Crónica de Ordenaciones y Viaje de Primeras Misas

Queridos todos en el Verbo Encarnado,

Hace dos semanas atrás hemos vivido cosas inexpresables en la Finca, la casa Madre. Hace dos semanas hemos sido testigos de cómo Dios continúa la redención del hombre, creando sacerdotes para que perpetúen su sacrificio, para que sean profusión del amor de su Corazón.

Fue el  1ero de diciembre de 2018, el día en que ocho diáconos fuimos ordenados sacerdotes en la catedral de San Rafael. Éramos,

  1. Francisco Javier del Corazón de Jesús Rossi
  2. Valentín del Corazón de Jesús Bruno
  3. Santiago Sylvester
  4. Víctor Aaron Gálvez
  5. Andrés Francisco Torres
  6. Diego Alberto Barazzutti
  7. Matías Vaylet
  8. Y el que escribe, Bernardo María del Corazón de Jesús Ibarra

Además, junto con nosotros en esa misma ceremonia fue ordenado diácono el seminarista Agustín María Ibañez Linares.

Fue un día de grandísima alegría, fue un día en que la Catedral de nuestro querido San Rafael se lleno de algazara, porque una vez más Dios quiso convertir a hombres miserable y pecadores en ministros de sus misterios, en embajadores de Si mismo. Quiso hacer de ellos una prolongación del amor más íntimo de su Corazón. Por eso festejamos y nos alegramos tantísimo: ¡Dios ha regalado a su Iglesia y al Instituto ocho nuevos sacerdotes!

Al día siguiente, hicimos la Primera Misa en la Finca, donde actualizamos por primera  vez el Sacrificio de la Cruz.  Y allí vivimos lo que describe tan bellamente Gabriel y Galán en Vocación:

Llegó al fin el momento
Del sublime Misterio: el celebrante
Se inclinó y consagró, fijo y atento:
Los ojos de su fe vieron delante
El divino portento
Que ofuscó, que cegó su pensamiento;
Y pálido, con miedo, vacilante,
Con toda el alma en el Misterio hundida,
Con el santo terror de criatura
Que ve su pequeñez engrandecida
Y elevada por Dios a aquella altura;
Como rendido al infinito peso
De aquel divino y amoroso exceso;
Con el alma anegada
En un mar de ternura dolorosa
E implorando la ayuda poderosa
De la bondad de Dios, nunca agotada,
Pudo elevar, con mano temblorosa
La Hostia consagrada.

Esta Primera Misa en la Finca fue presidida por el p. Francisco Rossi, y al final de la misma hicimos la consagración de nuestro sacerdocio al Sgdo. Corazón, como expresión de nuestra total adhesión a Él y como deseo de permanecer hasta la muerte en este querido Instituto, prometiéndole a él celebrar su Misa Votiva todos los viernes de nuestras vidas (siempre y cuando la liturgia lo permita). Fue esta consagración una extensión de aquella que el 23 de julio de 2016 hicimos como Instituto al Sdgo. Corazón, expresión y símbolo eminente de la Encarnación.  Y tuvimos la gracia de hacerla frente a la hermosísima imagen que se entronizó en nuestra casa Madre. ¡Gracia sobre gracia!, porque a la gracia de la ordenación siguió aquella de la Primera Misa y a esta aquella otra de pertenecer totalmente al Sgdo. Corazón.

Esa misma tarde, algunos de los neosacerdotes fuimos al Seminario Menor (cuatro de ellos fuimos seminaristas menores), donde el p. Valentín Bruno presidió la Sta. Misa y remarcó en su acción de gracias, el gran bien del Seminario Menor como lugar donde la vocación de los niños y adolescentes es preservada  e incentivada. A su vez, otros dos neosacerdotes, Diego Barazzutti y Matias Vaylet fueron a nuestro monasterio a celebrar una Primer misa.

Al día siguiente, lunes 3 de diciembre partimos para Bahía Blanca, junto con los pp. Fernando Vicchi y Teodoro Matsapula (Provincial de Ucrania), para acompañar al p. Matías Vaylet en su Primera Misa en su parroquia. Allí fuimos muy bien recibidos por su familia y el 4 de diciembre celebramos la Misa en la Parroquia San Luis Gonzaga. Muchos miembros de la tercera orden estuvieron presentes y fue un día de mucha alegría. Al día siguiente celebramos la Sta. Misa en la Iglesia del Colegio María Auxiliadora, donde yacen los restos de la Bta. Laura Vicuña y visitamos Monte Hermoso.

Partimos luego para Bella Vista. Cuatro de los neosacerdotes somos de aquí, cosa que dio lugar a un encuentro de vocaciones bellavistences. Todas las actividades de este encuentro dan ciertamente para otra crónica, que en breve se publicará. Aquí queremos resaltar la gracia de la Primera Misa en la Basílica de Luján, el viernes 7 de diciembre, donde yo pude presidir acompañado de muchos sacerdotes venidos para el encuentro y de otros más que también se hicieron presentes. Agradecemos especialmente a Dios la gracia de haber podido celebrar Misa a los pies de la Virgen de Luján, Patrona y Reina de nuestra familia religiosa, a cuyo amparo nos acogemos, pidiéndole especialmente nuestra perseverancia en la vocación.

El domingo 9 de diciembre hicimos la Primera Misa en Bella Vista, en la capilla Jesús María, que fue presidida por el p. Andrés Torres, acompañado de muchos otros sacerdotes. Mucha gente de la tercera orden, amigos y bienhechores participó de la Misa y de los festejos.

Luego partimos para Cura Brochero, Córdoba, donde pudimos celebrar Misa frente a los restos del Cura Gaucho. Era nuestra intención ir a visitar las reliquias del primer santo canonizado argentino, sacerdote ejemplar y heroico, para pedirle por nuestra perseverancia y santificación. Nos llenó de alegría el hecho de saber que justo ese mismo día, 10 de diciembre, se cumplía el centésimo quincuagésimo segundo aniversario de la Primera Misa del Cura Brochero. En esa Misa le pedimos que nos haga celosos predicadores de los Ejercicios Espirituales.

Continuamos nuestro viaje para Tucumán, donde en la parroquia Nuestra Señora de la Caridad, el p. Diego Barazzutti presidió la Sta. Misa. Fue mucha la cantidad de gente que acudió a la Misa y las confesiones fueron numerosísimas. Muchos miembros de la tercera Orden si hicieron presentes.

Y por último Salta. Allí el p. Santiago Sylvester presidió la Sta. Misa en la Iglesia de San José donde él solía ayudar antes de su entrada al Seminario Menor. Recordamos en la misa a María Elena Marcone de Sylvester, madre del p. Santiago, en su segundo aniversario de fallecimiento.  Fue ella ciertamente la  protagonista de la fiesta, porque por su ejemplo y sacrificio brotaron de su familia, entre otras incontables gracias, tres vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa.

Agradecemos a Dios las innumerables gracias que nos ha dado. En especial la gracia del sacerdocio, inmerecida y del todo gratuita, y de haber podido celebra su santo sacrificio. Basta tan sólo una Misa para salvar al mundo entero, porque el poder del sacrificio del Calvario lo puede todo, y aunque fuésemos sacerdotes de una Misa, toda nuestra vida estaría de todos modos bien pagada.  Hemos sido sacerdotes para prolongar el amor del Corazón de Dios. Hemos sido ministros de sus misterios para reanudar la obra de la redención una y mil veces, para ser puentes, para ser faros y columnas. Rogamos a Dios y a su queridísima Madre que nos obtenga la gracia de las gracias, la perseverancia en la vocación sacerdotal y religiosa.

Agradecemos también a Dios y al Virgen, estos días de especial caridad y alegría, de camaradería  sacerdotal. Fueron días en que vivimos de nuevo el fervor del noviciado y la alegría de ser hermanos en el sacerdocio y en la vida sacerdotal. Además agradecemos muchísimo a los miembros de la tercera orden que nos acogieron y nos recibieron en todos los lugares por los que pasamos con muchísimo cariño y atención. ¡Dios les pague el ciento por uno!

Unidos en el Verbo Encarnado,

  1. Bernardo Ibarra, IVE

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