Elena Ryan Brady Adams (1949-2013)

(miembro de la Tercer Orden de la Familia Religiosa y

madre de la hermana María Theotókos Adams, SSVM)

 

Washington, DC
Provincia de la Inmaculada Concepción

 

Querida Familia Religiosa,

Como forma de agradecimiento hacia todos ustedes, mis innumerables hermanas y hermanos, que en las distintas misiones y Provincias del mundo estuvieron rezando por mi mamá y por mí durante estos últimos meses, quisiera compartir algunos detalles de la conversión, de las amistades con miembros de la Familia Religiosa, fallecimiento, funeral, y entierro de mi madre, Elena Adams, quien entregara su alma al Señor el día 21 de septiembre de 2013.

 

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Conversión: regreso a los Sacramentos

Elena Adams fue siempre católica de tradición, pero en el año 2000 por la intercesión y “amistad espiritual” con el Padre Pío tuvo un profundo encuentro con Jesucristo. Ella se confesó con el Padre Benedict Groeschel CFR después de treinta años que no lo hacía. Durante esta época ella estaba luchando por aceptar y entender mi deseo de ingresar a la vida religiosa, con unas  “religiosas argentinas desconocidas”, después de recibirme en la Universidad de Nueva York en el verano del 2001. No entendía mi vocación religiosa y sufrió mucho cuando ingresé al convento y nos separamos, ya que, yo soy su única hija.

En los años siguientes, casi hasta mis votos perpetuos en el 2008, ella tenía todavía mucha dificultad para aceptar mi vocación y también luchaba para seguir firme en la vida sacramental. Fueron tiempos llenos de fuerte oración y de pequeños pasos (quizás algunas hermanas o padres recuerden al grupo de “misioneras laicas” que vinieron conmigo desde New York a conocer y trabajar en nuestros hogares en San Rafael en 2004. (Mi mamá era la “yankee” del grupo!).

Amistades con miembros de la Familia Religiosa

En el mismo día, tan difícil, de mi ingreso a la vida religiosa en 2001, se estableció una amistad entre Elena y una novicia filipina, actualmente la Madre Mary of the Assumption Binyan SSVM, misionera en Harlem. Esta amistad se destacó por el sentido del humor que las dos tenían, por la oración mutua y por el gran respeto que mi madre tenía por las vocaciones extranjeras venidas desde lejos a nuestro país para trabajar con los niños y jóvenes, acompañar a los pobres y dar gloria a Dios en la vida consagrada. En Junio del 2013 mi madre invitó a M. Assumption  a su casa en Virginia para visitarla por última vez, días de gracias especiales.

Mi madre también tenía una gran estima por la Madre María de la Caridad Asensio, quien fue mi Maestra de novicias y luego mi Superiora local cuando yo ayudaba como prefecta en el Estudiantado de Estados Unidos (2005-2010). En varias ocasiones mi mamá les escribía o las llamaba para consultarles cosas, así poco a poco nuestra “pequeña familia” iba creciendo.

En noviembre del 2006 cuando yo estaba en casa con mi madre acompañándola por estar pasando momentos difíciles, me llegó la noticia de que el Diácono irlandés Dermot Francis McLaughlin, IVE (1945-2006), estaba en su última agonía. Cuando le conté a mi madre esta noticia, ella me dijo con firmeza y convicción: “Entonces tenemos que rezar un Rosario por él ahora. Ven a sentarte conmigo en el sofá y rezamos juntas”.  Esta fue la primera vez en toda mi vida que yo vi a mi madre rezando el Rosario, y la primera vez que rezamos juntas en voz alta. Creo que fue una gracia especial del misionero sufriente, quien había sido un gran misionero laico en las cárceles chinas de Macao.

El último ejemplo para contar nos lleva a ver otro aspecto importante de la relación entre mi mamá y la Familia Religiosa. Mi madre tenía un gran respeto y cariño por mi primera bedel argentina, M. María Filia Dei, actualmente misionera en Egipto. Elena volvió a verla en Argentina en el 2004 cuando la hermana estaba trabajando en el Hogar San Martin de Tours, y después seguía con gran interés su destino en Medio Oriente.  En los últimos años, cada vez que M. Filia Dei venía a los Estados Unidos para hacer pedidos para la misión, llamaba a mi casa para hablar con mi madre. En el verano de 2012 cuando acababa de saber el diagnóstico de cáncer terminal, mi madre habló con M. Filia Dei y le contó de su enfermedad.  La hermana le pidió que ofreciera todos sus sufrimientos por la misión en Egipto. ¡Esto es “hacer pedidos para la misión”! Mi madre estaba muy feliz de poder ayudar de este modo, y lo tomó en serio. Pocos meses después, ella me dijo, “yo quiero rezar y ofrecer por varias intenciones, pero me comprometí con M. Filia Dei a ofrecer todo por la misión en Egipto.  ¿Qué tengo que hacer?  ¿Puedo ofrecer por los demás también?” La dije que sí, que se puede tener otras intenciones también, pero hay que acordarse y seguir rezando en particular por los misioneros, misioneras, y niños en Egipto… ¡una promesa que guardó hasta su muerte!.

Vida de oración de una “ermitaña” – Liturgia de las Horas y sacrificios por las misiones

El ejemplo del rezo de la Liturgia de las Horas hecho por todos nuestros religiosos, impresionaba mucho a mi madre. Al principio cuando estaba de visita en casa de mis padres, yo rezaba sola la Liturgia en mi cuarto, pero poco a poco, yo traté de ir invitando a mi mamá a compartir esta oración de la Iglesia unida a la tradición del Antiguo Testamento. Y fue así como fue comenzando a acompañarme a rezar. Al tiempo ella ya tenía su propio breviario y después la M. Caridad le regaló la edición completa “grande” de un solo volumen en el 2009. Por el hecho de estar unidos en oración con todos nuestro religiosos y con todos los que rezan el breviario en todo el mundo, mi mamá se volvió más y más fiel al rezo diario como parte de su “vida de ermitaña” (así es como se llamaba ella, a sí misma, ya que vivía sola en la casa de la familia, localizada arriba de una gran montaña dentro de un parque nacional). En enero del 2012 ella compró el breviario de los cuatro volúmenes y lo seguía con gran atención, rezando también el Oficio de lecturas y la oración de Completas. Se alegró mucho de haber terminado más de un ciclo entero de los cuatro volúmenes antes de su muerte, y siempre los cuidaba mucho diciendo: “estos no son míos, porque después serán de una hermana”.

Elena tenía especial aprecio por los monjes del IVE que viven en el Monasterio de El Pueyo, ya que ella se identificaba con ellos, quienes “rezan solos en la cima de una montaña”, y porque además tenían la inmensa gracias de vivir en un lugar donde vivieron mártires de los tiempos recientes. Cuando yo fui a Madrid para las JMJ, pude conocer el Santuario y de allí le traje una medallita de la Virgen de El Pueyo, que me había regalado el Abad, y varias postales del lugar. Después de su muerte las encontré todas juntas guardadas en el cajón de la mesita de luz al lado de su cama.

Como buena “ermitaña”, ella a veces recibía pedidos de oraciones y siempre los ponía en una lista en su breviario para rezar por estas intenciones. Le gustaba mucho la idea de que los laicos sufrientes pudieran  unir sus oraciones y su vida cotidiana con la de los misioneros, como leía sobre la Belga Jacqueline de Decker (+2009) quien fue el “Second Self” de Madre Teresa en Ven, Se mi Luz. Por su parte, tenía algunas intenciones perennes por las cuales rezaba: por los enfermos mentales en las cárceles; por todos los que sufren de adicciones; por nuestra Familia Religiosa en particular: (1) por los religiosos y religiosas que trabajan en casas de formación; (2) por los contemplativos y contemplativas (“porque ellos rezan por todos y muchos no se acuerdan de rezar por ellos”); (3) por los Superiores porque tienen tantas responsabilidades delante de Dios; y (4) por los misioneros y misioneras en Medio Oriente, en particular en Egipto y en Siria.

El 4 de mayo del 2013, primer sábado del mes, después de la preparación durante el tiempo pascual, mi madre hizo su Consagración Mariana según el método de San Luis María Grignion de Montfort. Se preparó muy bien y en la ceremonia, en presencia de un sacerdote de la parroquia, le entregué como insignia de su consagración una medallita de Nuestra Señora de Luján con un cordón celeste que ella después siempre llevó consigo. Ella me contó que se sentía mejor preparada en este día, que en el día de su propio matrimonio. La Consagración Mariana fue para ella una fuente de consolación y confianza en la preparación para la muerte.

Su muerte

Mi madre tuvo la inmensa gracia de recibir todos los sacramentos en el primer viernes de septiembre, día del mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Al día siguiente, ella recibió la Santa Comunión por última vez. En los días siguientes, ella sufrió mucho dolor y comenzó a tener momentos en los cuales se desorientaba, hasta que en sus últimas dos semanas, quedó en cama en silencio y con los ojos cerrados pero escuchando todo.

Gracias al acompañamiento de varias hermanas, pude cuidarla en casa y estar presente en el momento de su último respiro. Hemos rezado y cantado a su lado durante todo este tiempo, y recibíamos diariamente la Santa Comunión al pie de su cama, aunque ella no podría comulgar. Tres veces un sacerdote dominico de nuestra parroquia celebró la Santa Misa al pie de su cama (el mismo que le dio los últimos sacramentos). Al final de la primera Santa Misa, mi madre puso sus manos juntas en su pecho con la Cruz de Matará que tenía en su mano derecha, ¡y que la tuvo hasta el fin!)¡, abrió sus ojos y sonrió al sacerdote. Unos cincos días más tarde cuando el Padre estaba despidiéndose al lado de su cama después de la segunda Santa Misa, el día 14 de septiembre, mi mamá abrió sus ojos por última vez al escuchar su voz, la voz del Alter Christus.

La tarde de su muerte, el sábado 21 de septiembre, cantamos las primeras Vísperas del Domingo, y terminamos con la Paraliturgia, con la recepción de la Santa Comunión. En este último momento litúrgico, la respiración de mi mamá se volvió muy baja y muy suave. Cuando las hermanas fueron a preparar la cena, me quedé a su lado rodeada de un ambiente permeado por la presencia del Señor. Con mis codos sobre su cama, las mangas de mi hábito tocando su brazo y mi cabeza debajo de mis manos plegadas, sentí fuertemente la presencia divina, y en un momento ella dio un largo y fuerte respiro… y Jesús llevó su alma. Un silencio tan fuerte y una paz luminosa llenaban el cuarto. Las hermanas llegaron justo en este momento, y me acompañaron rezando en silencio y cantando a la Virgen en agradecimiento por su solicitud maternal. En los momentos siguientes me di cuenta de la transformación de su rostro, se fueron las dos líneas que tenía siempre en su frente, su boca que estaba abierta y los extremos de sus labios estaban claramente elevados en ¡una sonrisa! Yo llamé a las hermanas cuando me di cuenta de esto, y les dije: “miren… ¿ven algo?” Y me respondieron, “¡Sí!  ¡Está sonriendo!” ¡Qué delicadeza del Señor de darnos la gracia de presenciar el momento de gozo que experimentó mi mamá en su pasaje de este mundo al otro! ¡Estábamos llenas de paz y confianza en la vida eterna de Elena!

Funeral

Su funeral se realizó el miércoles 25 de septiembre en nuestra parroquia en Virginia,  a unas tres horas al sur de Washington. Llegaron desde Washington, Filadelfia y Nueva York casi 60 hermanas, y los Padres del IVE Pablo Bonello, Arturo Ruiz, Mariano Vicchi, Walter Mallo, Brian Dinkel, Diego Ruiz, con el diácono Jonathan Dumlao, quien cantó el Evangelio, y un grupo de 12 seminaristas. Juntos con los amigos y familiares había más de cien personas. La hermana Maria del Fiat Miola me ayudó mucho en todos los preparativos litúrgicos. Nuestro Coro de hermanas y seminaristas cantó el Sicut Cervus de Palestrina y Bogorodiste Devo de Rachmaninoff. Elegimos la Santa Misa de Angelis. El Padre Bonello predicó la homilía. A la salida de la Iglesia acompañamos el féretro en procesión cantando una traducción en ingles del Filii et Filiae de la Pascua, hasta el coche fúnebre que esperaba en la calle. Después, regresamos todos a la parroquia para una recepción donde había una mesa preparada con fotos de ella. El entierro sería en Washington al día siguiente.

Entierro

En los últimos meses de vida, mi mamá, puso mucha atención en los preparativos de su funeral, de su entierro, etc. En sus viajes hasta el convento en Washington, ella pudo visitar el cementerio católico donde está enterrado el Diácono Dermot, y en el cual hay una sección que pertenece a nuestra Familia Religiosa. Mi madre quiso ser enterrada allí, en lugar de ser enterrada con los demás miembros de mi familia en Virginia. Mi madre manifestó querer estar más cerca de nuestros religiosos y de que yo pudiese visitar y rezar en su tumba, sabiendo que en mi ausencia las hermanas de Washington rezarían por ella allí. Por eso mi madre ahora está enterrada junto a nuestro religiosos, es el primer miembro laico de la Familia Religiosa que acompaña al Diácono Dermot en la pequeña porción de tierra que tenemos en la Provincia de la Inmaculada Concepción.

Agradecimientos

Quiero agradecer a Dios en primer lugar, por habernos reunido a todos en una Familia Religiosa donde podemos seguir a Cristo en la vida consagrada y llevar a las almas encomendadas a nuestras oraciones y apostolados a su Sagrado Corazón, empezando con nuestros familiares queridos. Agradecer a María Santísima, por ser una verdadera Madre para mi madre. Deseo agradecer a todos los sacerdotes que ofrecieron la Santa Misa por el eterno descanso de mi madre. Agradecer a mis Superiores por permitirme estar tanto tiempo con mi madre y por enviar hermanas para ayudarme con su cuidado. Gracias a todas las hermanas, sacerdotes y seminaristas que rezaron por nosotras durante estos últimos meses y los años anteriores también. Que el Señor los colme de bendiciones.

 

Hermana María Theotókos Adams, SSVM
Provincia de la Inmaculada Concepción
Washington, DC

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