Luego del fogón de clausura despedíamos a los niños que ya volvían a sus casas, los niños con alegría y también con nostalgia nos saludaban “gracias por todo”, “nos vemos el año que viene”, pero uno fue especial y quedó resonando hasta ahora en mi mente, y es lo que me movió a escribir esta crónica. Se acercó me abrazó y dijo: “Padre, gracias por todo”, “de nada”- le dije. Al ver quizás mi “indiferencia” volvió a decirme: “Padre, en serio, gracias por todo, no sé cómo explicarle todo el bien que me han hecho, es como que me salvaron el alma y siempre les voy a estar agradecido”.

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Muchas veces hemos escuchado que el campamento es escuela de vida, y es verdad. Pero más precisamente es escuela de virtud. La virtud es aptitud para vivir. Dice Fray Petit de Murat que si no tenemos virtudes “la vida nos aplasta”. Ciertamente que no podemos imponerle la virtud a un niño, eso es algo personal, pero sí podemos crear las aptitudes (austeridad, sacrificio, evitar la comodidad, el materialismo, etc.). Esto es lo que buscamos con los campamentos de niños que realizamos hace tantos años: que los niños crezcan en la virtud, darle elementos y crearle el ambiente para que crezcan espiritualmente, y al volver “la vida no los aplaste”, el pecado no los corrompa, el demonio no los engañe, el espíritu del mundo no los absorba.

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Este año participaron 95 niños varones (las niñas eran 80, valga la pena nombrar y agradecer, fueron en total cerca de 180 niños que participaron de estos campamentos que realiza nuestra familia religiosa), de Buenos Aires, Mendoza, San Luis, San Juan, Tucumán, Salta. Duró una semana (del 14 al 21 de diciembre), y fue en el Nihuil, en nuestro querido Nihuil, bajo el abrazo del hermoso monumento de Marcelo Morsella. Todos los días, como es común allí, Dios nos pintó un atardecer distinto, mientras volvíamos de la Bahía luego de haber pasado una tarde de playa. “Padre, mañana volvemos ¿no?”

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“El niño absorbe todo”, es como una esponja. Por eso hay que darle cosas buenas. En el campamento todo es educativo (es lo que intentamos…): la levantada para salir a correr, la formación al sonido del imperium (como le llamamos al silbato), el sacrificarse por el equipo, el acatar las órdenes, los actos de piedad (Misa, comuniones, Rosario, oraciones de la mañana y de la noche), examen de conciencia, confesiones, consultas, charlas, sermones, superar con fortaleza las dificultades, dolores, la alegría sana, el deporte, la convivencia con otros chicos, el contacto con la naturaleza, y todo esto enmarcado en un gran espíritu de familia.

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El educador debe ser consciente de esto y aprovechar esta herramienta. No hay nada ínfimo o de poca importancia cuando uno trabaja con un niño…absorben todo, lo bueno o lo malo.

“Dejen que los niños vengan a Mí, no se lo impidáis” (Mc. 10, 14). Los niños son los preferidos de Jesucristo. Que Dios nos conceda la gracia de seguir haciendo el bien a tantos niños, para que se acerquen a Él y así haya niños santos.

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Damos gracias a Dios por tantos beneficios, y por los frutos que quiso mostrarnos en su gran misericordia.

P. José Vicchi, IVE

1 Comentario

  1. Amén! Con mi compromiso de oración para que este semillero de santos sea siempre cuidado y bendecido por el Señor que sabe muy bien a quienes elige y llama para que ninguno de sus hijos se pierda. POR MUCHAS MÁS MISIONES COMO ESTA!!!! En Cristo y María Santísima!!!

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