Quisiera compartir la alegría de la misión, la alegría del apostolado, del bien que se puede hacer en medio de tanta violencia, de tanto mal, en el sufrido Medio Oriente.
Desde Egipto se organizó un voluntariado, de unos quince días en Túnez, con un grupo de 9 chicas alejandrinas.

Fue una iniciativa nueva, salir del país con un grupo de chicas que nos frecuentan no hace tanto y “sacar de la galera” actividades para que ellas pudiesen donar su tiempo, sus fuerzas, para que experimenten la alegría de dar.

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Pudimos hacer apostolado visitando los niños de un hogar estatal de huérfanos. La idea era que ellos se tomasen unas vacaciones fuera del hogar, así que solíamos acompañarlos cada mañana al mar, los cuidábamos, estábamos con ellos, jugágamos… les dábamos el cariño que no han podido recibir antes… ellos estaban contentos, pero nosotras más, porque hay más alegría en dar que en recibir. Al mediodía les dábamos su almuerzo, después de lo cual organizábamos actividades manuales, juegos… teniendo en cuenta que ¡eran niños muy pequeños!

Por las tardes, después de un merecido descanso, podíamos ayudar con la limpieza de la Catedral, del Monasterio y de la casa diocesana… las cabezas empolvadas, mojadas, embarradas, y al atardecer bastante cansadas, pero aún así, con una sonrisa dibujada en los labios, expresión visible de la alegría que se experimenta en el dar.

“Nosotras pensábamos que nuestra misión aquí serían los niños,-decía una de las chicas- pero nos hemos dado cuenta que es mucho más que eso…”, es que providencialmente Dios puso en sus caminos situaciones en las cuales debieron testimoniar con valentía el nombre de Jesucristo, fueron instrumentos que Dios usó para consolar y alegrar a gente que necesitaba conocer el rostro sonriente y compasivo de Dios, pudieron acompañar y sostener con sus palabras y ejemplos a otras almas que intentan desde sus lugares ser fieles a la Verdad. ¡Cuánta gente puso Dios en nuestros caminos!… y los quince días, fueron, “sin recreo” una Gran Misión.

 

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Al anochecer, después de un largo día, elevábamos a nuestra Señora nuestras peticiones e intenciones, rezando el Santo Rosario… sin duda alguna, la paz de consagrarle a la Virgen todos nuestros esfuerzos alrededor de su imagen, son los recuerdos que guardan con más afecto… “nunca había pensado que el rezo del Rosario era algo tan lindo”, me decían, y ahora cada vez que nos encontramos me cuentan cómo se las ingenian para encontrar un tiempito de su día y rezarle el Rosario a la Virgen.

Fueron testigos también de la alegría que se vive en la Vida Religiosa. Es que es una vida de donación, de dar sin esperar recibir nada a cambio, de sacrificarlo todo por lo único que vale la pena darlo todo. Fueron testigos de una alegría, fruto de la libertad y la plenitud de darse sin tener nada que perder, de un “no tener nada” pero al mismo tiempo “tenerlo Todo”… Es que hay más alegría en dar que en recibir.

Se ha creado una linda amistad entre las chicas y nosotras. Recemos para que perseveren en el bien, y sean capaces de conquistar una Felicidad distinta, basada en el olvido de sí, en la donación de sí… Existe una Felicidad más sublime, pero es necesario estar dispuestos a pagar su precio… ¡Sin miedo!, ¡Pues hay más alegría en dar que en recibir!
En Cristo y María,
Hermana Felicitas Dei,

Misionera en Egipto.
Septiembre 2014

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