Bajo el lema: El sacramento del matrimonio, don de Cristo para cimentar la familia

Los parroquianos del Huerto, que a veces podrían sentir que su párroco y también maestro de novicios no tiene todo el corazón para ellos, muchas otras veces me han dicho y subrayado el bien que hace el Noviciado a la Parroquia y a todos los laicos: “somos privilegiados, porque ¿qué otra parroquia tiene en su seno una comunidad religiosa rica y floreciente, como tiene la nuestra?”.

Por eso, al escribir algo sobre la Jornada de las Familias aquí, lo primero que deseo es dar gracias a los miembros del Instituto del Verbo Encarnado, en particular, a los novicios, bedeles y postulantes, a las Servidoras de todo Chile y a los otros sacerdotes religiosos (Pp. Formigo, Pizarro, Cano, Ramirez, Buezas). En total sumamos 37 religiosos. También ayudaron varios de la Tercera Orden. Especiales gracias porque supieron generosamente hacer frente a la ola de gente que se nos vino encima en muy pocos tiempo, para el día de Cristo Rey. Y los frutos de esta caridad que tuvieron son notables. Nuestro fundador decía que para que Dios de frutos hay que dar todo de nuestra parte, matarse… y eso hicieron ellos. Por eso, ¡gracias!

Este año cambiamos el lugar de la que llamamos nosotros Fiesta de la familia chilena; y ese fue –humanamente hablando- el motivo que atrajo tantas y tan variadas familias. Un lugar prestado[1] en el campo, a 30 minutos de la ciudad, al sur[2]. Los días previos empezamos a ver que no daríamos abasto: faltaban 3 días y ya teníamos 6 buses llenos (300 personas) y varias familias que irían por su cuenta. ¡Más comida! ¡Más mesas! ¡¿Y de dónde sacamos más sillas?! ¡Se anotaron 15 más de Las Condes! ¡Fulano viene con 10 invitados… y mengano mandó un WhatsApp preguntando si podía traer muchos invitados… no sabe decir cuántos!

La respuesta generosa de los religiosos se hizo manifiesta en la ejecución victoriosa de las actividades. La ola rompió en la Casona de Águila Norte en el momento del almuerzo: fue el cénit. Se querían sentar a almorzar 450 personas y teníamos dispuestas solo mesas y sillas casi para 400. El servicio corría buscando hasta los bancos del parque hermoso que rodea la antigua Casona de la familia del primer gobernador instituido en Chile por el Primer gobierno patrio (18/9/1811), Mateo de Toro y Zambrano. No había más sillas, ni para que el guitarrista apoyara el pie, al momento del fogón. Pero, gracias al aplomo y generosidad de los novicios y las monjas, todo el mundo fue finalmente atendido y disfrutaron muy familiarmente. Tal vez estas dificultades sobrellevadas por todos aportaron ese clima tan familiar y de unión que se palpó notablemente.

Hubieron dos conferencias: El Dr. Sergio Domínguez (acompañado por su mujer Teresita Rojas, tía del P. Mario Rojas) y el P. Marcelo Cano. El primero tituló su charla “El rol educador de los padres en la familia, en las enseñanzas de la Iglesia”; y el segundo habló de “la crucifixión de Jesús según la Sábana Santa, el V Evangelio”. Ambas fueron de mucho provecho y todavía la gente nos comenta el bien que le hicieron. En el fogón, además de los cantos, sorteamos 4 cuadros hermosos de la Sagrada Familia que habíamos armado. Uno de Rafael[3], dos de Murillo[4] y el cuarto de Gerry van Honthorst[5]. La gente que los ganó estaba rebosante de alegría por el valor del regalo y porque embellecería cristianamente se hogar. La Misa fue hermosa, con una fervorosa participación de todos: los Huasos de la Parroquia del Huerto hicieron una promesa a la Virgen (los mismos que habían ido con sus caballos a brindar una espectáculo después del almuerzo), se impusieron los escapularios a la gente, y más de 30 matrimonios de nuestras parroquias renovaron el consentimiento matrimonial (fue el momento de más emoción). Muchas confesiones y consultas. Y participaron una decena de fieles de Huintil, que generosamente los padres Formigo, Pizarro y Ramirez fueron a buscar y luego llevaron de vuelta.

Creo que Jesús, que da el querer y el obrar (Filip 2, 13), ha hecho un gran bien a esta pequeña porción de Chile a través de nuestro noviciado y nuestra familia religiosa. Somos una gota en el mar de la Iglesia, pero Dios nos puso y –consecuentemente- nos necesita. ¡Ánimo y levantemos la cabeza!

Gonzalo Gelonch Villarino.
Instituto del Verbo Encarnado

 


[1] Otra vez, una gentileza del Sr. Alfonso Avendaño.

[2] https://www.google.cl/maps/@-33.8722555,-70.7553709,275a,52.2y,3.73t/data=!3m1!1e3

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Sagrada_Familia_del_cordero

[4] http://es.wahooart.com/@@/8EWCP6-Bartolome-Esteban-Murillo-La-Sagrada-Familia-con-San-Juan-Ni%C3%B1o y https://es.wikipedia.org/wiki/Sagrada_Familia_del_pajarito

[5] http://pensaipinta.blogspot.cl/2009/03/gerard-van-honthorst-infancia-de-cristo.html

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