Hace 2 años comenzamos con una escuela de verano en el Cairo, con el objetivo de aprovechar las vacaciones, de modo que fuesen éstas un tiempo de formación en donde las niñas y las jóvenes pudieran aprender cosas que les fueran útiles y desarrollar sus dones en circunstancias especiales, haciendo de las vacaciones una verdadera escuela de virtudes. Inicialmente esta actividad era para las niñas y adolescentes del hogar “Divino Niño”, pero este año decidimos también sumar a las niñas discapacitadas del hogar “Beata Caterina Troiani”.

Dividimos al “popolo fedele” en dos equipos, que tenían como patrones a los Papas Juan XXIII y Pio X. Estos grupos favorecieron a la organización de la escuela, ya que los puntajes de por medio emulaban a todas a hacer lo mejor posible las cosas y permitían que se ayudaran unas a otras a participar de las actividades. Los días previos a la inauguración oficial fueron de mucho trabajo, tanto para las que organizaban como para las que participaban, porque debían prepararse con  sus estandartes, historia del Papa, himnos y distintivos.

Por la mañana había talleres divididos en distintos niveles y dirigidos por las hermanas: canto sacro, crochet, dibujo, manualidades, rosarios y cocina. Gracias a este último taller tuvimos un riquísimo desayuno el domingo y helado de frutas como postre. También se empezaron a preparar algunos adornos para Navidad. En el taller para hacer rosarios, sí que trabajaban en equipo porque las más grandes hacían los nudos y las discapacitadas ponían las cuentas del rosario, ¡ojo!… con supervisión.

Por la tarde había ensayo de teatro para las más grandes y las más chicas junto con alguna de las discapacitadas preparaban una canción para el último día de las actividades.

El día de la inauguración, todos los miembros del equipo debían participar en algo, sí o sí. Esta empresa no era nada fácil, sobre todo si pensamos en que parte del equipo estaba constituido por niñas del hogar de discapacitadas. Sin embargo no sabemos cómo se las arreglaron, pero el caso es que cada grupo dividió a sus miembros de modo que se pudiesen encargar de las chicas discapacitadas y de las más pequeñas del hogar y así con la ayuda de una y otra, todas tuvieron parte (cada una a su modo) de la presentación: quien sostenía el estandarte, quien aplaudía a cada explicación que se terminaba, quien exponía la vida del Papa, etc… Ni hablar de cómo se habían ingeniado para saberse el himno; algunas se lo habían aprendido con gestos y aunque es cierto que tal vez no coordinaban perfectamente los tiempos ¡cuánto valían sus esfuerzos!

Para quien tuvo la experiencia de estar en Egipto en verano, sabe que las temperaturas son siempre altas, llegando inclusive a 50°C; esto ocasionó que lo más esperado fueran siempre las competencias deportivas en las que generalmente se jugaba con agua y así se refrescaban del calor del día. Algunas veces los juegos eran junto con las discapacitadas y otras eran separadas, de acuerdo a sus posibilidades. Igualmente, en todas las competencias, se destacó la disponibilidad de las chicas para hacerlas participar.

Por su parte, las niñas discapacitadas nos edificaron mucho, ya que se ayudaban aún siendo de equipos contrarios. La que más se destacó fue Mihrail, una niña que inclusive algunas veces se dejaba ganar para que todas estuvieran contentas y siempre estaba sonriente. También cabe destacar a Marina, quien al ver que el otro equipo no podía armar el rompecabezas les iba pasando las piezas y si esto no bastaba, sacaba todas las piezas que sobraban y dejaba solo la que tenían que poner y aplaudía feliz con cada pieza que el otro equipo ponía.

ssvm-escuela-verano-juan-pablo-ii-egipto ssvm-escuela-verano-juan-pablo-ii-egiptoDespués de la cena teníamos nuevamente competencias, pero estas un poco más tranquilas. Aquí aprovechamos para “refrescar” conocimientos de la Sagrada Escritura y de las Obras de Misericordia.

Una gracia especial que tuvimos durante estos días fue la visita de una de las hermanas que misionan en en  Aleppo, Siria. Nos dio unas buenas noches sobre la situación que viven los sirios y en especial los cristianos. Nos contaba el ejemplo de esa gente que, sin tener ninguna cosa material, se ha fortalecido en la fe y viven tranquilos y muy confiados en Dios, a pesar de las privaciones que sufren, aún de cosas básicas como el agua.

El domingo 28 de agosto, para concluir la escuela de verano, se presentó  la canción preparada por las más pequeñas, que trataba del modo como la creación alaba a Dios. Luego presenciamos una obra de teatro llamada “Uno más en la bolsa”, interpretada en árabe coloquial por las chicas más grandes, las cuales realmente se lucieron.

ssvm-escuela-verano-juan-pablo-ii-egiptoDespués de la cena que compartimos todas juntas, se proyectó un video donde se resumía lo mejor de la escuela. Se entregaron los premios y se dieron los puntajes finales, venciendo el equipo del Papa Juan XXIII por poca diferencia. Seguidamente tuvimos los festejos, recordando tantas anécdotas edificantes y divertidas de los días compartidos juntas.

ssvm-escuela-verano-juan-pablo-ii-egiptoCon el canto a la Virgen dimos gracias a Dios por tantos beneficios recibidos.

María de Roncesvalles Bocchino
Misionera en Egipto

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