padre_tomas_orell_ive
Padre Tomás Orell, IVE, junto al profesor Reda y su esposa, en la escuela de árabe del Instituto del Verbo Encarnado en Alejandría (Egipto).

Mi vida da, sin duda, en este momento un viraje notorio. De 21 años y medio de docencia en nuestro Seminario Mayor, la Casa Madre, me apresto a la vida de misionero en el milenario Egipto. Es un momento propicio para dar gracias a Dios por tantas cosas… pero señaladamente por la gracia enorme de formar parte de esta “pequeña familia religiosa” del Verbo Encarnado.

Quiero dar gracias a Dios por haber dirigido mis pasos de tal modo que conociese a aquellos que me formaron como miembro de la Iglesia, y como servidor de Dios y de la Iglesia en el sacerdocio; y singularmente por haber conocido al padre Buela (hace 35 años en mi primer ejercicio ignaciano en la Villa de la Quebrada). Y agradezco al padre Buela por muchas cosas, pero especialmente por haberme recibido en el Instituto, la querida ‘Congre’, en diciembre de 1985. Y le agradezco por tantas cosas, incluso por las correcciones que me hizo en su momento.

Agradezco al Instituto, esta pequeña e “inmensa” familia religiosa, por haberme dado un amplio espacio en su seno. Al mismo tiempo debo pedir perdón por no “llenar” las expectativas que podía anunciar mi tamaño. Perdón por mis lentitudes, perezas, faltas de compromiso, incumplimientos, “empiñonadas”, y otros yerros y negligencias.

Agradezco asimismo a mis superiores por toda la comprensión y paciencia que siempre me han tenido. Doy gracias a Dios por los superiores que he tenido, de los cuales he aprendido mucho. Y si no aprendí más fue por falta mía.

Agradezco a mis hermanos y hermanas en el Verbo Encarnado: por sus ejemplos, por sus virtudes, por sus oraciones, por tantas cosas. Al mismo tiempo les pido a todos, superiores, hermanos, súbditos, perdón por mis faltas, por los malos ejemplos, por mis ausencias.

Agradezco también a mi familia, que me acompañan en la familia del Verbo Encarnado, y por todo lo que ellos significan para mí.

No quiero dejar de agradecer a Dios por la ocasión que tengo de desprenderme de tantas cosas, de las materiales, porque es preciso al misionero viajar con poco equipaje, y también de otras cosas, que aunque valiosas y buenas, no dejan de ser creaturas, y el dejarlas por hacer la voluntad de Dios es una gracia enorme que el Señor me concede.

Quisiera agregar muchas cosas más. Pero no me queda tiempo sino para resumir diciendo ¡Qué gran familia que tengo! Y pedirles sus oraciones, para que yo definitivamente pueda corresponder a tanto como he recibido.

¡Dios los bendiga a todos!

P. Tomás Orell IVE

1 Comentario

  1. Querido p. Orell: Soy la madre del p. Javier Olivera y deseo expresarle mi agradecimiento por haber estado con mi hijo en su formación y desearle que en esta nueva misión siga sembrando la semilla de La Palabra para que muchos lleguen al Cielo.
    En Xto y su Ssma Madre:
    Marta

Deja un comentario