Estos días han sido jornadas dedicadas a terminar nuestra mudanza al departamento que nos prestan las Hermanas de Madre Teresa de Calcula; a la limpieza de nuestra casa, tratando de sacar un poco de escombros y de rescatar las imágenes, libros, objetos litúrgicas de nuestra Capilla; y también de visitas a otros barrios muy afectados por los bombardeos y a algunas familias.

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El pasado 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen, fue el primer día de nuestro reencuentro con algunos feligreses de la Franja de Gaza, aunque estábamos en plena tregua de paz, no todos se animaron a salir de sus casas, por lo cual la asistencia fue reducida. Tuvimos la Santa Misa a las 18 hs. y luego hubo un pequeño ágape para festejar a la Santísima Virgen y el rencuentro después de varios días de estar refugiados cada uno en su propia casa. Luego de este momento de fraternidad con nuestros fieles, tuvimos una hermosa tertulia de cantos a la Virgen con las hermanas de M. Teresa, con los Padres Jorge y Mario Da Silva y con Marcos –el joven italiano que nos acompaña estos días y que es payaso-. Cantamos cada uno en nuestra lengua materna y otras lenguas como polaco, francés, inglés, español, italiano, tagalo, indio y portugués. Finalizamos con unas pizzas y un canto en acción de gracias a Nuestra Madre del Cielo por habernos protegido y reunido nuevamente y pidiéndole nos alcance el don de la paz.

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Dos días después, la Misa dominical fue el momento del gran reencuentro con muchos de nuestros feligreses que acudieron en gran número. La Misa iniciaba a  las 10 hs., pero varios de ellos llegaron para la Adoración Eucarística que se había organizado una hora antes. Al finalizar la ceremonia nos reunimos todos en el atrio de la Iglesia, como se hace habitualmente, compartiendo el típico café árabe y saludándonos unos a otros. Cada uno contaba su experiencia de la guerra y nos preguntaban a nosotros cómo estábamos, cómo estaba nuestra casa –todos sabían que había sido dañada-, daban gracias a Dios por que nos había protegido y esperaban el final de este conflicto, pidiendo a Dios la ansiada paz.

El P. Jorge al finalizar la Santa Misa agradeció a muchos hombres, jóvenes, de la Parroquia que, arriesgando sus vidas y dejando su casa, habían venido en medio de los combates para ayudar a repartir alimentos, agua, etc., a la gente más necesitada.

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Era hermoso ver a la comunidad cristiana reunida, alegre, luego de haber participado de la Eucaristía y de haber pasado estos duros momentos de prueba. Un pequeño rebaño, pero como la levadura en la masa; pocos, indefensos, pero fuertes en la fe.

También hemos podido visitar una familia en un barrio que fue muy castigado, en Khan Yunes. Es la única familia cristiana en todo el barrio. La devastación en dicho barrio ha sido una de las mayores, están sin agua, sin luz, muchas casas completamente destruidas. Estando al sur de la Franja y alejado del centro de la ciudad, se hace más difícil todo tipo de ayuda y de suministros. Allí fuimos con los Padres y con Marcos. Apenas nos bajamos del vehículo se acercó un grupito de niños a quienes Marcos atrajo con sus trucos de magia y repartió globos al despedirlos.

Son tres las treguas que se han sucedido una tras otra en esta semana: la primera se prolongó por tres días, la siguiente por cinco días y la última, que debía ser de 24 hs., claudicó antes del tiempo acordado.

Imploremos a Dios el fin de esta guerra y que haya finalmente un acuerdo de paz, pero sin olvidar que, si bien los acuerdos pueden detener una guerra, la ausencia de combates por sí misma no nos da la paz verdadera, que brota de la presencia de Dios en el corazón del hombre. Si no hay paz en el interior del hombre difícilmente lo habrá en el exterior, de allí la importancia de trabajar por ser constructores de paz, haciendo diariamente actos concretos que construyan, que mantengan, que alimenten la paz en nosotros y en nuestro alrededor. Pero solos no podemos, debemos por eso pedirlo a Dios, pues la verdadera paz llega cuando el hombre encuentra a Dios. Pidamos esta gracia a través de la Santísima Virgen María para todos nosotros y para estos pueblos que tanto sufren.

Gracias por vuestras oraciones, que Dios los recompense con creces.

M. María de la Contemplación

 

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