Servidoras_Guyana

“Por eso comprometo todas mis fuerzas para no ser esquiva a la aventura Misionera…”

(Constituciones SSVM, Fórmula de votos)

Después de 7 años de misión en Guyana, recibí un nuevo destino y en septiembre de 2018 llegué a mi nueva mi nueva misión en Wauchula, Florida (USA) en la parroquia St. Michael. Nuestro Señor, que nunca se deja ganar en generosidad, me ha permitido ver desde ahora los frutos del trabajo de nuestros misioneros, por eso quiero compartir con ustedes esta crónica, contándoles mi experiencia en estas hermosas tierras de misión.

Con el paisaje espectacular de la alborada entre las nubes antes del naciente sol y esos dorados rayos del sol al medio día; del verde de sus bosques y sembríos; con el vuelo y el cantar de las aves durante el día; la asombrosa mezcla de rojos, naranjas y rosados al caer el sol sobre el oscuro color del agua en el río; la sonrisa de los niños y el trabajo duro de sus hombres; así es mi Guyana…

Y sí, es una tierra de Misión, y en estos cortos pensamientos quisiera decir adiós a la tierra de la cual yo me enamoré, no por lo que antes describí, sino porque en ella hay almas sedientas de conocer a mi Amado, a Nuestro Señor, almas que sólo Él salvó. Sí, sólo Él con su propia sangre, porque con ella los hizo dignos del cielo, porque los hizo de los suyos “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.” (Jn 15,13).

Guyana es un país religioso, porque son conscientes de que existe un “Ser superior a ellos”, entonces, la mayoría de la gente va a alguna Iglesia o Templo una vez a la semana. La mayoría de ellos son hindúes, luego le siguen los musulmanes, después los cristianos, y entre ellos están los católicos. Somos un 7% entre un 35% de cristianos. Mi Guyana es un país con una sed inmensa del Omnipotente, por eso puede decirse que son dóciles a la Verdad… y para esto Dios nos envió a esta tierra: a ser misioneros no sólo con la palabra sino también con el ejemplo. Nuestra Familia Religiosa está en la única diócesis del País, “Immaculate Conception”, en la región del río Essequibo Coast y del río Pomeroon, atendiendo 9 comunidades o capillas. Nosotras nos encontramos en Charity que es el último pueblito de la costa del Essequibo, y estamos a las orillas del río Pomeroon. Los padres del IVE, además, tienen una comunidad de sacerdotes en la Misión Santa Rosa, en la región de Moruca, a hora y media en bote desde Charity.

Y ¿qué hacemos nosotros, la Familia Religiosa del Verbo Encarnado, en “la tierra de muchas aguas”, Guyana?

Damos testimonio de Cristo, cuidando primero nuestra vida religiosa, los momentos de oración, la Santa Misa, la Adoración, los momentos comunitarios. Recuerdo que una vez una señora hindú, cuando se acercó a pedir los sacramentos para sus hijos, dijo que ella quiso ir a la Iglesia donde van las hermanas porque nos había visto en la calle rezando el rosario en comunidad. Nunca habíamos hablado antes con ella.

Damos testimonio de Cristo, amando a Sus hijos que engendramos en la Cruz… Por infinita misericordia de Dios tuve la gracia de ver cómo las caritas de los niños se iluminaban cuando entendían alguna verdad de fe, que Cristo los amó y siempre los amará y por esto murió para salvarnos… uno de estos pequeñitos dijo una vez, explicando dos símbolos que habían puesto en la bandera de su patrulla para uno de los campamentos, “hicimos la Cruz porque amamos a Jesús y la eme de María porque amamos a María”.

Damos testimonio de Cristo, dándoles una Madre, aquella que Jesús nos dio en la Cruz… “Hijo, he ahí tu Madre” (Jn 19, 26-27) … más bien debería decir: haciéndoles conocer que Nuestro Señor les dio a su Madre, pues fue Él quien nos la entregó en su Acto supremo en la Cruz.

En Guyana hemos notado que si bien a la gente les es difícil perdonar, sin embargo, cuando llegan a entender la Maternidad de la Virgen María, crece en ellos la esperanza. Es nuestra Madre María quien los lleva a Cristo, Ella es la Esperanza. En estos 7 años de misión he podido ver por gracia de Dios cómo ancianos, jóvenes y niños, cuando conocen que tienen una Madre que siempre está con ellos y que vela por ellos, que los entiende y los protege, su comportamiento cambia; no se sienten más huérfanos, no están más solos, son misericordiosos. Recuerdo una vez que un niño no católico comenzó a hacer burla sobre una imagen de la Virgen y otro de los niños que recién estaba comenzando el catecismo, de 6 años, dijo: “no digas eso de la Virgen, ella es nuestra Madre”.

Damos testimonio de Cristo, llevándolos a los sacramentos; que éste es el trabajo de todo misionero, llevar a los hijos engendrados por la Cruz “fuente de gracias”, a los canales de la gracia santificante que Jesucristo nos dio para que “tengan vida y vida en abundancia” (Jn 10, 10). Entonces los pequeños o grandes sacrificios no son nada en comparación con la satisfacción y la alegría de ver a estas almas en gracia de Dios, de poder ver frutos de conversión, bautismos justo antes de morir; y es más, estos “sacrificios” se convierten en aventura: manejar 45 minutos o más para ir a enseñar catecismo, recogiendo a los niños en el camino, visitar casas o llevar la sagrada Comunión a los enfermos con los rayos del sol que parten la tierra, la lluvia que repentinamente cae durante el viaje en bote para visitar o ir a Misa en una de las comunidades del río, lluvia fuerte que puede empapar en menos de un minuto, encontrar serpientes, tarántulas, osos perezosos durante los viajes, etc. Aventura, que yo personalmente he aprovechado al máximo en estos 7 años. Es un cansancio que alegra el alma. Como también fueron aventuras las misiones populares, los campamentos de niñas y jóvenes, los viajes con los jóvenes adultos, Ejercicios espirituales, marchas por la vida, competencia de catecismo entre las comunidades, retiros de Primera Comunión, etc.

Podría contarles muchas más cosas de la misión en Guyana, pero quisiera con estas líneas y las fotos, despedirme y pedirles oraciones y sacrificios por esta misión, porque la mies es mucha y los trabajadores pocos, roguemos al dueño de la mies que envíe más trabajadores a su mies.

Agradezco de manera especial a Dios y mis superiores por permitirme misionar en esta hermosa “tierra de muchas aguas”, GUYANA, a la cual me ofrecí desde mi noviciado.

¡VIVA LA MISIÓN!

En Jesucristo, Verbo Encarnado y Nuestra Madre de Luján,

Hermana María Madre de la Alborada