En diciembre del año pasado, cinco personas provenientes del Norte de Europa (cuatro de Holanda y una de Luxemburgo) fueron a ayudar en el “San Nicolás”, un proyecto que nuestras hermanas organizan en Ucrania. Por diecisiete años, las hermanas han ayudado a familias pobres a que puedan proporcionar regalos para sus hijos en la fiesta de regalos más importante del año. Debido a que el rito bizantino sigue el calendario Juliano, la fiesta de San Nicolás tiene lugar dos semanas después que en el rito romano.

Cuando nosotros llegamos la mayoría de los trabajos previos ya estaba hecho. Las hermanas del Noviciado habían ido durante varias semanas a diferentes negocios y a diversas personas, preguntándoles si podían ayudar a los niños, proveyendo los regalos que sus familias no podían darles. Las hermanas entregaron cartas que los niños habían escrito al Santo, expresando los deseos de sus corazones. Los pedidos iban desde pelotas de fútbol hasta un conejito, e incluso un niño pequeño pidió que todo tuviera mariposas. Una niñita pidió al Santo que trajera la paz a Ucrania, asolada por la guerra. Otra niña pidió perfumes para su mamá y un juguete para su hermanita, pero no pidió nada para sí misma. Las cartas, por sí mismas, expresaban la especial inocencia de estos niños, que aún no han sido tan afectados por el materialismo reinante en Occidente.

El primer día intenso en Ivano-Frankivsk, fuimos a los negocios, a recoger los paquetes que ya habían sido solicitados. Tienda tras tienda, paquete tras paquete, para satisfacer los deseos de esos niños. Una mujer que donó para el proyecto, cuando era niña había sido beneficiada por la generosidad de otros. Estaba encantada de poder ayudar a niños, cuya situación podía entender personalmente.

El año anterior, el dueño de un local que las hermanas habían contactado, tenía cierto escepticismo respecto a su pedido y les preguntaba: “¿Es realmente para los niños?”. Las hermanas lo invitaron a que las acompañara en la noche de entrega de los regalos, y así quedó convencido. En esta oportunidad, cuando las hermanas llegaron a su tienda para pedirle nuevamente su colaboración, el dueño las recibió con café y galletitas, preguntándoles a cuántos niños podía ayudar. Hay más alegría en dar que en recibir…

La superiora del Noviciado dijo que este año la mayoría de los niños recibieron todo lo que pidieron en sus listas.

Una camioneta del Noviciado recorría la ciudad para encontrar diversos equipos que recolectaban los paquetes. Mientras mi grupo esperaba en una esquina a que llegase el vehículo, con las manos llenas de paquetes, una adolescente se acercó a la hermana ucraniana y le preguntó: “¿Esto es para los niños?”. Tras recibir una respuesta afirmativa, le entregó dinero a la hermana para el proyecto. Hay más alegría en dar que en recibir…

El segundo día en la ciudad, fui con dos voluntarios holandeses a comprar regalos para algunos niños que nosotros, como grupo, habíamos adoptado. Muchas personas nos habían donado dinero para este propósito y fue una alegría ver con cuando cuidado Thea y Joost, los dos voluntarios que iban conmigo, buscaban lo que más les gustaría a los niños, en base a la información que las hermanas que nos acompañaban nos habían dado sobre ellos. Había diez niños en nuestra lista, con diferentes historias y situaciones, pero todos necesitaban un abrigo y botas para el invierno. Empezamos a buscar las tallas y colores más adecuados. Con la ayuda de las hermanas ucranianas, cada abrigo que compramos tenía un cuello de piel falso, que hacía que el abrigo fuera más especial.

Ese mismo día, los otros dos voluntarios se quedaron para envolver los regalos que ya habían llegado al convento. Gracias a la atención de Thea y las donaciones de la gente holandesa, pudimos traer un hermoso papel de regalo, que hacía los paquetes más emocionantes para abrir. En otros años, todo se ponía en una bolsa y se entregaba a los niños. Aunque el papel de regalo no duró más que los sacos de años anteriores, hizo que los regalos tuvieran un aspecto mucho más especial. Por la Divina Providencia, uno de los papeles que Thea había elegido ¡tenía mariposas! Incluso ese detalle podía ser proporcionado al amante de las mariposas.

El Domingo, día de descanso, no hicimos compras y solo envolvimos un poco a la tarde. Por la mañana fuimos a la parroquia donde trabajan nuestros sacerdotes y allí Joost fue invitado a disfrazarse de San Nicolás. Después de la Misa de niños, (¡había tanta gente que sólo había lugar para estar de pie y el frío diciembre ucraniano ya no se sentía debido a la calidez de tanta gente tan unida!), se invitó a los niños a cantar las canciones tradicionales que invitan a San Nicolás. En Holanda, Sinterklaas también es bienvenido con canciones, y fue encantador ver la conexión con la cultura en la que viven muchos de los voluntarios. Después de cantar, San Nicolás entró agitando su mano y levantando su bastón en señal de saludo. Los niños estaban encantados y no les importaba que el Santo hablara inglés en vez de ucraniano. Es muy especial cómo los niños se explican a sí mismos las discrepancias.

El lunes y el martes se pasaron empacando frenéticamente….las cajas eran escasas y todo el día la gente llegaba con más y más regalos. En uno de los últimos días un joven, amigo de la comunidad, llamó preguntando si todavía había algo necesario para los niños. La hermana respondió en broma: «Diez cajas de mandarinas», pensando que nunca las traería. (Además del presente, es típico que cada niño reciba una generosa bolsa de dulces y mandarinas.) Más tarde ese mismo día, llegó… ¡con 10 cajas de mandarinas! Es mejor dar que recibir……

Había mucha confusión: cinta adhesiva y papel, buen espíritu y chocolates y pocas cajas… Fui varias veces al comedor de la planta baja para ver cómo iban los preparativos de las bolsas de golosinas. A menudo parecía una escena de Charlie y la Fábrica de Chocolate. La otra hermana que me acompañó desde Holanda armó bolsas con mandarinas y chocolates atándolas con una cinta, durante dos días seguidos. Debido a su posición en el comedor, vio de primera mano la marea de gente que venía todo el día con paquetes para los niños. La puerta casi no se cerró en un momento dado debido al flujo constante de benefactores que venían a entregar sus contribuciones para los niños. Hay más alegría en dar que en recibir…

Algunos de los voluntarios comentaron en varias ocasiones que este tipo de proyecto sería imposible en el norte de Europa porque «Nosotros tenemos demasiado…» La riqueza que viene con el éxito material a menudo hace que los corazones se enfríen para las necesidades de los demás. Lo poco que pudimos ver desde Ucrania nos permitió notar las diferencias económicas con los países en los que vivimos y apreciar el sacrificio que este proyecto supuso para mucha gente. Fue un hermoso testimonio de la generosidad natural del pueblo ucraniano. Creo que también fue un hermoso testimonio de la belleza de los niños, de lo fácil que es querer ayudarlos. Jesús está en los pobres y en los pequeños -la inocencia de los niños nos permite ver algo de la belleza e inocencia del Cordero de Dios que vino para quitar los pecados del mundo al dar el regalo más grande de todos los tiempos- Su Cuerpo y Sangre en la Cruz. Durante este viaje que tuvo lugar justo antes de la Navidad de rito latino, fue bueno meditar en el don de Cristo dado a través de su pobre y humilde nacimiento, en última instancia en vista de su muerte en la cruz, mientras preparábamos los regalos para los niños pobres y humildes.

El martes 18 de diciembre por la noche, estábamos listos para traer los paquetes. Muchas personas se ofrecieron a venir como chóferes para que las hermanas pudieran dividirse en equipos y entregar los regalos a unos 300 niños, el mayor número al que el proyecto ha ayudado jamás. Nevó varios días antes y las carreteras estaban heladas, lo que hizo que la salida fuera un poco más tarde mientras esperábamos la llegada de los conductores. Entramos en la capilla del Noviciado, recibimos algunas instrucciones de M. Cristiana, la superiora de la casa, cantamos a San Nicolás y nos fuimos. ¡Y entonces los paquetes empezaron a moverse!

Cada equipo de novicias había separado cuidadosamente los paquetes para sus niños. Los paquetes multicolores salieron en cuestión de minutos con todas las manos ayudando, los autos estaban cargados y los conductores comenzaron a viajar cuidadosamente a las diferentes direcciones. Uno de los conductores era un hombre que había apadrinado a 18 niños. Había crecido pobre y por circunstancias fortuitas, como pertenecer a clubes deportivos, había evitado influencias negativas y se había vuelto muy exitoso. Sus hijos pidieron ir a entregar los paquetes con él porque preferían dar a otros niños en lugar de recibir algo para ellos mismos. Es mejor dar que recibir…

Thea, Joost y yo tuvimos la oportunidad de entregar, entre otros paquetes, a los diez niños que nuestro grupo había adoptado. La situación de los niños era increíblemente diferente… un niño vivía con su madre e inmediatamente comenzó a usar el balón y los guantes de fútbol que habíamos comprado. Otro niño había sido quitado a su madre, debido a que ella era alcohólica. Estaba esperando una respuesta de los servicios para la infancia sobre si podía o no volver a casa. Dejamos el paquete con ella porque iba todos los días a ver a su hijo. Una niña de trece años vivía con sus abuelos ancianos en un pequeño apartamento, en realidad una pequeña habitación. Su abuelo ya no puede caminar y la pobreza de su hogar era palpable. Abrió sus regalos con mucho cuidado y tímidamente agradeció a los que los habían traído. Su abuela agradeció a las hermanas ucranianas que dieron las gracias a San Nicolás. La abuela los miró y repitió su acción de gracias a las hermanas.

Visitamos la casa y las familias toda la noche y muy temprano en la mañana. Nos quedamos atascados unas cuantas veces en el hielo y la nieve y tuvimos que empujar la camioneta para seguir adelante. ¡Fue una gran aventura! Tuvimos el privilegio de llevar el conejito a la niña que lo había pedido, y el privilegio de verla llevar la jaula con mucho cuidado a su dormitorio, ¡porque ahí es donde el conejito dormiría!

Una de las situaciones más conmovedoras para mí fue la de Ángela, una niña de nueve años, que estaba en nuestra lista. Vivía en un piso de ex-estudiantes comunistas, junto a su mamá. Tenían una habitación larga y estrecha para las dos y compartían el baño y la cocina con otros siete apartamentos. Cuando llegamos, su habitación estaba increíblemente llena (no estaba desordenada, sólo demasiado pequeña para las cosas que tenían), y Ángela estaba esperando ansiosamente la llegada de los regalos del Santo. Había pedido cuatro cosas: una chaqueta de invierno, botas de invierno, una bufanda (al final obtuvo un juego que incluía guantes y sombrero) y un juego de Uno. Antes de que pudiera abrir el paquete, su madre le hizo cantar una canción a San Nicolás, lo que hizo con todo su corazón (¡y pulmones!). Después tuvo que tocar una canción para él en el pequeño teclado eléctrico que hacía equilibrio en las bolsas de ropa de la habitación. Cuando llegó el momento de abrir el paquete, sacó los artículos en el orden indicado y con cada uno de ellos gritó con todo su ser: «¡Gracias! Cuando llegó al juego de Uno, dijo algo que no podíamos entender. Las hermanas ucranianas nos tradujeron: llevaría el juego a la escuela para compartirlo con los otros niños. Incluso recibiendo, ella sabía cómo dar. Me impresionó tanto ver en una niña tan pequeña, tanta gratitud respecto a cosas tan ordinarias y necesarias. Viviendo con tan poco, supo apreciar el amor que hay detrás de las cosas dadas y compartir su alegría con sus seres queridos.

Nuestro otro grupo de voluntarios nos contaron que en una casa a la que llegaron, una señora, tras agradecer por los regalos para sus hijas, les preguntó si el grupo había traído algunos para los niños vecinos. El grupo no sabía que había otros niños en el edificio y dijo que no. La mujer trajo las bolsas de dulces que sus hijos habían recibido para dárselos a la vecina, diciendo: «Mis hijos ya tienen algo.» Es más bendecido dar que recibir… Las hermanas prometieron en los próximos días traer algunos regalos para los otros niños.

Realmente hay muchas otras historias que podrían ser compartidas, fue un momento muy hermoso. Casi se podría decir mágico, y quiero decir que no en el sentido de brujas y hechizos, sino en la magia que existe en la inocencia, cuando el amor es la regla de la vida y todo es posible y reina el bien. Terminaré con una última historia para resumir la magia del viaje y las grandes delicias de Dios. El día que tres de nosotros regresamos a los Holanda, tomamos un tren a Lviv y desde la estación de tren necesitábamos tomar un autobús o un taxi al aeropuerto. Un hombre que usa su coche personal como taxi se acercó a nosotros, y me pregunté un poco sospechosamente, lo admito, si daría un precio honesto. La hermana ucraniana que nos acompañaba parecía satisfecha con lo que había dicho y acordó que los cuatro iríamos en su coche al aeropuerto. Nos preguntó por qué habíamos estado en Ucrania y la hermana le explicó sobre nuestro viaje de voluntariado. Cuando llegamos al aeropuerto, la hermana trató de pagarle el viaje y él negó el dinero. Dijo que no podía aceptar dinero de la gente que había venido a ayudar a los niños y pidió nuestras oraciones por él. Nos comprometimos a rezar por él y para hacerlo le preguntamos su nombre, para poder rezar por él y su familia. ¡Resulto ser que se llamaba Se llama Nicholas!

Hna. Maria Nadiya Beznadiynych, SSVM

Misionera en La Haya, Holanda