A veces pensamos en la Adoración al Santísimo Sacramento y la relacionamos con aquel momento tan doloroso, la noche del Jueves Santo, cuando Jesús no tuvo la compañía espiritual de sus Apóstoles en el jardín de los olivos y viene a nosotros la frase No habéis podido velar conmigo una hora y quizás, más de una vez, hemos tenido la misma experiencia de los Apóstoles: nos hemos dormido, material o espiritualmente y hemos tenido que bajar la cabeza avergonzados por no haber podido consolarlo.

En estos días hemos recibido una gracia muy grande, la de poder organizar “40 horas de Adoración por los sacerdotes”. Por gracia de Dios Jesús no estuvo solo ni por un momento durante esas 40 horas y los adoradores ¡estaban despiertos! Hemos visto a Jesús consolado por sus fieles y no podemos dejar de dar gracias a Dios por esos momentos tan hermosos.

Les cuento cómo Jesús mismo organizó la celebración de la solemnidad de Cristo Rey. A principio de noviembre recibimos la carta de nuestra Superior General, la M. María Corredentora, en donde nos invitaba a colaborar con el Proyecto de oración de las 40 horas. Al mismo tiempo supimos que nuestras hermanas del Monasterio de Alcoy, España, habían empezado con Adoración perpetua y conversábamos en comunidad sobre qué hermosa iniciativa y qué lejana de nuestras posibilidades…

Pero varios pequeños signos coincidieron en esos días: una señora dijo que tenía un grupo de oración y les gustaba hacer vigilias nocturnas, una de las hermanas del Monasterio de la Preciosísima Sangre, donde nosotras vivimos, me contó que las 40 horas son una práctica de su Instituto y un sacerdote diocesano que vino a celebrarnos Misa me dijo: “hay que hacer algo que mueva los corazones, ¿no has pensado en las 40 horas?”, “Claro que lo he pensado pero ¿cómo lo voy a hacer?”, era mi respuesta interior… y le presenté una lista de contras: ¿cómo voy a tener gente para esto si apenas tengo 20 personas en la Misa dominical? ¿Cómo puedo dejar la iglesia abierta durante toda la noche en Brooklyn?, ¿Cómo voy a conseguir permiso para tener la iglesia abierta?

“Mi iglesia está abierta día y noche…, hay que conseguir que vengan las parroquias… y si le preguntas al obispo si le gusta la idea no vas a tener problema para conseguir el permiso” me dijo el sacerdote… Entonces desafié al sacerdote a ser el primero en venir con su gente.
Teníamos dos fechas en mente, Cristo Rey o el primer domingo de Adviento. Le expliqué a la secretaria del Obispo la idea y las posibles fechas, unos poquitos días después llamó para decirnos que el Señor Obispo estaba muy contento y que podía venir el domingo de Cristo Rey.

Así fue que, en un abrir y cerrar de ojos, las 40 horas estaban organizadas en una solemnidad tan relacionada con el sacerdocio. Y no faltó ni la gente ni la autorización para abrir la iglesia durante la noche, las monjitas de la Preciosísima Sangre de 84 y 96 años me dijeron respectivamente: “yo estoy totalmente a favor de esto” y la otra dijo “yo estaba pensando que hay que hacer algo, si no hay sacerdotes Dios solo nos mira desde el cielo”. Ellas también se sumaron al grupo de adoradores. Las 40 horas comenzaron el viernes 22 de noviembre con la Santa Misa celebrada a las 19.00 hs. y concluimos el domingo de Cristo Rey con la Misa en la mañana.

En cuanto a números, calculamos que unas 120 personas visitaron esos días el monasterio y todos acompañaron a Jesús por más de una hora. De hecho, algunas personas se destacaron en generosidad, hubo quienes pasaron las horas más difíciles de la noche desde las 22.00 o 24.00 hs hasta las 5.00 de la mañana. Otros se levantaron a media noche y manejaron al menos 20 minutos para llegar. Un grupo más grande, el día de la apertura, vino desde las 19.00 y estuvo hasta las 24.00 con su sacerdote. A ellos podemos referir las palabras de San Bernardo: “Levántate durante la noche, al comienzo de la vigilia, y derrama tu corazón como el agua delante del Señor” (Lm 2, 19). ¡Con qué seguridad la oración sube durante la noche, cuando sólo Dios es el testigo de ella, juntamente con el ángel que la recibe para ir a presentarla al altar celestial! Es agradable y luminosa, teñida de pudor. Es tranquila, apacible, cuando ningún ruido, ningún grito viene a interrumpirla. Es pura y sincera, cuando el polvo de las preocupaciones de la tierra no la puede ensuciar.”
Durante estos días se intercalaron oraciones, tiempos de silencio y el canto de las horas litúrgicas. El sábado a las 3 de la tarde se rezó la coronilla de la divina misericordia y hubo confesiones.

El Señor Obispo llegó el domingo temprano para dar la Bendición Eucarística. Luego, celebró la Santa Misa con gran solemnidad. En la homilía explicó la institución de la Solemnidad y nos exhortó con palabras de los Papas a trabajar por la instauración del reinado de Cristo en este mundo y en el futuro. Al finalizar la Santa Misa dirigió la oración de “Consagración del género humano a Jesucristo Rey del universo” compuesta por Pío XI y que concede indulgencia plenaria a quienes la rezan públicamente en dicha solemnidad.
Demás está decir la alegría que experimentamos al ver tanta gente acompañando a Jesús y a sus sacerdotes. Al evaluar si volveríamos a hacerla y preguntarnos si seríamos capaces de mantener una actividad que requiere levantarnos dos noches seguidas por turnos, la respuesta unánime de las hermanas fue: “¡Sí! ¡es sacrificado, pero vale la pena!”Realmente vale la pena. Tanto de día como de noche, Jesús quiere la disposición de nuestro corazón para unirnos a sus sentimientos de reparación, petición, acción de gracias y adoración. En nuestra Iglesia, en el lugar destinado a la custodia leemos El maestro está aquí y te llama (Jn 11, 28). ¿Qué mejores palabras para aplicar a la Eucaristía? Acudamos con prontitud como María al encuentro de Jesús.

Les pedimos oraciones para que podamos continuar con estas adoraciones.

En Jesús y María,
M. Maria del Redentor
Monasterio Santa Edith Stein (USA)

 

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