Los últimos días (finales del 2016) bajó la concurrencia de la gente para el rosario y sermón de la noche. Entonces al seminarista se le ocurrió de hacer como hacemos en la parroquia: que la Virgen visite sus casas y allí mismo hacer el rosario, una noche en cada casa. Eso fue todo un éxito, venían los de siempre y además todos sus vecinos. Esta última semana la dedicamos para preparar bien a los que iban a regularizar su matrimonio y para hacer una bendición de todas las casas y el Campamento. Esto último lo hicimos el ultimo día, 31 por la noche, con una bendición del Campamento y una quema del diablo. Al día siguiente teníamos la misa de Santa María Madre de Dios y los matrimonios. Estas actividades, sin darnos cuenta nosotros cuando las planeábamos, hicieron que muchos de ellos no se emborracharan durante esos días, cosa muy común acá para año nuevo. Yo por dentro me reía, porque le “arruinamos la fiesta” a muchos, en buena hora.

Para navidad quisimos cazar algún ciervo o jabalí, y así tener para festejar con la gente, pero no fue posible. Entonces para año nuevo intentamos de nuevo, así podíamos comer algo todos juntos para celebrar también con los que recibirían el sacramento del matrimonio y hacer una suerte de despedida, ya que el 2 de enero teníamos que volver a Vánimo.

Entonces una noche salimos en una camioneta a recorrer los caminos para ver si veíamos algo… y la Providencia nos bendijo con dos ciervos. Había un hombre en el campamento que tenía una escopeta y nosotros teníamos dos cartuchos. Eso fue algo espectacular. Se imaginan la alegría de la gente. Volvimos al campamento como grandes cazadores, con dos ciervos en la caja de la camioneta. Uno lo comimos ese domingo como habíamos planeado y el otro, parte lo repartimos entre los que habían ayudado con el auto, escopeta y demás, la otra parte la la traje a Vánimo para comer con los padres. Es muy rica la carne de ciervo, yo nunca la había probado. No está lejos del sabor vacuno, y ahumado es genial. Acá en la parroquia una señora ya nos ahumó un poco y queda muy rico.

Bueno, mucho más podría contarles, como por ejemplo el cambio en la gente y niños, cómo comenzaron a participar de la Misa con más devoción y consciencia después de algunos días. Allí la gente sólo participa de misas un par de veces al año. Algunos tuvieron que aprender las respuestas del pueblo, por ejemplo. También cómo me pedían que me quedara allí, que no volviera a Vánimo. Querían tener un sacerdote permanentemente con ellos, así que le escribieron una carta al obispo pidiéndole lo mismo. No pedían por mi, sino que pedían que les diera “un sacerdote” para que los atendiera todo el año a ellos y a las aldeas de la zona. Eso me daba mucha lástima… Yo no sabía qué decirles, no me podía poner a explicarles que yo tengo un superior y que yo no podría quedarme a vivir allí sin volver a Vánimo primero… “Sí, escríbanle al obispo”, les decía. Por mi parte solo me comprometí a volver en unos meses a visitarlos, celebrarles la misa y, si la luna nos acompaña, a cazar otro ciervo, por qué no?

También no me quiero olvidar de agradecer las oraciones que muchos ofrecen por los misioneros. Cuando uno está solo eso se hace más palpable. Aún en detalles, como por ejemplo, un par de veces casi me caigo de la moto, llegue a apoyar el pie en el ripio para recuperar el equilibrio, después de recuperar el aire siempre le agradecía a María y a los que uno sabe que están rezando por él. Y no sólo eso, a veces hay situaciones o momentos en los que uno después examinando ve claramente que allí hubo una ayuda especial, sea para hacer un trabajo, o para ver algo con claridad o vencer una tentación, eso es gracias a la asistencia de las oraciones.

Bueno familia, un gran abrazo, sigamos adelante y buscando de hacer el bien, que si “ladran es señal de que cabalgamos”.

Recemos por las vocaciones y trabajemos por promoverlas, como Cristo nos enseñó. Nos dijo que tenemos que pedir por ellas, “por los trabajadores para su viña”, y nos mostró cómo tenemos que promoverlas: invitando a hombres de distintas vidas, condiciones, edades y disposiciones. Algunos le respondieron afirmativamente y “dejándolo todo lo siguieron”. Otros le dieron excusas: “déjame primero enterrar a mis padres”. Otros se alejaron en silencio… pero a todos ellos los llamó Jesús. Nosotros no somos Jesús, pero sí tenemos que seguir sus ejemplos.

Recen también por nosotros, misioneros.

P. Martin Prado, IVE.

Deja un comentario