¿Quién es mi prójimo?, le pregunta un doctor de la ley a Jesús, y Él le contesta: Por el camino de Jericó bajaba un pobre hombre… medio muerto… Haz tú lo mismo (Lc 10,29-37).

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El tiempo de preparación para la Navidad, está teñido de especiales particularidades en nuestro querido Perú.

El tiempo de Navidad es un tiempo de caridad, en donde muchas personas vuelven el rostro hacia aquellos más necesitados. Es un tiempo particular no sólo para dar cosas, sino también y más que nada, para darse.

Especialmente, esto se refleja en nuestros Hogares, porque son varios los grupos que acuden a ellos para brindar una ayuda, que consideramos tan necesaria para nuestros niños. También en este tiempo es donde de manera especial vemos ejemplos eximios de caridad y de entrega de parte de jóvenes, niños, y personas adultas que visitan nuestro Hogar.

También vemos cómo los mayores beneficiados son las mismas personas que hacen caridad, y comprobamos una y muchas veces que Dios, nunca se deja ganar en generosidad y bendice abundantemente a quienes nos ayudan. Se refleja esta alegría en los rostros, palabras y testimonios de estos buenos samaritanos, que son instrumentos que Dios utiliza para aliviar las penas de nuestros niños. Ellos salen de nuestro Hogar con paz, con alivio de penas interiores y  con mucha gratitud hacia Dios, porque se dan cuenta con cuántos beneficios Dios los bendice.

Es hermoso también aprender y saber que cuando se hace la caridad, a quien hacemos la caridad es al mismo Jesús. Hacer caridad es mucho más que una simple ayuda material, es mirar en la persona necesitada al mismo Cristo que pasa delante de nosotros.

Entra en el Plan de Dios que todos nosotros como cristianos, realicemos obras claras y concretas de caridad: decía el Padre Hurtado: “La caridad nos urge de tal manera que no podemos rechazar el trabajo: consolar un triste, ayudar un pobre, un enfermo que visitar, un favor que agradecer, una conferencia que dar; dar un aviso, hacer una diligencia, escribir un artículo, organizar una obra; y todo esto añadido a las ocupaciones de cada día, a los deberes cotidianos”.

Finalmente, agradecemos por medio de esta reflexión a todos aquellos que pasan por nuestros Hogares en este tiempo… En el Evangelio hay una reflexión acerca de quiénes son nuestros prójimos: ¿Quién es mi prójimo?, le pregunta un doctor de la ley a Jesús, y Él le contesta: Por el camino de Jericó bajaba un pobre hombre… medio muerto… Haz tú lo mismo (Lc 10,29-37). El prójimo, el pobre en especial, es Cristo en persona. Lo que hiciereis al menor de mis pequeñuelos a ‘mí’ me lo hacéis. ¡Lo que hiciereis al menor, a  me lo hacéis!

Hnas. del Hogar “San José Benito Cottolengo” en Arequipa

Fuente: http://www.iveperu.org

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