El 30 de junio de 2014 sin duda alguna fue una jornada particular para nosotras. Hacía cuatro meses las hermanas de la comunidad Santa Tecla de Alepo, Siria habían salido de la misión para descansar y visitar a sus familias, después de dos largos años de conflictos ininterrumpidos y de acompañar a los fieles cristianos en los duros momentos de la guerra. Finalmente, el 30 de junio regresaban las hermanas para retomar con ánimo renovado y con gran alegría los trabajos de la misión.

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Sabemos que muchos miembros de nuestra familia religiosa rezaron por nosotras durante esos días. Muchos sacerdotes ofrecieron la santa Misa pidiendo a Dios por nosotras. A modo de agradecimiento les contamos un poquito de nuestro viaje -lleno de gestos de la Divina Providencia- para que se alegren con nosotros y comprueben una vez más el poder de la oración.

Nuestro vuelo salió de Amman, Jordania, con 5 hs. de retraso; lo cual no es mucho decir cuando se trata de un viaje a Siria en estos momentos. Ya que puede suceder: -que el avión no salga por falta de pasajeros; – puede ser que, llegados a destino tenga que estar 3, 5 o 10 días esperando en el aeropuerto para poder salir; -puede ser también que llegados a destino, sin explicación alguna, no llegue el equipaje de los pasajeros. Como de hecho sucedió en nuestro vuelo, con solo tres excepciones: las valijas de las hermanas. Solamente nuestras valijas llegaron a Damasco.

con el papa

El vuelo, de poco más de una hora, sin dificultades. Llegadas a Damasco, tras resolver algunas situaciones de visas y gracias a la intercesión de san José –frecuentemente invocado desde días antes del viaje- logramos entrar en Siria a pesar de no tener visa, pues la ley acababa de ser modificada tres días antes. Por ser el mes de ramadán en que los musulmanes hacen ayuno desde la salida del sol hasta el atardecer, y por haber llegado nosotras a la hora en que se rompe el ayuno, todos apurados por ir a comer, nos dejaron pasar.

Nos alojamos en la residencia franciscana de San Pablo. Allí se encuentra la gruta que conmemora el lugar donde san Pablo caído en tierra escuchó la voz del Señor, relatado en los Hechos de los Apóstoles (9,1ss). Al día siguiente tuvimos la santa Misa en esa capilla, celebró el p. David Fernández, quien había viajado desde Alepo y regresaba con nosotras a la misión. Allí tuvimos presente a todos los miembros de la familia religiosa. Fue un regalo de Dios pisar tierra Siria en el lugar de la conversión de san Pablo uno de los más grandes misioneros de la Iglesia.

Por la tarde hicimos un recorrido por la ciudad vieja, ya que se encuentra muy cerca del lugar donde estábamos alojadas. Las iglesias cristianas están casi todas dentro del recinto de las murallas de la ciudad vieja. Estuvimos en la Iglesia de san Ananías y caminamos por la vía Recta mencionadas en los Hechos de los Apóstoles: Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: Levántate y vete a la calle Recta y pregunta en casa de Judas por uno de Tarso, llamado Saulo (Hech 9,10-11).

Al día siguiente, muy temprano emprendimos el viaje desde Damasco hasta Alepo. Antes que Siria viviera la situación actual, este viaje podía hacerse en unas tres o cuatro horas. Actualmente es necesario tomar otros caminos por razones de seguridad. Fueron entonces nueve horas recorriendo largos trayectos de desierto. De vez en cuando entrábamos en lo que alguna vez fueron pequeños poblados y que han quedado completamente reducidos a escombros, pueblos totalmente desaparecidos. Una muestra perfecta del odio y la destrucción a la que es capaz de llegar el corazón del hombre sin Dios.

El camino está sembrado de controles militares en los cuales, gracias a Dios no tuvimos mayores inconvenientes. Al llegar a Alepo, la vista de la ciudad realmente impresiona, las huellas que han dejado estos tres años de guerra son desoladoras.

Finalmente llegamos a nuestra casa, que se encuentra en el mismo Obispado Latino de Alepo. Allí estaba Mons. George Abu Khasen, las jóvenes universitarias que viven en el pensionado que nosotras asistimos, varios empleados del obispado. Por la tarde fue la santa Misa, presidida por Monseñor y luego de la misma el emotivo reencuentro con varios de nuestros fieles. Ellos agradecían el regreso de las hermanas, muchos afirmaron que vinieron para ver a las hermanas. personalmente porque les costaba creer que hubiesen regresado a la misión, muchos de ellos nos dijeron que estaban convencidos de que no volverían a Alepo.

Poco a poco hemos ido retomando las actividades y apostolados, que Dios mediante, les iremos dando a conocer. Nos encomendamos a las oraciones de todos Uds. y agradecemos inmensamente a todos cuantos rezan por nosotros, por los cristianos de Siria, por los frutos de estas misiones. Sabemos que en todas partes del mundo hay almas que rezan por estas intenciones, les estamos infinitamente agradecidas. Retribuimos también con nuestras oraciones y ofrecimientos. ¡Dios los bendiga!

Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará misioneras en Gaza

 

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