Esta frase que muchas veces hemos escuchado, es quizás muy palpable en las misiones populares, y más aun cuando Dios quiere regalarnos la gracia de ver abundantes frutos en conversiones, confesiones, sacramentos.

Tal gracia tuvimos el pasado año en diciembre, en las dos misiones populares que realizamos con las novicias y postulantes.

La primera fue en el Guasmo central, en Guayaquil, en una parroquia que atienden nuestros padres  del IVE “San Luis, rey de Francia”, y la segunda en Babahoyo, una ciudad de la provincia de los Ríos, que está junto a Guayas.

    Ambas misiones fueron totalmente distintas, y como un objetivo de las misiones de casas de formación es la formación apostólica de las hermanas (además de la Gloria de Dios y la salvación de las almas); fueron de mucho provecho, ya que experimentaron las dos “posibilidades” que siempre tenemos en las misiones.

La primera fue más consoladora en todo sentido, material como espiritual; la segunda, fue como comenzar a remover con el azadón la tierra en nuestros conventos en San Rafael, sin haber echado mucha agua. Pues, si bien también tuvimos abundantes frutos, fue un poco más dura.

 

    Misión del Guasmo, “Parroquia San Luis Rey de Francia”.

En esta parroquia, atendida por los padres IVE hace varios años, ha tenido ya varias misiones. Además el P Ariel Miranda, quien predicó la misión, había hecho una muy buena pre – misión con la gente de la parroquia, por lo cual, ya antes de visitar una sola casa, incluso antes de haber hecho el envío misionero (que se haría en la Misa de la tarde), cuando no “asomamos” en la Misa del domingo a la mañana, ya se estaban anotando unas diez personas para sacramentos.

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Podemos destacar de esta misión, especialmente dos cosas: Primero el ejemplo de los laicos de la parroquia. Por gracia de Dios hay grupos muy activos (entre ellos el de la Tercera Orden del IVE ). Y gracias a ellos pueden hacerse estas misiones, pues nos acompañaron a visitar casas los adultos, los jóvenes nos ayudaron todas las tardes con los niños, etc. Es realmente admirable cómo están comprometidos y perseveran en ello.

Por otro lado, algo para agradecer a Dios, fue la cantidad de sacramentos de adultos, y especialmente la atención y provecho que sacaban de las clases de catecismo. El hecho de que se anotaran desde tan temprano nos permitió organizar por cursos, y como no había muchas catequistas los juntábamos en cursos de veinte o  treinta personas. Y era admirable ver cómo jóvenes de dieciséis y hasta veinticuatro años e incluso algunos hombre grandes y señoras que pasaban los cincuenta años, prestaban atención, preguntaban, llevaban el librito y lo traían estudiado, etc. Señal clara de que el mundo tiene mucha sed de Dios y que Jesucristo sigue atrayendo a las almas por sí mismo.

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Los Bautismos fueron muchos, varios de jóvenes y adultos, que al día siguiente recibieron la comunión y confirmación. Simplemente una anécdota graciosa, el niño que era monaguillo durante los bautismos, que estaba con todo el fervor, pues había hecho la primera comunión unos días antes, estaba cansadísimo cuando terminaron. Así que cuando me acerco, el niño me dice: “y todavía me faltan los matrimonios y la Misa…” tan compenetrado que creía que ya había recibido el orden sagrado.

Finalmente culminó la Misión con las confirmaciones y comuniones, que fueron una cifra muy grande, además de las personas  del catecismo de la parroquia que ya se estaban preparando desde antes.

 

    Misión en Babahoyo.

Al mediodía terminamos con la misión en Guayaquil, juntamos nuestras cosas y salimos para la segunda misión. Si bien las misioneras estaban cansadas, los abundantes frutos de la misión que acababa de terminar fueron como un aliciente para seguir sin parar en esta nueva misión. Esta segunda misión fue predicada por el P Rubén Larzábal y nos ayudaron gran parte de ella las aspirantes.

Aquí la situación era distinta. Babahoyo es una diócesis donde nos han pedido fundación hace poco, y como no podemos concretar aún, le ofrecimos al obispo una misión. Monseñor Marcos nos pidió que misionemos en la parroquia de la punta de Babahoyo que cuenta con cincuenta mil habitantes y está atendida por dos sacerdotes de otra congregación, quienes a su vez llevan adelante dos colegios como rectores. Esto hace que no puedan atender mucho su jurisdicción.

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Nosotros decidimos comenzar por lo más alejado, y por lo tanto seguramente menos atendido. Y dicho y hecho, fue como arar en suelo seco y rocoso…

El barrio acababa de ser “rellenado” pues Babahoyo en el tiempo de lluvias se inunda tanto que sólo puede uno moverse en canoa; así que hacen un relleno hidráulico con drenajes y es de arena, por lo tanto, todo era arena.

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Las casas son de caña elevadas sobre el piso porque sino, quedarían bajo agua. Así que fue toda una odisea subir y bajar de las casas, pues algunas tienen escaleritas (en lo mejor de los casos), o simples puentecitos de cañas, que más de una vez parecía que iban a ceder a nuestro peso.

    La situación realmente es muy pobre tanto material como moral y espiritualmente. Existe mucha pobreza por lo cual, los padres obligan a las jovencitas a formar sus familias desde muy chicas.

Si bien fue duro chocarse con una realidad  tan complicada, Dios movió admirablemente a las personas. Y esto como siempre, fue un consuelo.

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Hubo muchos bautismos, y algunos de jóvenes que caminaban hasta dos horas para llegar cada día a recibir el catecismo. Y para la culminación de la misión nos acompañó Mons. Marcos, quien confirmó algunos jóvenes y en la misma Misa recibieron otros tantos la comunión.

Agradecemos a Dios por tantos beneficios recibidos y por permitirnos palpar tan de cerca cómo mueve con su gracia a las almas.

   Aprovechamos a pedirles oraciones por las postulantes y novicias, por su perseverancia y santidad!

    En el Verbo Encarnado y su Santísima Madre,

    Noviciado “Reina del Cisne”, Ecuador

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