Monasterio-Santo-SepulcroQueridos todos:

Por gracia de Dios, en febrero de este año se ha dado inicio a la fundación de este monasterio en Alcoy (Alicante), diócesis de Valencia. Se trata del Monasterio del Santo Sepulcro, fundado a finales del s. XVI por el Arzobispo de Valencia, San Juan de Ribera, Casa madre de las Agustinas Descalzas. En este mismo lugar estaban emplazadas las dos viviendas donde se verificó el “hallazgo del robo sagrado” y el “milagro del Jesusset”, como ya les hemos contado en una crónica anterior.

Nuestra vida, desde que llegamos, ha sido un aluvión de gracias. Ser las huéspedes privilegiadas del Dueño de casa, el Niño del Milagro, quien desde su alto pedestal, en la Capilla del Santísimo, nos observa constantemente, es, sin dudas, la mayor de todas. También ha sido una hermosa sorpresa la acogida espontánea, familiar, generosa, de este pueblo alcoyano en cuya historia nos hemos visto sumergidas desde que llegamos, ya que este monasterio, de más de cuatro siglos de antigüedad, es un archivo viviente.

Santo-Nino-Milagro-AlcoyEn esta crónica queremos contarles una de las fiestas más tradicionales y antiguas de esta hermosa ciudad. Y es que este pueblo, de intensa vida social y cultural, va, literalmente, “de fiesta en fiesta”.

La historia

San-Jorge-aparicionLos inicios de Alcoy (El Col, El Coyl, Alcoyll, hasta llegar al nombre actual) están envueltos en la oscuridad, así como también la llegada del Evangelio. Sin embargo, se sabe con certeza que ya en el año 1253, Alcoy era una villa de cierta importancia y muy próspera, con muros, iglesia, alquerías, etc. Reconquistada en ese año por los aragoneses de manos de los moros, había obtenido del Rey Jaime I El Conquistador, el privilegio de no tener “morerías” en sus términos, lo cual nos habla de una fe bien sólida y arraigada. En el año 1276, Alazarch, un poderoso caudillo musulmán, al mando de 60.000 combatientes, auxiliado de otros renombrados jefes moros, con refuerzos de tropas granadinas y berberiscas, se dirigió a Alcoy, en donde no había más defensa que cuarenta soldados de caballería enviados por Don Jaime I, además de la gente de la villa. Al amanecer del 23 de abril, mientras todo el pueblo se encontraba en la iglesia, como era costumbre, participando de la Misa, el ejército moro atacó por una de las puertas de la muralla, intentando entrar. Toda la feligresía, con el celebrante revestido a la cabeza, salió con lo que encontró a mano a defender la villa. Entonces todos –moros y cristianos—vieron, sobre las almenas de los muros, un caballero armado en un caballo blanco, con una cruz roja sobre el pecho y rodeado de ángeles que cantaban un canto triunfal. Los moros, por experiencia de otros reencuentros, reconocieron que era el que ellos llamaban “Hualí” en su lengua, para nosotros San Jorge Mártir[1]. Ante esta visión, los moros quedaron aterrorizados y fueron vencidos, a pesar de la enorme diferencia numérica.

iglesia-San-JorgeAnte una victoria tan portentosa, sellada con tal intervención celestial, los alcoyanos votaron unánimemente a San Jorge Mártir como Patrono primario de la villa y le prometieron levantar, en el mismo lugar de la aparición, un templo en su honor, celebrando a perpetuidad cada año, para esa fecha, su patronazgo.

Pocos años después, el 21 de abril de 1284, con ocasión de la visita del Rey Don Pedro I de Valencia y III de Aragón a la villa, y aprovechando la proximidad de la conmemoración de la aparición del insigne mártir, propusieron alargar la fiesta en honor de San Jorge, representando la batalla sostenida con los moros para la conquista de Alcoy. Para eso, se creó una Junta, encargada de recaudar fondos, organizar los festejos, y distribuir los distintos oficios para su desarrollo. Así nació la que hoy conocemos como “fiesta de moros y cristianos”.

“Moros y Cristianos”

Con el paso de los años, la fiesta de San Jorge o “moros y cristianos” fue tomando un cariz más complejo, y lo que “comenzó siendo escuetamente religioso y regido por la autoridad municipal, acabó por pasar a manos de los propios actores, de la organización festera”[2] (la Junta de San Jorge) con su Reglamento, Libro de Actas, Capítulos de directores para rendición de cuentas, balance de la fiesta y proyección de la próxima, etc.

También la conformación de ambos “ejércitos” fue evolucionando. Al ir aumentando –con los años—el número de personas que querían participar de los “bandos”, éstos se fueron dividiendo en comparsas o “filadas”, (“filàes” en valenciano), con un nombre que los identificaba, tomado del color, del material o de alguna prenda de su uniforme, del nombre o apodo de su fundador, de alguna región o ambiente medieval, etc. Por ejemplo, del Bando Cristiano: Filà de los Asturianos, de Capellanes, del Sit, de Tomasinos, de Romanos, de Andaluces, de Monasillos, de Defensores de Alcoy, de Granadinos, de Guerreros, etc. Del Bando Moro: Filà de Moros, de Sultanes, de Lana, de Seda, de Cordones, de Miqueros, etc.

Fila-CristianaPor otro lado, como en toda fiesta, no puede faltar la música ¡y mucho menos aquí! Hoy día, cada “filà” tiene su banda de música, algunas muy prestigiosas por su antigüedad, con muchos miembros y muy variados instrumentos.

Actualmente, “Moros y Cristianos” de Alcoy es considerada “de interés nacional”, aunque lamentablemente, para muchos estas fiestas ya han perdido su sentido religioso primigenio y no pasan de ser un espectáculo… Vienen de toda España a verla, incluso de otros países. Algunos alcoyanos pertenecientes a las “filaes”, residentes en el extranjero, vienen a su pueblo natal para participar de la fiesta.

Fila-CristianaLos festejos duran tres días, 22, 23 y 24 de abril, con las “entradas” solemnes de ambos bandos y “público paseo” (desfile) en el primero, procesiones al Santo en el segundo, y batalla de arcabucería y escaramuzas ante el castillo el último día. Este esquema es fijo desde mediados del 1700.

Desde varios días antes, todo el centro histórico comienza a vestirse de fiesta, con arcos de luces cruzando por encima de las calles por donde desfilarán las “filàes”, se levanta el castillo donde se hará el simulacro de batalla, y durante dos o tres días se realizan los ensayos, donde se empiezan a acostumbrar los oídos a los disparos de salva, las bombas de estruendo y las bandas musicales. También comienzan a verse hombres, mujeres y niños, de todas las edades –incluso bebés– vestidos con los distintos atuendos según la “filà” a la que pertenecen (generalmente, la pertenencia a una “filà” viene por tradición familiar). En los horarios de los ensayos, la calle se llena de gente que, vestida de etiqueta, se acomoda para ver el paso de las “filàes” con sus bandas musicales (van caminando todos al mismo paso, según el ritmo de la música que van tocando… un gran desafío a la coordinación). Una vez que termina de pasar la última “filà”, el gentío se dispersa y en pocos minutos no queda nadie y se reanuda el tráfico normal de vehículos… Esto sucede varias veces cada día.

Estos versos, compuestos por un alcoyano en 1876, nos dejan entrever el entusiasmo y el gozo con que se han vivido estas fiestas:

fila-mora“¡Alcoy! ¡Alcoy! ¡Querida patria mía,
cuán seductora estás! Engalanada
como joven y bella desposada
en el que fue su más ansiado día:
Tus hijos todos luchan a porfía
para hacer tu beldad más encumbrada
para hacer que parezcas mágica hada
que llene de ilusión su fantasía.
Razón tienen. Del Mártir valeroso
que sobre el muro defendió tu fuero
la memoria celebran; con el gozo
el pueblo late y bulle placentero;
¿y cómo su entusiasmo no ser tanto
siendo tú la Ciudad y Jorge el Santo?”

Pero hay un detalle que merece ser notado: se trata de los balcones, infaltable elemento de la arquitectura del “casco histórico” de esta ciudad, y en estas ocasiones, muy útil y muy codiciado para poder ver cómodamente el paso de las comparsas. Para estas fiestas, se alquilan, como se alquila un coche o un departamento… Desde nuestras ventanas podíamos ver cómo se llenaban de gente bien trajeada, incluso desde los primeros ensayos. Como dice la conocida expresión, esta fiesta es ¡“para alquilar balcones”!

fila-moraLos tres días

“Llega de Abril el suspirado día,
que la Ciudad con impaciencia espera
y a impulsos de la hermosa primavera,
inúndase el ambiente de alegría.

Brilla en los rostros todos a porfía,
el entusiasmo de piedad sincera;
y en torno de simpática bandera,
La multitud gozosa se extasía.

¿Qué sucede? ¿Qué es? ¿Por qué aparece
la población de Alcoy engalanada,
proscrito de su seno todo encono?

¡Ah!, es que piadosa con amor ofrece,
de gratitud profunda transportada,
sus más brillantes fiestas al Patrono”.

La fiesta da inicio, muy temprano, con la reunión en una plaza cercana a nuestro monasterio, donde se entona el himno de la fiesta, y una función de fuegos artificiales (la “mascletà”) que la gente celebra con gritos de entusiasmo. Luego, cada día comienza con la “diana”: a eso de las 6 am, Alcoy se despierta al son del clarín, varios disparos atronadores, y luego música de las bandas.

El primer día está dedicado a las “entradas” de las filàes, primero las moras y luego las cristianas, cada una con su banda musical, entre bombas de estruendo y aclamaciones del pueblo y de innumerables turistas, todos vestidos de gala. Aquí en nuestro monasterio se impone cambiar el horario de la misa, porque como nuestra calle es parte del recorrido del desfile, se corta el tráfico y no se puede acceder a la iglesia. Pero, además, el bullicio y la música es tal que hace imposible el desarrollo normal de la liturgia… y de cualquier otra cosa.

Santo-Patrono

San-Jorge-procesionEl segundo día es el traslado de la imagen y la reliquia (un dedo) de San Jorge, desde su iglesia hasta la Parroquia Santa María (nuestro monasterio está flanqueado por ambas). Pero antes de esta procesión, tiene lugar un acto muy significativo y tradicional: la presentación y consagración de “san Jorgito” al Niño del Milagro. Se trata de un niño, en edad de Primera Comunión y elegido por sorteo entre varios propuestos por sus padres, que, vestido de San Jorge, se presenta ante nuestro Niño de Alcoy (en nuestra iglesia) y, en representación de todos los niños de Alcoy, se consagra a Él. En recuerdo de esta consagración, las hermanas del monasterio le entregamos una gran medalla del Niño. Luego de este rito, tiene lugar la procesión, en la que participan los “festeros” (los miembros de cada “filà”), las distintas cofradías parroquiales, los sacerdotes de la ciudad y las autoridades civiles y fuerzas del orden (con su banda musical).

cristiano-conquistar-castilloY llegamos al tercer día… con grandes expectativas de nuestra parte, porque algunos allegados a la comunidad nos habían venido preparando con comentarios y sugerencias más o menos inquietantes: “¿Y? ¿Ya habéis conseguido los tapones para los oídos? Porque tendréis la batalla en vuestra puerta”. Y la verdad es que no exageraban. Durante todo el día, con algunas pocas horas de descanso al mediodía, hasta el caer de la tarde, nuestra casa fue parte del escenario de la lucha entre el bando moro y el cristiano por conquistar el castillo. Durante la mañana, el bando moro lo asedia y hacia el mediodía lo toma, enarbolando su bandera, mientras el bando cristiano se retira, derrotado, calle abajo, derrochando artillería. Después del mediodía, el bando cristiano sube nuevamente por nuestra calle hacia el castillo, entre arcabuzazos y bombas, para recuperar su fortaleza, mientras los moros van retrocediendo. Son largas horas de constante tiroteo y bombardeo, durante las cuales el único alivio es saber que son puro estruendo y que es sólo por ese día…

cristiano-conquistar-castillo-1Por la noche, luego de la victoria, se vuelve a su templo la imagen y la reliquia de San Jorge, desde la Parroquia Santa María, con la última procesión de la fiesta (y último desfile de las filaes). Después, todos se reúnen en la plaza donde se inició la fiesta, cantan el himno y se tiene la última función de “mascletà”, que nosotras pudimos contemplar desde nuestra terraza.

Termino esta crónica –perdón por lo extensa—con unos versos de Eugenio Moltó, un poeta alcoyano del siglo pasado, enamorado de su pueblo y de sus fiestas:

castillo-espanaA San Jorge

El ave canta y abandona el nido,
alumbra el sol y se hunde en el ocaso
y de la luna el resplandor escaso
muere también del día en el albor.

Todo en la vida se huye, todo pasa,
las horas tristes y los gratos días,
las más puras y dulces alegrías
se anegan en las ondas del dolor.

Quiera Dios que estas santas expansiones
de un pueblo fiel a su brillante historia
no se borren jamás en la memoria
de mi Patria que canta tu favor.

Quiera Dios que a través de las edades
en que toda existencia halla su tumba
nunca la fe en tu protección sucumba
y resplandezca con igual fulgor.

¡Que Dios los bendiga!

En Cristo y María,
Hna. María del Espíritu Santo


[1] “El haber sido soldado San Jorge dio ocasión a que la gente de guerra le invocase contra sus enemigos, y fomentóse esta devoción con varias apariciones que del santo se refieren en algunas batallas, dejándose ver armado peleando en favor de los fieles. En España especialmente, tenemos de esto ejemplos en que convienen nuestros historiadores. En la batalla que el rey Pedro I de Aragón dio en los campos de Alcaraz a los moros de Huesca por los años de 1095, apareció San Jorge a caballo, y peleó en defensa de los cristianos, hasta que por ellos se declaró la victoria. El rey, en memoria de este singular beneficio, mandó reedificar con magnificencia en aquel mismo sitio el templo de San Jorge antes citado, el cual se había conservado por los cristianos mozárabes que vivían en Huesca sujetos a los moros de aquella ciudad; y desde entonces quedó el glorioso San Jorge jurado y votado por patrón de los reyes aragoneses, y apellidado en sus guerras. No pasaron muchos días sin que con obras confirmase San Jorge el amor con que amparaba aquel reino; porque en el año 1096, en la batalla que el dicho rey Don Pedro y el Cid tuvieron en Valencia con el rey moro Buscar, se halló también San Jorge por los cristianos. Lo propio hizo por dos veces en tiempo del rey Don Jaime el Conquistador. Fue la una en la batalla que se dieron sus capitanes que estaban en frontera en el castillo de Puig de Enesa, y el moro Zaen, rey de Valencia. La otra fue en el sitio que Alarazarach, general de los moros, puso a Alcoy…” (Año Cristiano, de Croisset, SJ).

[2] Todos los datos históricos están tomados de “Historia de los moros y cristianos de Alcoy”, Julio Berenguer Barceló, Alcoy 1974.

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