Carta abierta a mis compañeros con motivo de su profesión perpetua…

14 de noviembre de 2013, Monasterio de El Pueyo, Barbastro, España.

Seminario Mayor “María, Madre del Verbo Encarnado”, ceremonia de votos perpetuos, 16 de noviembre de 2013.

Mis muy estimados compañeros:

Con gran alegría recibí la noticia de que harían los votos perpetuos este próximo 16 de noviembre, con mucha alegría, sí, aunque no sin un dejo de cierto gustito amargo en el alma por la distancia física que nos separa en este hito tan principal de nuestra vida consagrada. Me imagino que me hubiese tocado postrarme en el lado izquierdo de la nave central de la Iglesia, ahí a los pies de nuestra Mater Lacrimosa, y como no podía ser de otro modo, al lado de “el  Ale”. Más de una vez he dejado divagar mi imaginación figurándome la tan esperada postratio, y no menos veces se me ha “piantado un lagrimón” al ver a otros hacerlo palpitando el momento que a mí me tocase.

Que más da, no nos metimos en el baile para hacer lo que más nos gusta o lo que hemos planeado e imaginado, sino aquello que el Padre eterno a previsto para nosotros desde tiempos inmemoriales según el beneplácito de su divina voluntad. Aunque, misticismo aparte debo confesar que mi orgullo ha sufrido un leve pinchazo por el hecho de que harán los votos 28 días antes que nosotros.

Solo quería expresarle, si bien no sea más que pobremente, la enorme admiración y aprecio que siento por ustedes. Desde que los conozco no han dejado de ser para mi ejemplo e inspiración en muchas cosas y más ahora en este momento en el que se aprontan a rubricar voluntariamente vuestra propia sentencia de muerte, sobre el ara donde Cristo mismo se inmola por amor a nosotros día tras día. Elijen ser víctimas a imitación de la suprema Víctima, hostias vivas por vuestra salvación y por la de las almas, ¡Morir en vida!… ¡Están completamente locos!… ¡Corriendo desaforadamente tras las ensangrentadas huellas de otro Loco! Y ante esto no atino más que a aumentar aún más mi admiración y aprecio por ustedes.

Solo deseo para ustedes la misma convicción que tenía el beato Aurelio Boix, (monje de este monasterio y mártir de Cristo Rey un mes después de su profesión perpetua), de que martirio y vida religiosa no solo son sinónimos sino que son una misma cosa, lo que lo llevó a expresar en carta, escrita desde la prisión, a su hermano: «En poco tiempo ¡Que dos gracias tan señaladas me concede mi buen Dios! ¡La profesión, holocausto absoluto… el martirio, unión decisiva a mi Amor! ¿No soy un ser privilegiado?».

Pido a María Santísima, Nuestra Señora de El Pueyo, madre, guía e inspiración de mártires y consagrados, les conceda la gracia de que en vuestro corazón no disminuya nunca la llama que los purifica y consume como oblación de agradable aroma a Dios.

 Un fuerte abrazo, unidos en Cristo y su dulce Madre.

 José Ignacio de los Ángeles, IVE

un monje de El Pueyo

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