Preparación previa

Este proyecto de fundación en las Islas Salomón llegó durante el Capítulo General del 2016. Tuve la gracia de conocer este proyecto y ser invitado para empezar esta nueva fundación, en octubre del 2016. Si bien la fundación se comprometió aproximadamente a fines del mes de mayo del 2017, yo todavía tenía que terminar con mis responsabilidades en la diócesis de Haarlem, al norte de Holanda, de modo que hasta noviembre del 2017, después de dos años y tres meses de estar en la misión en la ciudad de Alkmaar, junto a los PP. Diego Pildain y Tristán Pérez, concluidas mis obligaciones y habiendo obtenido los documentos necesarios, pude emprender el viaje hacia mi nuevo destino.

Antes de comenzar con los relatos sobre la fundación, quisiera aprovechar para dar gracias de manera especial a nuestro Obispo en el norte de Holanda, Monseñor Joseph Punt y al Obispo auxiliar, Monseñor Johannes Hendricks, con quien cultivé una amistad sacerdotal muy buena. Ambos han tenido siempre la caridad exquisita de atendernos y apoyarnos en toda nuestra tarea pastoral, en un país muy laico y liberal, necesitado de volver a la fuente de la verdad del Evangelio.

Mientras organizaba mis asuntos en Holanda, empecé la comunicación vía e-mail con Monseñor Luciano Capelli, SDB, Obispo de la Diócesis de Gizo, en el suroeste de las Islas Salomón, quien me fue orientando con respecto a los trámites de visa de viaje, que no resultaron muy sencillos.  Pero lo más sorprendente fue que en cada oficina, además del tiempo, gastos, viajes, etc… los mismos holandeses se mostraban muy sorprendidos ante mi solicitud de visa para un lugar tan lejano. Con mucha admiración me cuestionaban: “¿cómo? ¿Islas Salomón?… ¿pero dónde quedan esas Islas?” o: “jamás tuvimos a nadie que venga a hacer los trámites para irse allá, tan lejos…” o: “¿no te gustó Holanda?” “¿estás seguro de lo que hacés renunciando a tu nueva dirección en Holanda, posibilidad de hacer la nacionalidad holandesa, etc, etc, etc…?”

Si estos fueron los cuestionamientos de quienes no me conocían y que solo recibían mis documentos, ¡se imaginarán lo que esto significó para mis conocidos y amigos! Me hicieron cuestionamientos válidos, buenos y lindos, pero demasiado humanos, referidos a mis conocimientos de la lengua, al estar ya finalmente registrado en la diócesis y el Estado holandés (lo cual es particularmente difícil de obtener), al bienestar del país, etc, etc, etc…

Sin embargo, por gracia de Dios, desde que me convertí en religioso misionero no he tenido excusas para irme o pedir una misión selecta. Quiero recordar aquí lo que mi abuelita, Carlota Quisver, me dijo cuando me fui desde mi ciudad, Palpalá (Jujuy), a los 17 años. En enero de 1981, al momento de mi partida, ella estaba muy enferma y no volví a verla nunca más, pero sus palabras se me quedaron grabadas y con esta enseñanza me fui siempre a las misiones. Me solía decir… “A Dios rogando y con el mazo dando”.

En diciembre del año 1981 conocí a los Padres Lojoya y Buela y al año siguiente escuché por primera vez hablar sobre el proyecto de fundación de nuestro querido IVE; yo tenía 18 años. Dos años más tarde fundaríamos la Congregación y allí también escucharía aquella frase de mi abuela: a “Dios rogando y con el mazo dando”, y así fue desde el primer día, cuando íbamos a abrir los primeros centros de apostolado en San Rafael, en El Nihuil junto a Marcelo Morsella, en la Costa Brava (hoy centro espiritual Nuestra Señora del Carmen), en El Usillal, en Las Vertientes, en Sutter, en El Toledano, en el Barrio Laredo (a propósito, considero una gracia muy grande el haber comenzado el apostolado en este barrio, visitando las casas, trabajando con el seminario menor e iniciando, junto al P. Lucio Flores la hoy tan popular procesión de San Cayetano). Dicho sea de paso, también tuve la gracia de haber hecho el primer apostolado del Instituto en la Villa 25 de Mayo, en Capitán Montoya, la primera Misión Popular en Matará (Santiago del Estero) y también la primera Misión popular fuera del país, en Limatambo (Perú), en 1987.

Al hacer esta mirada retrospectiva, puedo decir con toda sinceridad que siempre se nos ha pedido de modo caritativo y evangélico el ir a misionar. Y es por eso que, con esta máxima, es que fue, es y será muy eficaz todo mandato misionero y al mismo tiempo será un modo de conocer el espíritu que nos mueve a ir a donde Dios nos pide: “Por Caridad se nos pidió y por Caridad lo hemos aceptado y puesto en obra”, por eso dimos y daremos muchos frutos con la Gracia de Dios y la Madre del Verbo Encarnado. Y porque tenemos fe en que, si nuestros superiores vieron que era bueno y necesario hacerlo, ésta es entonces la voluntad de Dios para nosotros, por la cual vale la pena gastarse y desgastarse.

Es por esto que jamás en mi vida consideré “una pérdida de tiempo”, ni mucho menos “haber sido usado”, como me dijeron algunos, cuando me fui de misión por diez años a África, en el año 2000, luego de haber concluido mis estudios de Licenciatura en Roma. Efectivamente, estuve ocho años en Sudán (durante la guerra) y dos años en el desierto caliente del Norte de Kenia, cerca de Etiopía. Todavía recuerdo que cuando viajé a mi primera misión “ad gentes”, Sudán estaba sufriendo una terrible guerra entre el norte y el sur del país, a la que sucedió una guerra civil, en la cual corríamos peligro de perder la vida. Sin embargo, los 950 Bautismos que pude administrar, por gracia de Dios, en esos diez años, hablan por sí solos y responden a todos esos cuestionamientos fríos y calculadores.

“¿Para qué irse muy lejos?” …. “¿por qué no van ellos?” … “basta de lugares difíciles, eso es una utopía inventada, ¿qué es eso de llamar a algunas misiones como emblemáticas?” … “¿Por qué te mandan a vos?” “y a veces solo” …. etc., etc. Siempre tengo presente la respuesta de los Apóstoles ante la invitación de Nuestro Señor a “navegar mar adentro” o cuando les dijo que: “el que pone las manos en el arado y mira hacia atrás no es digno del Reino de los Cielos”. Recuerdo que esto también le gustaba repetir al P. Lojoya (†), y especialmente nos lo dijo el día de San José, un 19 de marzo de 1984, antes de que viajásemos a San Rafael para la fundación de nuestro querido Instituto. Lo escuché, además, decirle a un buen sacerdote que se iba a la Cartuja: “recordá querido que el que desenvaina la espada no la vuelve a enfundar hasta después de acabar la batalla”… ¿será esto utopía?

Despedida de Argentina, San Rafael y Jujuy (Palpalá)

En diciembre del 2017 visité San Rafael y tuve la gracia de concelebrar en las Ordenaciones y de encontrarme con muchos misioneros. Desde allí me fui a mi querido Jujuy, para despedirme antes de regresar al Norte de Holanda y luego a mi nuevo destino.

Tuve la gracia de celebrar mis 27 años de sacerdocio el 8 de diciembre. Fue una buena oportunidad para hacer memoria de mis Bodas de Plata Sacerdotales, celebradas en el 2015 y que no había podido todavía festejar en Palpalá, donde crecí y estudié hasta el tercer año de la escuela técnica. Fue una gracia grande poder reunir a mis familiares y amigos de infancia. También tuve la ocasión de reunirme con mis ex compañeros y celebrar los 40 años de egresados de la escuela primaria, General Savio de Palpalá. Esta ciudad ahora es muy conocida para nosotros, por las misiones populares del IVE, que se están realizando con muchos frutos. Este año, por primera vez se están predicando allí los Ejercicios Espirituales de San Ignacio.

Preparación próxima y arribo a la misión

Regresé a Holanda desde Argentina el 12 de diciembre de 2017, en compañía de mis primos y de mi sobrina, para hacer con ellos una peregrinación a Roma y a otros lugares. He tenido la gracia inmensa de rezar ante la tumba de San Juan Pablo II y pedirle a él y al Príncipe de los Apóstoles, San Pedro, que me acompañasen en la nueva aventura misionera que inmerecidamente se me confía fundar.

Las Islas Salomón, ubicadas en el Océano Pacífico, son muy conocidas por la Historia de la “Guerra de Guadalcanal”, en la Segunda Guerra mundial. Desde el Norte de Holanda me esperaban 42 hs. de viaje, incluyendo esperas y envío de equipaje en cada aeropuerto, con la consabida paga de sobrepeso, conexión de vuelos, etc. etc. El itinerario fue el siguiente: Ámsterdam (Holanda), Jakarta, (Indonesia), Singapur… En Singapur de nuevo todo el trajín de las maletas, la espera y pago de sobrepeso… allí me acordé de San Francisco Javier y del consejo de Nuestro Señor, de no llevar nada para el camino…. y empecé con todo el dolor del alma a despojarme en el camino de algunos preciosos bienes que traía arrastrando desde que estudié en Roma ¡y que tuve conmigo 10 años en la valija en África!

Desde Singapur hasta Port Moresby (Papúa Nueva Guinea), desde allí a Honiara, Capital de las Islas Salomón. Debido a los cambios de horarios, tuve que dormir dos noches volando en dos aviones…. Cuando aterricé en Honiara el 5 de enero…. realmente, este Coya no sabía, ni tenía idea de cómo y a dónde había llegado…. y todavía me faltaba llegar a la Isla de Gizo, a donde recién llegué el 9 de enero (desde Honiara hasta la Isla de Gizo hay dos horas en avión, aunque se puede hacer también en bote, lo cual implica 24 horas en medio del Océano…).

Una vez más me esperaban las sorpresas, pues al llegar a mi destino, me encontré con que todavía tenía que navegar MAR ADENTRO unas 5 horas más o volar en avioneta para dos personas durante 40 minutos, para llegar a las Islas de Guagina o Wuagina, que se encuentran cerca de la Isla larga de Choiseul…. A esta Isla, que es ahora toda nuestra para evangelizarla, se la ve desde el aire como una hojita de árbol flotando en un gran lago. Llegué por fin a mi destino el 13 de enero. Total: 10 días y en 6 aviones ¡creer o reventar!

Muy queridos padres, seminaristas, hermanas, familias de la Tercera Orden y demás amigos: va para ustedes esta introducción de la nueva fundación en medio del Océano Pacífico, en las Islas Salomón, en la diócesis de Gizo, la Misión de Guagina… en la Provincia de Choiseul. Les informo que estoy en medio de un grupo de inmigrantes KIRIBAS, de la Isla Kiribati (para mi sorpresa los Kiribas tienen mucho parecido con los jujeños, ¡sí!). Ellos son lo que fundaron esta Isla, en medio del Océano. Viven aislados de todo y de todos, por lo tanto deberé aprender dos lenguas, el Pidyin y el Kiribas: el inglés se usa muy poco.

Dejo para el próximo capítulo de esta crónica la llegada a Honiara, el encuentro con el actual arzobispo de Honiara, con el arzobispo emérito y la misión salesiana de Tetere que me dio hospedaje antes de seguir vuelo a Gizo. También prometo contarles el último tramo en avioneta de Gizo a Wauagina, como copiloto del Obispo Mons. Capelli… hasta cierto punto en que, para sorpresa del obispo, yo mismo piloteé durante 20 minutos para llegar a la misión misma desde donde escribo esta crónica.

En Jesús y María, Madre del Verbo Encarnado, un saludo grande a todos desde las Islas Salomón, que tanta necesidad tiene de aventureros por Dios y su Santa Madre.

Desde las miles y miles Islas del Pacífico Azul.

P. Rubén Ángel (Coya) Quisver, IVE.

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