueba de comenzar todo de nuevo, pero que no quería demostrarles a las hermanas lo que estaba pasando porque no las quería preocupar y no quería que se entristecieran por lo que estaba sufriendo. Quedé asombrada por el crecimiento que veía en ella desde que recibió la noticia de esta enfermedad, su abandono aun mayor a la Divina Providencia, su delicada obediencia en las pequeñas cosas que yo le pedía o le decía, su confianza. Al menos el tiempo que yo estuve nunca se quejó por la enfermedad ni por lo que tenía que pasar”[5].

María de Betharram amaba ser contemplativa y como tal quería vivir y morir. Y aun sabiendo las dificultades que supondría para ella el estar trasladándose a Roma para el tratamiento, fue su deseo explícito permanecer en la comunidad del monasterio. Solo movida por la caridad a su familia viajó a Buenos Aires en dos distintas ocasiones (ambas por períodos muy breves) para despedir a su padre, ya anciano y también enfermo. Le preocupaba morir antes que él, pues no quería hacerlo sufrir. Su última visita fue en noviembre del 2018.

La enfermedad de María de Betharram continuaba progresando con el tiempo y como consecuencia de esto sufrió una fuerte hemorragia en los ojos que se fue absorbiendo con la oportuna medicación. Sin embargo, la visión del ojo derecho quedaría borrosa sin posibilidad de distinguir claramente las cosas. Dios le iba pidiendo poco a poco no sólo su salud sino incluso lo que para ella era un medio de apostolado, ya que muchos de sus trabajos y oficios suponían el uso de la computadora.

Paralelamente en el mes de mayo del 2015 le descubrieron leucemia a la Hna. María del Corpus Domini, miembro de la misma comunidad monástica. Este hecho significó un motivo de mayor unión entre ambas y fortaleció una amistad que continuó hasta el fin. Desde el hospital la Hna. María del Corpus Domini le escribió una tarjeta en la que decía: “Mi queridísima Betha: Ave María Purísima! Tenía un gran deseo de escribirte dos líneas personales (a las cuales no estás obligada de responder) porque la Providencia Divina nos ha misteriosamente unido en la cruz de la enfermedad grave…y fortificó así nuestra amistad en Cristo, estima y afecto ya presentes entre capellana y acapellanada[6]… a lo largo de todos estos años! ¡Quisiera que en esta prueba que estamos viviendo pueda crecer nuestra esperanza en el Cielo que nos espera y nuestro amor por Jesús que a través de todos nuestros acontecimientos está reclamando nuestro amor indiviso! Recemos una por la otra para que seamos fieles en todo a la Voluntad de Dios. Un fuerte abrazo. En Jesús y María, tu capellana, Corpus”[7]. Días antes de su muerte, el 22 de marzo del 2017, la Hna. Corpus Domini aseguró que la vendría a buscar pronto “porque Betharram ya había sufrido mucho”. El P. Jon recuerda que antes de la muerte de Corpus, su hermana le preguntaba si estaba mal tener miedo a morir, pues veía que Corpus no le tenía miedo a la muerte y ella sí. Pero después de que Corpus partió al Cielo ella perdió este miedo. Dios la iba preparando de a poco para las Bodas definitivas.

En sus últimos días de vida María de Betharram tenía muy presente a esta hermana que la había precedido y se comparaba con ella con mucho humor. Recordando cómo su capellana había preparado hasta los últimos detalles de su propio funeral, le decía a la Hna. María Madre de Jesús, su enfermera: “Yo no soy como Corpus, ella programó todo, yo no soy como ella” y se gastaba a sí misma porque en sus últimos días ella hacía divagues mientras que Corpus había hablado de cosas espirituales. “Una vez – relata María Madre de Jesús- mientras Betharram trataba de sentarse en la cama me dijo: ‘Esta no ha cumplido su promesa, voy a tener que ir a tirarle las orejas’. Le pregunte porqué y me dijo: ‘por las vocaciones para el seminario, Corpus me prometió que mandaría 100’. También ella se preocupaba mucho por las vocaciones para el sacerdocio y por los sacerdotes”[8].

En junio del 2018, por efecto de las fuertes medicaciones que recibía, comenzó a perder la movilidad del brazo izquierdo. Se hizo necesario la ayuda permanente de parte de las hermanas que la asistían, pues ya no podía manejar la silla de ruedas por sí misma. Aunque esto implicó para ella un gran dolor, fue venciéndose para someter una y otra vez su voluntad a la de Dios. También podemos recordar el sacrificio que suponían para ella los largos viajes al hospital de Roma particularmente durante el último tiempo. Muchas veces tuvo que quedarse todo el día esperando una transfusión de sangre que finalmente no lograba realizarse. Entonces volvía al monasterio para regresar al día siguiente… con la misma paciencia. A una compañera de noviciado le decía: “cuando era novicia yo di un cheque en blanco a Jesús, no voy a retractarlo ahora”. Y con sonrisa pícara le añadió: “¡vos tampoco, eh!”[9].

María de Betharram se había extendido sobre la cruz aquel 10 de marzo de 1996, día de su primera profesión religiosa, y así continuó a lo largo de sus 23 años de vida religiosa, de modo muy especial en los tres últimos: llevando adelante su penosa enfermedad, uniéndose más y más a Jesucristo. En la medida que ese sufrimiento crecía ella se iba haciendo cada día más “esposa” de Cristo y Él mismo la iba preparando para las Bodas eternas.

Así como la cruz fecunda todo lo que toca, de modo particular embellece y pacifica las almas que han desposado al Hijo de Dios. “De Cristo está sedienta mi alma” decía el recordatorio de sus primeros votos. Nuestro Señor también estaba sediento de ella, de una entrega cada vez más profunda. Y a Él se fue entregando hasta el detalle.

Dios es alegría infinita

Muchas veces, regresando muy cansada desde el hospital, quería igualmente participar de la recreación, siendo parte activa de la misma.

Algunas de sus hermanas nos han dejado testimonios que describen muy bien cómo vivía la vida comunitaria. La hermana María de Kalwaria nos dice: “Quisiera resaltar en la querida Betha y es también justo, su sentido de responsabilidad y paciencia de hermana mayor con mis errores. Cómo no recordar las veces (muchas) que yo venía en mis apuros cibernéticos en la mitad de la siesta pidiéndole que me ayudara y ella con toda velocidad y premura se levantaba, se ponía sus botas y me ayudaba y me enseñaba, siempre con alegría. Y cuántas veces vi cómo se esforzaba en caminar con esas botas pesadísimas por el sendero del monasterio poniendo su alegría y su sonrisa. Era sumamente agradecida, no se olvidaba de los pequeños gestos de caridad hacia ella y siem

pre lo agradecía. De las locuras que se me ocurrían, para las que ella amablemente cedía su persona y sus cosas, ella se acordaba cuando fui a verla hace poco de la vez que quise hacerle un carro romano en su silla de ruedas… ¡Y ella se prestaba para esas cosas! La última vez que la vi me dijo: ‘ya estoy llegando…’ y no lo decía con desánimo, sino como quien está alcanzando una meta, como deseando el encuentro con AQUEL que se desposó en la Cruz con ella”[10].

Un ejemplo de su espíritu eutrapélico y caridad hacia sus hermanas fue el divertido saludo de cumpleaños que grabó el pasado 1 de noviembre para su hermana de comunidad Maria Chiara di Gesù. Aun estando postrada en cama, se disfrazó y cantó para ella junto a su hermano y la Hermana María Antigua. De este modo los tres se hicieron presentes desde la celda de la enferma en los festejos comunitarios. A veces ella decía que no le salían los “divagues” y que era demasiado seria. Pero quien se venció para alegrar a sus hermanas desde que era novicia, continuó haciéndolo heroicamente hasta el final de su vida, con generosidad y caridad admirable.

Amor a la vocación contemplativa y a la Familia Religiosa

Con esta misma generosidad supo vivir con fidelidad su deber de estado. La Madre Bishara nos dice: “quisiera mencionar la seriedad con que tomaba su misión como contemplativa de interceder por las almas, especialmente por las que se le encomendaban como acapellanadas o las que nos pedían oraciones de algún modo. Como religiosa era muy edificante en su deseo y esmero por vivir la Regla con perfección. Recuerdo por ejemplo cómo buscaba llegar con puntualidad a los momentos de oración, para lo cual no ahorraba sacrificios. Aunque sabía que por sus problemas de salud podía ser dispensada, quería ofrecer también esto y lo hacía de tal modo que muchas veces era la primera en llegar a la capilla. Era siempre generosa en ayudar a las hermanas de la comunidad en lo que ella podía. Buscaba darle todo a Dios y cuando se encontraba ante situaciones difíciles por afrontar, aunque sufría por ello, siempre concluía: ‘lo que Dios quiera, como Dios quiera’”[11].

Con su comunidad contemplativa, 1 de noviembre del 2019

En su Divina Providencia Dios quiso que ella viviera de modo particular la gracia de pertenecer a nuestra Familia Religiosa. El amor que profesaba por ella y por la Iglesia queda de manifiesto en una carta que le escribió al P. Nieto un mes atrás: “Providencialmente, cuando llegó su carta a mis manos, estaba meditando en los dolores y necesidades de la Santa Madre Iglesia, y que debía rezar más y ofrecer más por Ella. Ya me ofrecía por nuestra querida Familia Religiosa, que es parte del Cuerpo Místico de Cristo, pero sus palabras me confirman en esta oblación más amplia, sobre todo por los tiempos que corren. El amor a la Iglesia que profeso me ha sido inculcado por el ejemplo y las palabras del P. Buela, y así, buscando un fundamento en nuestro Directorio de Espiritualidad legado por nuestro querido Fundador, me ha iluminado particularmente el siguiente párrafo: Nosotros, que nos honramos en llamarnos religiosos del Verbo Encarnado traicionaríamos gravísimamente nuestro carisma, si no trabajásemos por tener una auténtica espiritualidad eclesial, que nos incorpore plenamente a la Iglesia del Verbo Encarnado. Y no queremos saber nada más fuera de Ella (D.E. n.244). Así pues, nuestro carisma, la fidelidad al mismo, el deseo íntimo de no traicionarlo jamás hasta la muerte, me impulsa a amar y ofrecerme por la Iglesia del Verbo Encarnado, de la que nuestra pequeña Familia es una parte tan querida.

No conocía a la Beata Dina Belanger, pero comparto con ella el amor a la Congregación y el ofrecimiento de todos mis pequeños sacrificios y oraciones por nuestra Familia Religiosa y por la Santa Madre Iglesia. Esta gran religiosa nació para el Cielo a los 32 años; yo, a esa edad, recién ingresaba a la vida religiosa, por la misericordia de Dios, y desde ese momento no he dejado de ofrecer todo por nuestra querida Congregación.  Que María Santísima embellezca mi ofrecimiento de modo de obtener de Jesucristo las mismas gracias que obtuvo la Beata: la protección para nuestra Familia Religiosa, en especial en estos momentos de dificultad, y que nos bendiga con abundantes vocaciones. Quiero aprovechar esta carta para agradecer en su persona a todos los sacerdotes del IVE, de quienes tanto he recibido, en primer lugar, al P. Buela, a todos los superiores, formadores y a todos los que me asistieron espiritualmente. Recuerdo ahora con agrado cuando usted me bochó justamente en la materia de Deo Uno. Una vez más, agradezco sus oraciones y espero que me tengan especialmente presente en la Santa Misa, que ofrezcan el Santo Sacrificio por mi perseverancia final y por la conversión de mi familia”[12].

Rezaba también por el aumento de las vocaciones sacerdotales para la Iglesia y para nuestra Familia Religiosa. Consideraba parte de su vocación ofrecerse por los sacerdotes y muchas veces había meditado en las palabras de nuestra Regla Monástica: “Siendo tal la dignidad de los sacerdotes, nuestras contemplativas consagrarán sus vidas, de manera particular, en orden a la santificación de los sacerdotes y vocaciones sacerdotales de nuestra Familia Religiosa y de toda la Iglesia, ya que como dice San Juan XXIII: ‘…vosotras ofrecéis al ministerio sacerdotal y a toda la jerarquía una ayuda generosa y olvidada de sí misma, sobre todo por medio de la oración’”[13].

 Y Dios, que escucha las oraciones de sus esposas, le concedió la gracia de ver uno de los frutos. Betharram no había podido participar del casamiento una gran amiga, pues había sido poco tiempo después del accidente automovilístico y ella todavía estaba internada en el Hospital. Pero los recién casados sorprendieron a Betharram y fueron a visitarla. Viendo a su amiga junto a su esposo, se decidió a rezar para que Dios los bendijese con un hijo religioso. Fue perseverante en su oración a lo largo de los años y por gracia de Dios uno de estos hijos, ahijado de bautismo de Betharram, hoy es seminarista del Instituto del Verbo Encarnado.

El último tiempo

Junto a su hermano, P. Jon (IVE)

En julio de este año de improviso dejó de escuchar de un oído. El doctor que la vio diagnosticó que el nervio auditivo estaba dañado, por lo cual le aconsejaron hacer una terapia con oxígeno. En relación a esto decía: “No me pueden asegurar nada. Ahora Dios me está pidiendo el oído. Yo ya se lo ofrecí. Será lo que Dios quiera. Te agradezco mucho las oraciones, es lo que más necesito. Por favor recen por mi alma, no por mi cuerpo”[14]. A su hermano sacerdote le dijo: “No sé qué me va a pedir Dios, pero rezá para que haga siempre su Voluntad, es lo único que quiero”.    

Hasta el último momento buscó poner los medios para curarse, pero con la total confianza de abandonarlo todo en manos de Dios. “Eso es lo que me da paz -escribía-: lo que nos pasa es lo mejor que nos puede pasar porque es querido o permitido por Dios”[15].

Dadas las difíciles condiciones de salud y sabiendo que las posibilidades de curación eran ya muy pocas, viajó a Italia su hermano sacerdote, el P. Jon (IVE). Hasta el momento de la partida de Betharram el padre celebró diariamente la Santa Misa en su celda. Además, por dádivas de la infinita misericordia de Dios, la última semana de su vida María de Betharram pudo escuchar desde su celda muchos de los puntos de los ejercicios espirituales predicados por su hermano en el monasterio.

Crecía en ella la honda gratitud que tenía a Dios por haberle dado la gracia de tener un hermano sacerdote que era, como decía, un “doble hermano”: en la sangre y en la Familia Religiosa y con el que compartía además la vocación a la vida contemplativa. A mediados de septiembre también viajaron desde Argentina sus hermanas Carmen y Ana y días después viajó también su hermano Javier, lo cual fue un gran consuelo para ella. Betharram pudo disfrutar volver a cantar junto a sus hermanos.

Los dos últimos meses Betharram fue perdiendo de a poco la movilidad de sus miembros y paulatinamente iba perdiendo también la vista. Sobre esos días la hermana Madre de Jesús nos relata: “Un día estaba afligida porque ya no podía rezar una oración completa y se me ocurrió decirle de la oración del peregrino ruso que rezaba mil veces Señor ten piedad… Y parece que trataba de hacer eso. Un día lo decía y lo repetía y lo repetía, hasta que le dije: ‘Beta!’ Ella me dijo: ‘¡si me dijiste que tenía que decirlo mil veces!’ y me hacía reír. Dios fue preparándola de a poco, tomó su oído, sus ojos, sus fuerzas. No le gustaba que le dijese que ella había sufrido mucho en su vida y que iba a tener un premio, me decía que no era nada comparado con el sufrimiento de Cristo”[16].

Junto a sus hermanos el P. Jon, Ana y Carmen

En este tiempo fueron muchas las personas, especialmente religiosas y sacerdotes que acudieron al monasterio para saludarla y encomendarse a sus oraciones. A pesar de los dolores que sentía y del gran esfuerzo que suponía el recibir a las muchas visitas que se acercaban al Monasterio, quiso siempre recibir a todos, sin excepción.

Junto a sus hermanos el P Jon y Javier

En una de estas visitas las hermanas del noviciado de Italia le pidieron que les diera un consejo y ella les habló con gran serenidad y firmeza del misterio de la Cruz: “Tenemos que mirar a María que dijo siempre fiat (…). Pienso que este debemos darlo cada día, este que significa una donación total, por amor (…). La Cruz llega siempre, cada uno tendrá la propia cruz y así no se puede separar la cruz de nuestra vida. También la gente del mundo tiene su propia cruz, no la llamarán así, pero tienen la cruz, porque éste ha sido el camino que ha elegido Jesús, ¿no? Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, como Dios podía realizar la Redención en tantos modos diversos, es un misterio, pero Él ha elegido el sufrimiento y la cruz; ha elegido la cruz, ha sufrido tanto por nosotros. ¿Y si nosotras miramos al Crucificado, podemos decir que no cuando Jesús nos pide una cosa? Creo que no… ¿Entonces nosotras qué debemos hacer? Amar… es lo más hermoso. Cada día debemos decir fiat, sabiendo que esto puede significar muchas cosas… Pero nosotras también debemos saber que Jesús siempre nos ayudará con la gracia. La Virgen nos ayuda. Y si Dios te pide una cosa, siempre es una cosa buena. Tantas veces no lo entendemos acá en la tierra… pero lo entenderemos en el Cielo”[17].

La Madre Mother of Mercy recuerda: “Era muy notable en ella cómo quería a las personas, a cada una individualmente. Nunca mostraba molestia de las visitas, al contrario, siempre se mostraba contenta de recibir a las personas. La última vez que la saludamos, el domingo 17 de noviembre, era notorio cómo se dirigía a cada una. Si no hubiésemos sabido que ella no veía, no nos hubiésemos dado cuenta. Hasta el final mostró este interés por las personas y mucho cariño a todos los que la visitaban, como queriendo devolverles la caridad que tenían hacia ella… Cuando el 21 de noviembre supimos que tenía hemorragias internas y que le dolía mucho la cabeza, sabiendo que era un día de la Virgen y de los contemplativos, pensé que ya se estaba acercando el momento. Pero no nos llegó la noticia que normalmente llega: ha entrado en “agonía”. Esta vez directamente nos llegó la noticia de que ya había muerto. Luego pensé: bueno, toda su vida religiosa fue su agonía, ya desde novicia ella estaba en agonía”[18].

La hna. María del Pilar hace notar un hermoso detalle sobre la celda de María de Betharram, en donde se inmoló diariamente y en donde se configuró cada vez más con el Crucificado: “Hay una cosa que entendí hace un tiempo cuando pude ir a despedir a Betha y que hoy palpé aún más de cerca: el lugar donde vivió ‘crucificada’ Betha fue el lugar de la primera Capilla de ese querido Monasterio, precisamente el lugar del primer altarcito que tuvimos y del primer Sagrario. Realmente entendí cuando la vi en la cama con su dolor y su sonrisa, cómo ella estaba configurada con nuestro Esposo, allí, crucificada, inmolándose por todos nosotros y como ‘esperándonos’ para colmarnos de bienes, pues así hizo con todos los que la visitamos”[19].

La mañana del 21 de noviembre el P. Jon celebró la Santa Misa en la cual Betharram pudo recibir la Eucaristía. Durante el día se la vio cada vez más débil y con fuertes dolores de cabeza. A las seis de la tarde el P. Pablo Scaloni celebró una segunda Misa en la que estuvo presente toda la comunidad. Finaliza la Santa Misa, las hermanas comenzaron a rezar algunas de las oraciones previstas en nuestro Directorio de Liturgia para acompañar a una religiosa en el momento de agonía y tránsito de esta vida[20].  Luego el Padre Jon comenzó a leer el principio y el final del cantar de los Cantares: ¡Levántate ya, amada mía, hermosa mía, y ven! (Ct 2,10).

Rezaron el Santo Rosario y dos veces la Coronilla de la Misericordia, mientras ella se iba despidiendo de cada una de sus hermanas de comunidad y de sus hermanos de sangre el Padre Jon y Carmen, que había llegado desde Argentina hacía pocos días. Estaba presente además la hermana María de la Antigua Barnett, médica de profesión y religiosa contemplativa de nuestro Instituto, quien la atendió los últimos meses.

Mientras la comunidad rezaba por tercera vez la Coronilla de la Misericordia nuestra hermana María de Betharram dejaba este mundo para entrar en la vida eterna.

Eran las 19.39hs del 21 de noviembre, memoria de la Presentación de la Santísima Virgen en el Templo y día que la Iglesia dedica a rezar por los contemplativos. La Virgen María, a quien ella amaba profundamente, presentaría a esta esposa ante el Trono del Rey Eterno. Era jueves, uno de los tantos que había dedicado a rezar por los sacerdotes, dentro del horario que por tradición se cree que es la hora en que Jesús celebró la Última Cena. Eran además las primeras vísperas de Santa Cecilia, patrona de la música, por lo que podemos imaginarnos que el ingreso de Betharram al Cielo estuvo particularmente acompañando de hermosos cantos y que quien con tanto esmero puso su don musical al servicio de la liturgia terrena, entraba ahora a participar en la liturgia celestial

Con la Hna. María de July para cantar para siempre las maravillas del Señor.

Con su alma de hija agradecida quiso, un día antes de su fallecimiento, enviarme un mensaje en el que muestra su amor a Dios, a su vocación y a la Familia Religiosa. Con notorio esfuerzo y emoción decía: “Estoy muy agradecida a todas las Servidoras. Quiero agradecer en tu nombre a todo el Instituto, a las Servidoras por todo lo que me han dado en todos estos años y pedir perdón por todas mis miserias, todo el mal que hice: hago el mal que no quiero, como dice San Pablo, pero realmente he tenido experiencias de caridad, de alegría, de vida comunitaria muy linda, de oración, la gracia que tenemos de la asistencia espiritual, yo ya le agradecí en una carta al Padre Nieto[21] las Misas, los ejercicios espirituales, los retiros, la dirección espiritual, la confesión, toda la ayuda que nosotras tenemos y también quiero agradecer a todas las superioras que tuve, que me ayudaron, me formaron a lo largo de mi vida religiosa y a todas las hermanas, muchas me han ayudado, no solo ahora sino desde el accidente hasta ahora, cada vez me han tenido que ayudar más, también por todas las oraciones y Misas que han rezado por mí, les agradezco a todos en tu nombre. Estoy muy feliz de ser Servidora”[22].

Es un honor para todas nosotras poder decir que tenemos como intercesora a otra

“Servidora en el Cielo”, que vivió fielmente nuestro carisma y se santificó en él y que llegó a la meta tan deseada. Nos gusta pensar que ya está en el Paraíso junto a la Santísima Trinidad, a la Santísima Virgen y a todos los santos y también junto a los miembros de nuestra Familia Religiosa que nos han precedido en el camino al Cielo. Podemos imaginarla reunida con sus compañeras de noviciado: María de Jesús Nazareno y María del Corpus Domini, con María de July, con el P. Guillermo Costantini – con quien había estado en la misión en Brasil previa al accidente-, junto al P. José Hayes, que por muchos años fue capellán del monasterio de Pontinia-, y con tantos otros. Antes de volver a Argentina el Padre Jon nos decía: “Betharram murió de amor. Pudo morir de amor por gracia de Dios; sin quitarle mérito a ella que cooperó a la gracia desde el principio -como les dijo a las novicias, su sí fue permanente y no le negó nada a Cristo-, si ella pudo morir de amor es porque esto es un regalo de Dios, que lo recibió gracias a la Iglesia y a la Familia Religiosa, a todas las, hermanas y padres que rezaron y que ofrecieron tantos sacrificios”[23].

Hna. María del Corpus Domini en el cementerio de “La Finca” visitando la tumba de la Hna. María de Jesús Nazareno

La hermana María de Betharram fue un ejemplo de entrega, de aceptación de la cruz, de gran amor a Jesucristo y a su Santísima Madre. Llevaba su nombre en honor de una advocación francesa de la Virgen que quiere decir “Bel ramo” y que surgió por el milagro que la Virgen María había hecho a una niña, extendiéndole una rama para salvarla de la muerte.  Podemos decir que la Virgen también le extendió desde lo alto del Cielo un “bel ramo” en forma de cruz que la salvó para atraerla hacia tierra segura, a la otra orilla donde debemos llegar todos después de navegar “mar adentro”.

El Cielo es nuestra Patria

El sábado 23 de noviembre tuvo lugar la Santa Misa de funeral presidida por Mons. Mariano Crociata, Obispo de Latina, concelebrada por varios sacerdotes de nuestra Familia Religiosa. La Iglesia del monasterio estaba llena de religiosos, amigos y bienhechores que se unían a nosotros para despedirla.

En las palabras de agradecimiento el P. Jon destacó la ejemplaridad de la vida religiosa de su hermana y la caridad y atención que tuvo hacia él hasta el final. Comentó cómo su hermana mayor lo había “precedido en todo” y que había entendido su secreto en las palabras que ella dirigió a las novicias: “una vez que se dice que sí al Señor, después es sí, sí y sí… pida lo que pida”.  Le dirigió unas palabras en vasco para despedirla.

Llegados al cementerio fue llevada en procesión hasta el lugar de su tumba, la cual, a semejanza con la de Cristo, fue también donada por un bienhechor. A un canto le sucedieron muchos más, de diversas lenguas y melodías… Incluso el mismo P. Jon iba dirigiendo algunos de ellos, con una alegría que solo Dios puede dar. Era realmente una despedida festiva a quien partía a la mejor misión, la que todos deseamos y esperamos. Era una despedida para el Cielo y hasta el Cielo.

Damos gracias a Dios por todos los buenos ejemplos que hemos recibido de nuestra hermana y pedimos que muchas Servidoras se entreguen a Cristo con la misma sed de Dios que ella tuvo, aferrándose firmemente a la cruz, que es lo único que nos santifica y embellece verdaderamente. Que ella nos ayude a prepararnos para el Cielo, a “dejarnos pulir, esculpir, embellecer, para que cuando nos llegue el momento también estemos preparados y la Virgen nos pueda presentar como la presentó a ella”[24].

Pedimos también especiales oraciones por el consuelo de su familia y por las hermanas de su comunidad religiosa. Y a nuestra querida hermana le pedimos que, celebrando las Bodas definitivas con el Cordero, interceda siempre por la Familia Religiosa del Verbo Encarnado que tanto amó y por quien se entregó con tanta generosidad.

En Cristo y María Santísima,

M.   María Corredentora Rodríguez

    Superiora General

GALERÍA DE FOTOS


[1] CARLOS M. BUELA, Las Servidoras, Tomo I. EDIVI, Segni 2007, p. 340.  2 Carta dirigida a su familia el 8 de agosto del 1997.

[2] Testimonio de la hermana María Reina de las Vírgenes, San Rafael, 22 de noviembre 2019. 4 Carta annua, 20 de marzo de 1999.

[3] Testimonio de la Madre Mariam Al-Bishara Jara, Albania 22 de noviembre 2019.

[4] Testimonio de la Madre María Siempre Virgen Torres, Génova 22 de noviembre 2019.

[5] Testimonio de la hna María de la Humildad Oyarce, Albania 22 de noviembre 2019.

[6] Corpus desde hacía muchos años era capellana de Betharram. A su vez Corpus había tenido como capellana a la hna María de Jesús Nazareno.

[7] Carta escrita desde Roma el 6 de julio 2016.

[8] Testimonio de la hna Maria Madre de Jesús Fernández, Pontinia 24 de noviembre 2019.

[9] Testimonio de la M. Mary of Mercy Mc Donnough, 24 de noviembre 2019.

[10] Testimonio de la hermana Maria de Kalwaria Martínez, Albania 22 de noviembre 2019.

[11] Testimonio de la Madre Mariam Al-Bishara Jara, Albania, 22 de noviembre 2019.

[12] Carta al P. Gustavo Nieto, Pontinia, 16 de octubre 2019.

[13] Regla monástica SSVM, n.135.

[14] Mensaje de voz que envió a la M. María del Cielo, el 8 de agosto.

[15] Mensaje del 11 de setiembre, enviado a la M. María del Cielo.

[16] Testimonio de la Hna. María Madre de Jesús Fernández, Pontinia, 24 de noviembre 2019.

[17] La M. Ternura Sánchez Sorondo grabó un video de este encuentro del 14 de noviembre 2019 en el monasterio de Pontinia.

[18] Testimonio de la M. Mary of Mercy Mc Donnough, Roma, 24 de noviembre 2019.

[19] Testimonio de la Hna María del Pilar Curutchet, Roma 24 de noviembre 2019.

[20] Cf. Directorio de Liturgia, SSVM, Subsidio para la atención de una religiosa Servidora del Señor y de la Virgen de Matará en los momentos de enfermedad terminal y muerte.

[21] Carta del 16 de octubre 2019.

[22] Mensaje de voz del 20 de noviembre 2019.

[23] Palabras del P. Jon Mikel de Arza durante sermón dado en la Casa Procura el 28 de noviembre de 2019.

[24] Ídem.