Detrás del telón de acero, en aquellas crudas épocas de persecución religiosa, un obispo clandestino decía:

«Aprendimos que la tarea principal de la Iglesia no consiste en la predicación, la enseñanza, la construcción de iglesias y en el logro de éxitos, sino en el sufrimiento. Porque todavía ahora el Señor quiere sufrir en su Cuerpo místico por la redención del mundo»[1].

Estas son pocas palabras que dicen mucho, y expresan la razón última del porqué de las persecuciones: el misterio de la cruz. Sabemos bien que la persecución es una gracia…: nos asemeja a Nuestro Señor y nos permite completar lo que falta a la Pasión de Cristo (Cfr. Col 1, 24). Pero la persecución exige fortaleza y firmeza en la fe, en la gracia. No siempre es fácil sobrellevarla… ¡Cuántos son los cristianos que sufren sinfines de males! ¡¿Cómo poder soportarlos con ánimo entero y alma serena sin una gracia especial?!

Hoy en día la persecución a los cristianos no cesa ni se mitiga. Los mártires del ayer, de los primeros siglos de la Iglesia, han sufrido lo mismo que los mártires del hoy, del Medio y del Extremo Oriente, y de la misma África. Y los que hoy, día tras día, son perseguidos a causa del nombre de Cristo necesitan también, como aquellos del ayer, tener el coraje de no negarle. Coraje que es una gracia, por la cual hay que pedir y suplicar: ¡Que no seamos, Señor, capaces de negarte!

Tenemos entonces, necesidad de pedir y suplicar por aquellos que son perseguidos a causa de la justicia (Cfr. Mt. 5,11), para que tengan la valentía y la fortaleza de cumplir con el deber de dar testimonio de la fe.

Quiere entonces esta pequeño escrito contar cómo lo hacemos acá en Lipá, Filipinas.

*    *    *

En día 13 de enero de 2011, el p. Buela, nuestro fundador, visitó personalmente al Cardenal Zen durante una de sus estadías en Hong Kong. Después del almuerzo y mientras recorrían las calles de Hong Kong, el Cardenal comenzó a cantar de repente e inesperadamente el introito de la Misa del domingo de Sexagésima, o sea el salmo 44, 24-26, el cual reza así:

«Exurge, quare obdormis Domine?
Exurge, et ne repellas in finem:
quare faciem tuam avertis,
oblivisceris tribulationem nostram?
Adhaesit in terra venter noster:
exurge, Domine, adjuva nos, et libera nos».
«¡Despierta! ¿Por qué duermes, Señor?
¡Levántate! No nos rechaces para siempre.
¿Por qué escondes tu rostro y
te olvidas de nuestra tribulación?;
Nuestros vientres están pegados a la tierra.
¡Levántate! Sé nuestra ayuda y
líbranos.»

Es este el motivo por el cual aquí en nuestra casas de formación de Lipá, todo los días, después de la Adoración y cuando se reserva al Santísimo, cantamos el «Exsurge», pidiendo por todos los cristianos perseguidos, en especial por aquellos que son más cercanos a nosotros, para que Dios no sólo los libre del yugo de la persecución, si esa es su voluntad, sino también para que les dé la fuerza de sobrellevarlo.Y el p. Buela termina contando el epidosio de este modo: «Se nos ponía la carne de gallina. Pensaba que podría ser nuestro himno para pedir por el tema y por todos los perseguidos por causa de Cristo»[2].

Quieren entonces estas breves líneas proponer y motivar a otros a hacer lo mismo. De tal modo que a lo largo de nuestra misiones y a lo ancho de nuestras casas se entone este himno, aconsejado por nuestro fundador, como oración por los que son perseguidos a causa del nombre de Cristo, para que su fe no decaiga.

El gregoriano, que aquí cantamos, dice así:

Hay también una versión en inglés editada y preparada por el P. Andrés Ayala, IVE, y asimismo otra en chino, preparada por la Hna. María de los Dolores, SSVM.

Quiera Dios hacer que muchos otros se unan a esta oración diaria por todos aquellos que son perseguidos a causa del nombre de Cristo, por aquellos que no contrarían lo que es Bueno y Recto permaneciendo firmes en sus principios, fieles a sus tradiciones y constantes en el servicio de la Verdad.

Sem. Bernardo Ma. Ibarra

Lipá, Filipinas


[1] Citado por Werenfried Van Straaten, Dios llora en la Tierra, Madrid, BAC, 1975, p. 225.

[2] P. Carlos Buela, Circular del viaje a Hong Kong, Taiwán y Filipinas, Enero de 2011.

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