Muy queridos en el Verbo Encarnado, que esta acción de gracias sea compartida entre todos. Porque a ustedes más que a ninguno debemos un sinnúmero de oraciones y sacrificios.

En el día de la fecha, 11 de Enero del 2010, luego de cinco intensos meses de estudio de la lengua (swahili), Monseñor Ludovico J. Minde, junto a la participación de todos los sacerdotes, religiosas y fieles laicos venidos de diversas parroquias de la Diócesis, inauguraba la primera misión de las SSVM en África Subsahariana.

Así es, un Sagrario más para la Iglesia, la presencia de Cristo latente y deseoso de que llegue extensivamente a la mayor cantidad de almas: “Da mihi animas, coetera tolle” (San Juan Bosco). Y realmente, Dios lleva a cabo su Plan Providencial en estas tierras. Es una cultura admirable, que a pesar del paganismo reinante, los “Semina Verbi” son tales y tantos que una vez conocida la realidad del mensaje Evangélico se les hace muy familiar, claro está que el misionero debe cooperar para que ese germen tome fuerza y fructifique al 40, 60 y hasta 100% según  el plan de Dios en cada alma y la fidelidad  con que cada uno responde a la Gracia.

El formar parte de esta misión lleva a uno a dar gracias a Dios por darnos tal posibilidad, a nuestros superiores, quienes depositan su confianza maternal en uno, a tantos y tantas misioneras y misioneros e inclusive hermanas en formación, seminaristas y laicos que nos alientan con sus oraciones, escritos, y presencia, a la familia que a pesar de la distancia (como les sucede a muchos de nuestros misioneros) siempre están “al pie del cañón”. Con todo esto, hacemos nuestras las palabras de San Alberto Hurtado: “Hay que perseverar. Muchos quedan gastados después de las primeras batallas. Les faltaron las armas o el valor… Otros, en cambio, parecen moribundos y están más frescos que nunca”[1]. Perseverar en la obra que Dios ha comenzado, porque es Él la causa Eficiente y la llevará a término, siempre teniendo a Dios como eje, guía, raíz de la cual nos nutrimos y nutrimos a las almas encomendadas.

La misión comenzó por iniciativa del Obispo local, quien sorprendido por los colores del hábito se acercó a dos de nuestras hermanas (actualmente contemplativas) en el aeropuerto de Barajas – España, esas cosas de la Providencia, pidiéndoles la dirección de nuestra Casa Generalicia. Al poco tiempo Monseñor tocaba las puertas del Convento en Roma implorando misioneras para su Diócesis, para su gente, que hasta el presente no contaba con la presencia de religiosas. Las madres aceptaron generosamente con la condición que Monseñor invitase a nuestros hermanos, los padres del IVE.  Y así fue, luego de dos años de fundación de las SSVM (2010), se iniciaba la misión de los padres del IVE (2012).

El “sí” fue dado y todos los beneficios que implica la presencia religiosa en un determinado lugar, entonces quedaba el “embarcarse”. No se sabe qué barcos encontraré en el camino, qué tempestades ocurrirán… Hay un minimum de precauciones, una vez tomadas, ¡embarcarse! Ningún peligro de materializarse para el cristiano que busca antes que nada el Reino de Dios y su justicia (cf. Mt 6,33)”[2]. Con este espíritu las primeras cinco misioneras viajaban a Tanzania y con ellas un sinnúmero de bendiciones para el pueblo de Ushetu. Luego de la inauguración de la comunidad, la vida de la Parroquia ha tomado un nuevo realce, se puede decir que se ha encarnado a Cristo en esta sociedad. Si uno visita Ushetu puede palpar ese aire de “eterno”, y a su vez un tinte tan propio nuestro. En una homilía dada por Monseñor con ocasión del día de los religiosos, nos exhortaba a no desanimarnos en el trabajo apostólico, a valorizar la riqueza de la presencia de un consagrado en la sociedad, esa presencia debe ser transformante, los religiosos deben tener esa certeza de brillar con luz propia, de iluminar a otros con el ejemplo y la entrega; es buena señal cuando en una parroquia cuando se vive bien el Carisma del propio Instituto, indudablemente los mismos fieles se ven empapados del Carisma, que es algo “VIVO”. Agradecemos infinitamente a nuestro querido Fundador, a nuestra Congregación, el misionero al estar en lugares alejados de las casas donde fue formado, puede valorar el inmenso tesoro que se recibe y lleva en recipientes de barro, “gracias Congregación querida por forjar misioneros dispuestos a todo”, uno se dispone a ese todo cuando se da del TODO, porque “El que se da, crece. Pero no hay que darse a cualquiera, ni por cualquier motivo, sino a lo que vale verdaderamente la pena: a Cristo, que recapitula estas causas en sí mismo, que las contiene, que las purifica, que las eleva; a la Iglesia, mensajera de la luz, dadora de vida, libertadora; a Dios, a Dios en plenitud, sin reserva, porque es el Bien Supremo de la persona, y el supremo Bien Común. Cada vez que me doy así, recortando de mi haber, sacrificando de lo mío, olvidándome, yo adquiero más valor, un ser más pleno, me enriquezco con lo mejor que embellece el mundo; yo lo completo, y lo oriento hacia su destino más bello, su maximum de valor, su plenitud de ser.”[3]

Damos gracias a Dios y a Nuestra Congregación por tantas gracias recibidas a lo largo de estos seis años, pedimos la gracia al Sagrado Corazón de Jesús (patrono de la Comunidad) que nos predisponga siempre a prepararnos para lo que se va a venir…

Nos encomendamos a vuestras oraciones para que logremos ser misioneros y misioneras “entregados a Dios, almas apostólicas completamente ganadas por el deseo de comunicar a Dios, de hacer conocer a Cristo; almas capaces de abnegación, de olvido de sí mismas, con espíritu de conquista, almas para las cuales el grito de San Pablo sea siempre actual: ¡Con tal que Cristo sea glorificado, en esto me gozo y me gozaré siempre! (cf. Flp 1,18).”[4]

SSVM – TANZANIA

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[1] San Alberto Hurtado, “Un disparo a la eternidad”.
[2] San Alberto Hurtado, Un disparo a la eternidad”
[3] San Alberto Hurtado, Un disparo a la eternidad”
[4] Idem.

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