Por: Seminarista Guillermo Fredes, IVE

 

Este año por una situación especial de pandemia a nivel mundial se hizo necesario guardar una cuarentena rigurosa, de modo que no pudimos, como era nuestro deseo, asistir a las celebraciones de Semana Santa en las parroquias que tenemos en Santiago. La parroquia Jesús el Buen Pastor que está a cargo del P. Marcelo Cano tuvo sus celebraciones a puertas cerradas. Por su parte la parroquia Nuestra Señora del Huerto se vio privada incluso de las celebraciones sin fieles, ya que todas las celebraciones las llevamos adelante en la capilla de nuestro Noviciado, en Paine.


Debido a la cuarentena que veníamos guardando hacía ya casi quince días destinamos más tiempo de lo normal a preparar la Semana Santa. Para esto, dedicábamos las clases de canto sacro y un par de horas de los sábados y domingos previos para preparar los cantos y explicar a los novicios el modo de proceder en la liturgia según lo manda la Santa Iglesia Católica.


Pero la preparación más intensa comenzó el sábado 4 de abril por la mañana. La capilla, ubicada en la planta alta, tenía dimensiones reducidas lo cual hacía dificultoso los movimientos que se llevan a cabo en todas las celebraciones de la Semana Santa. Por tanto la primera operación de esta jornada de trabajo fue “bajar la capilla”. Para ello un equipo especializado de novicios a cargo del P. Joaquín Vicente, movió todo el mobiliario litúrgico y los ornamentos hacia el comedor vidriado. Se aprovecharon tres tarimas que se encontraban en la galería y se armó un digno presbiterio, algo más amplio que el anterior. La sacristía, por su parte, se movió al espacio contiguo al comedor, entre la cocina y éste. Por gracia de Dios ese día también llegaron dos estanterías que se habían mandado a construir para colocar libros que hasta entonces se encontraban un poco dispersos en el comedor, por lo cual también se ordenó ese sector.
Pero no me voy por las ramas… Por la tarde se continuaron los trabajos de orden y puesta en funcionamiento de la capilla, hasta entonces “provisoria”. Con todo listo para el día siguiente, estrenamos la capilla con la adoración al Santísimo y las vísperas cantadas. Luego de la eutrapelia tuvimos también el rezo de completas y el rosario con las letanías pidiendo por nuestros religiosos en Italia dada la situación complicada en que se encuentran con la pandemia.


Al día siguiente, Domingo de Ramos, tuvimos la Procesión de Ramos que partió desde la imagen de San José que se encuentra frente al portón de entrada. A la procesión siguió la santa Misa que contó con el relato de la Historia de la Pasión que tanto bien nos trae cada vez que la escuchamos. Toda la celebración fue transmitida en vivo por Instagram y por Facebook, por motivos que todos conocemos. Aquí veníamos trabajando hacía tiempo en mejorar la calidad de las transmisiones utilizando una mejor cámara y la computadora en vez de los teléfonos móviles, pero esto merecería un capítulo aparte porque nos llevó varios dolores de cabeza. La gente que pudo seguir la celebración por estos medios se mostró muy agradecida y quiso seguir también las celebraciones de toda la semana.


La semana santa transcurrió con gran provecho. Lunes y martes tuvimos clases y horario normal. El miércoles cambió el horario dejando más tiempo por la mañana para la práctica litúrgica y la Lectio Divina. Fue aquí donde preparamos todos los cantos para jueves y viernes santo. Por la tarde quedó tiempo para trabajo y oración de modo que los novicios se pudieran preparar para vivir con gran fruto el Triduo Pascual. El hecho de no poder celebrar la Semana Santa en la parroquia hizo que pudiésemos sumergirnos completamente en la contemplación de los santos misterios que se celebran en estos días. Los días jueves, viernes y sábado tuvieron su tiempo de silencio, incrementándose cada día. Por ejemplo, el Jueves Santo tuvimos medio día de retiro con puntos y la hora de meditación acostumbrada, mientras que por la tarde hubo trabajo, lectio divina y ensayo para la celebración de la Cena del Señor, con la que daría inicio el Triduo Pascual.


El Triduo Pascual en el que “Cristo murió, descansó en el sepulcro y resucitó de entre los muertos” (San Ambrosio), constituye el “punto culminante todo el año litúrgico” (Calendario Romano, núm. 18), así se expresa el breviario en la introducción al santo Triduo. Éste tiene como pórtico la celebración de la Cena del Señor con el lavatorio de los pies y la institución de la Eucaristía. A Dios gracias pudimos cubrir todos los oficios de esta celebración, que son muchos si contamos los doce apóstoles y el resto de los oficios. Para acompañar al Señor durante la noche se preparó el lugar donde estaba la capilla anteriormente, en la planta alta, y allí se trasladó el Santísimo Sacramento solemnemente en procesión por afuera de la casa cantando el Pange Lingua.


Al día siguiente también tuvimos medio día de retiro que también
contó con un punto de meditación a media mañana en donde el Maestro de Novicios se refirió a las conveniencias de la muerte de Cristo y a sus últimas palabras en la cruz, todo extraído de la doctrina segura del Doctor Angélico, que con su consistencia deja el campo abierto para una contemplación tranquila de la muerte del Señor y de la gloria de su cruz salvadora. Por la mañana también se trasladó el Sagrario a la nueva Capilla Provisoria, listo para recibir al Señor Sacramentado en la celebración de Su Resurrección. Al mediodía en el parque del Noviciado rezamos el Santo Via Crucis según uno de los últimos Via Crucis que escribió San Juan Pablo II en 2003, y a las tres de la tarde en punto comenzamos la celebración de la muerte del Señor. Por la noche el P. Joaquín Vicente predicó el tradicional sermón dedicado a la Soledad de María Santísima y terminado el mismo rezamos el oficio de lectura del viernes santo, tan rico en profecías sobre la muerte del Señor y donde se remarca el valor de la sangre de Cristo.


El sábado santo transcurrió en su mayor parte en silencio. Nuevamente un punto de meditación a la mañana acerca de las lecciones que nos deja el descenso de Cristo a los infiernos y las necesidades de que Cristo resucitara, todo según la doctrina de Santo Tomás de Aquino. Distribuimos durante este día trabajos preparatorios para la Vigilia y ensayos con los lectores y salmistas para evitar contratiempos y poder aprovechar al máximo la celebración de la noche “en la que Cristo rompió las ataduras de la muerte y surgió victorioso de los abismos” (como dice el Pregón Pascual). El despliegue de la Vigilia se realizó con éxito lo mismo que la transmisión por internet en favor de quienes no pudieron participar de esta hermosa Liturgia. Luego de la misma tuvimos los festejos tan esperados.
Parece fuera de tema, pero déjenme contar que aquí en Chile hay una sequía importante. Hace ya varios meses que no cae una gota de agua. Por este motivo hace algunas semanas atrás el Obispo de San Bernardo, Mons. Juan Ignacio González Errázuriz, celebró una Misa pidiendo las lluvias para estas tierras. Fue muy grande el gozo que experimentamos todos cuando este Domingo de Resurrección, al abrir las ventanas o la puerta de la habitación, nos encontramos con que estaba lloviendo… creo que todos pensamos en que fue una bendición de Dios por la Pascua, una bendición de Aquel que nunca se olvida de sus hijos.

Una vez levantados tuvimos la santa Misa aunque sin transmisión por problemas de la señal de internet. Luego de la misma siguió el desayuno y unas “clases de fútbol”; 3 vs 3 en el parque del Noviciado. Por la tarde tuvimos un rato de trabajo para acondicionar la nueva sacristía… y digo “nueva sacristía” porque aquello que parecía ser “provisorio”, solamente durante la Semana Santa, pasó a ser “provisorio” pero por un par de meses al menos hasta que la nueva capilla esté lista. Dios mediante estos días estaremos comenzando los trabajos para terminar la capilla “San Luis María Grignon de Monfort”, por lo cual pedimos sus oraciones.


En Cristo Resucitado y María Santísima,

Seminarista Guillermo Fredes