Servidoras_Portugal_Familia

“La Iglesia, consciente de que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad, quiere hacer sentir su voz y ofrecer su ayuda a todo aquel que, conociendo ya el valor del matrimonio y de la familia, trata de vivirlo fielmente; de manera especial se dirige a los jóvenes que están para emprender su camino hacia el matrimonio y la familia, con el fin de abrirles nuevos horizontes, ayudándoles a descubrir la belleza y la grandeza de la vocación al amor y al servicio de la vida”.[1]

Querida familia religiosa:

Queremos compartir con ustedes la alegría de haber podido realizar un fin de semana de retiro junto a algunas familias de diversas parroquias de nuestra diócesis de Setúbal, Portugal.

 El retiro se llevó a cabo los días 15, 16 y 17 de marzo, y nos alojamos en una casa grande, que se encuentra frente al mar. Un lugar apropiado para esta actividad. Quien comenzó con este apostolado es nuestro párroco, el Padre Marco Luís, realizando estos retiros con cada parroquia por separado, pero por diversas circunstancias resolvieron, junto con las familias, hacer un solo retiro para todos. Es por ello que éste retiro fue el segundo después de tomada esta decisión; y contó con la participación de 20 familias numerosas, algunos jóvenes voluntarios y la ayuda de nuestra comunidad. En algunas reuniones previas se distribuyeron los oficios que debía realizar cada grupo de familias, y el deber principal de cada familia era invitar a más matrimonios. “Así la familia, en virtud de su naturaleza y vocación, lejos de encerrarse en sí misma, se abre a las demás familias y a la sociedad, asumiendo su función social”.[2]

Estas familias, en su mayoría, han hecho su consagración total a Jesús por las manos de María, según S. Luis María Grignion de Montfort, y buscan vivir, en gracia y con empeño, dicha consagración. También se destaca en todas ellas una gran devoción en común a San Juan Pablo II, “El papa de las familias”, a cuya protección confían el cuidado de las suyas.

Cada día por la mañana comenzábamos entregando la jornada a Dios con las oraciones e inmediatamente después del desayuno, tenían lugar las charlas de formación conforme a las distintas edades, las cuales fueron dadas por el padre Marco, las hermanas y también un matrimonio invitado, para dar testimonio de su experiencia. Es edificante ver la preocupación de los matrimonios por la educación integral de sus hijos y la de ellos mismos. “En efecto, la familia cristiana es la primera comunidad llamada a anunciar el Evangelio a la persona humana en desarrollo y a conducirla a la plena madurez humana y cristiana, mediante una progresiva educación y catequesis”. [3]

Las charlas estaban intercaladas con pausas y otras actividades, como caminatas al mar, juegos para los niños, donde pudimos percibir la sana alegría, fruto de la vida de gracia que se vive en sus familias, de las cuales sin duda Dios se servirá para hacer brotar vocaciones para la Iglesia, porque como dice Juan Pablo II: “en cuanto comunidad educativa, la familia debe ayudar al hombre a discernir la propia vocación”. [4]

Por gracia de Dios la casa contaba con una capilla donde tuvimos la Santa Misa cada día y el sábado por la noche, luego de ver una película, todos juntos, tuvimos adoración con los matrimonios y jóvenes. Dos sacerdotes estaban a disposición para confesar. El día domingo por la mañana se realizaron las últimas charlas. El retiro concluyó con la solemne misa dominical y luego a seguir un almuerzo de despedida.

Estamos agradecidas de haber podido colaborar en apostolado con las familias en los inicios de nuestra misión en Portugal, por ser éste uno de los empeños primordiales que nos urge en estos tiempos en que la familia es fuertemente atacada. Así lo expresó enérgicamente Sor Lucía: “La batalla final entre el Señor y el reino de Satanás será acerca del Matrimonio y de la Familia. No teman, porque cualquiera que actúe a favor de la santidad del Matrimonio y de la Familia siempre será combatido y enfrentado en todas las formas, porque ésta es el punto decisivo”.[5] Pero estamos firmes en la esperanza de la victoria, pues, Nuestra Señora ya ha aplastado su cabeza. En fin, ella misma nos lo ha prometido: “Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará”.[6]

Así, haciendo nuestra la plegaria de San Juan Pablo II pedimos para estas y para todas las familias: “Que la Virgen María, como es Madre de la Iglesia, sea también Madre de la «Iglesia doméstica», y, gracias a su ayuda materna, cada familia cristiana pueda llegar a ser verdaderamente una «pequeña Iglesia», en la que se refleje y reviva el misterio de la Iglesia de Cristo. Que Cristo Señor, Rey del universo, Rey de las familias, esté presente como en Caná, en cada hogar cristiano para dar luz, alegría, serenidad y fortaleza”. [7]

Nos encomendamos a sus oraciones.

Hna. Mª Madre del Cristo Inocente, misionera en Portugal.

[1] San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, n. 1. [2] San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, n. 42. [3] Ibidem, n. 2. [4] Ibidem, n. 2. [5] Carta al Cardenal Carlo Caffarra. [6] Aparición del 13 de julio. [7] Cf. San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, n. 86.

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