Esta semana es un poco especial, porque los otros dos padres han tenido que viajar a la capital del país para hacer trámites de residencias. Yo he tenido que quedar sólo en la misión, y si bien tratamos de que el trabajo parroquial que me quede sea lo menos posible, así puedo estudiar swahili, he tenido que atender a un par de necesidades, que han sido verdaderos regalos de Dios.

En primer lugar, uno de estos días tuve la gracia de hacer un bautismo, y fue medio de urgencia. Y digo “medio”, porque si bien la bebé no estaba agonizando, la mamá vio que estaba enferma y antes de llevarla al hospital quería que fuera bautizada. Me pareció perfecto, y allí buscamos a los padrinos, el catequista Filipo y una de las hermanas. Me llenó de alegría, porque fue muy sencillo, sólo nosotros cinco en la iglesia, y al terminar, pensar en la alegría de que la iglesia en Ushetu aumentaba. Fue muy gracioso hacer los aplausos y gelegeles nosotros solos en la gran iglesia vacía.

Horno de tabaco

Pero también esa mañana llamaron para atender un enfermo en Hendya. Esta es una aldea no muy lejos del centro parroquial. En auto son unos 30 minutos, mas o menos. Yo no había ido nunca, así que me vino bien para conocer una mas de las 47 aldeas de la misión. El plan inicial era ir en motocicleta, guiando Filipo (el catequista). Pero por la conveniencia de traer unos materiales al pasar por un pequeño centro poblado, decidimos ir en la camioneta. Y esto no fue sino otro designio providencial, porque apenas estábamos saliendo, nos frena Petro, un muchacho muy bueno, que está acercándose a la iglesia, y en vías de regularizar su matrimonio. Trabaja para las hermanas en algunos trabajos con los animales y el parque. Se acerca al vehículo, pregunta a dónde íbamos, tiene ganas de acompañarnos. Vamos. Pensé que también le podía hacer bien venir.

La casa del enfermo

El enfermo por el que habían llamado era un hombre mas bien joven, casado, padre de cuatro hijos, catequista de la parroquia vecina de Ifunde. Estaba delicado, pedía los sacramentos. En la visita nos enteramos que tenía SIDA, la enfermedad que es un verdadero flagelo para África. De sus hermanos, algunos eran paganos, y hasta uno es mganga ya kenyeji, que viene a ser como “médico del lugar”, o “curandero”… y hasta se puede decir, brujo. Pero no quería escribirlo así directamente, porque se imaginan a alguien vestido con plumas, pintado, etc., y no siempre se lo ve así. De todos modos, no estaba en la casa cuando llegamos.

Cocina

El camino para ir es muy lindo. Pasamos por el centro de Mbika, luego seguimos en dirección al oeste hacia Kipungi. Antes de llegar a este poblado, nos adentramos por senderos hacia el sur. El paisaje lo formaban los terrenos que están preparando para plantar, pequeñas chacras o fincas… y muchos hornos nuevos de tabaco. Como siempre, la gente admirada de ver un vehículo por esas partes. Filipo se reía considerando en que la gente pensaría que es algún “negociante de tabaco” que andaría viendo los campos y hornos. Pero a mí se me venía a la mente el pensar en que jamás se imaginarían que ésta es la atención que hacen los sacerdotes católicos a sus fieles… ¡qué lujo! Cuando los necesitan, ahí vamos, junto al enfermo… aunque su casa quede en medio del campo.

Familia de Clementi

Yo estaba entusiasmado en sacar alguna foto a los hornos de tabaco, así que cuando vi un par que estaban muy nuevos y lindos, me detuve, y justo me dice Filipo que es la casa del mwenyekiti, o líder de la capilla católica: Mikaeli. En eso, nos saluda Mikaeli desde lejos, nos reconoce, y comienza a venir hacia nosotros. Estaba herido en una pierna, debido a una caída reciente en la moto. Nos pregunta la razón de nuestra visita y al enterarse que íbamos a ver a este enfermo, se sumó al grupo. Otro detalle mas, ya que si hubiéramos venido en moto, también nos perdíamos de esta compañía y apostolado.

En la puerta de la casa del enfermo

Unos minutos mas tarde llegamos a la casa del enfermo. La disposición de la casa, la cocina, etc. como es común en estos lados (les mando fotos: casas de barro, techo de paja, bajas, algunas casas cuadradas, otras en forma redonda). Clementi, que así se llamaba el enfermo, estaba postrado en un colchón muy pobre, puesto directamente en el piso. La casa de barro… sin puerta, y muchas cosas guardadas en la misma habitación.

Dentro de la casa de Clementi

Entramos todos a visitarlo, lo cual lo llenó de alegría. Charlamos un rato y luego le administramos la Unción y la Comunión. Otro rato de conversación, y terminamos con un canto a la Virgen. Yo veía algunas cosas raras colgadas del techo, y me imaginaban que eran de su hermano… así que aproveché a bendecir agua, y bendecir toda la habitación. Nos despedimos, no sin que nos dijeran una docena de veces asante sana (muchas gracias).

Luego dejamos a Mikaeli en su casa. Aproveché a bendecirle la casa, así que también se puso feliz. Me pidió que nos saquemos una foto con su familia. Me alegro ahora de esto, porque les tengo que contar de Mikaeli.

Con Mikaeli y su familia

Ya comenzamos el regreso nosotros tres (Filipo, Petro y yo), cuando Filipo me cuenta la historia de Mikaeli… se trataba de un hombre pagano, que un día mata a su mujer por la cantidad de golpes que le dio. Pasó siete años de cárcel, y cuando sale en libertad se casa con una mujer católica, y se convierte. Actualmente es el líder del kigango (capilla) de Hendya. Filipo termina su relato diciendo: “Historia ya huruma (historia de misericordia)… Dios es misericordia”. ¡Bravo Filipo! ¡Ése es nuestro catequista!… “Historia ya huruma”… “historia ya huruma”… repetimos como saboreándolo.

Estamos tan cerca de la Navidad, y estos días el alma se pone por demás sensible, al contemplar el Niño Dios que nace en Belén, adorado por su Madre Inmaculada, y el castísimo José. La Misericordia de Dios se hace visible en la Nochebuena.

Yo deseaba enviar un saludo de Navidad a todos, y pensé que puede ser oportuno enviarles esta historia de misericordia… un chispa de aquella Misericordia que nació en un establo para redimir a la humanidad caída.

Unidos todos en la adoración del Verbo Encarnado.

¡Feliz Navidad!

P. Diego.

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