Visita al Real Monasterio de Santa Clara en Astudillo (España)

Astudillo_-_Real_Mº_Santa_Clara_08Con ocasión de un reciente viaje a España, invitado por monjas de otra congregación a las que di una serie de conferencias durante un fin de semana, tuve ocasión de visitar a las Monjas Clarisas del Monasterio de Santa Clara, en el pueblo de Astudillo, cerca de Burgos (Castilla). El P. Buela, que las conoce desde hace tiempo, me había hablado alguna vez de ellas, pues lo habían edificado por su espíritu sobrenatural, por su alegría -que es siempre fruto de la acción del Espíritu Santo (cfr. Gal 5,22)-, por el crecido número de vocaciones, por su alma misionera y también por el trabajo de restauración del monasterio que hicieron, pues el edificio estaba en ruinas a mediados del siglo pasado. El monasterio fue fundado en 1356 por bula del Papa Inocencio VI, y para acogerlo se amplió el  edificio que había sido palacio del rey Don Pedro I de Castilla.

Escribo estas líneas para contar dos historias de estas monjas, pues creo que son muy edificantes. Me las contó la Hermana Pilar Rey, castellana de ley, que es la que me atendió con exquisita caridad y con quien hablé por espacio de casi una hora, antes de seguir mi camino.

1. La primera anécdota se refiere al edificio del monasterio y a la confianza en la Providencia de estas mujeres de Dios. El edificio es muy antiguo y grande: comprende el palacio de Don Pedro I, el palacio de María de Padilla, la Iglesia, y el monasterio propiamente dicho. Se aprecian en él diversos estilos arquitectónicos que reflejan su larga historia. El decorado es variado, destacándose la decoración y los artesonados mudéjares. Después de la desamortización de Mendizábal (en el año 1835) y sobre todo de la guerra civil española (1936-1939), el edificio estaba completamente arruinado.

Monasterio_de_Santa_Clara,_AstudilloA inicios de los años ‘50 llega al monasterio una nueva priora, la Madre Inmaculada, muy joven (tenía unos 30 años), acompañada por otras 8 religiosas. Había estudiado arte antes de su ingreso en la vida claustral, y desde el inicio se dispuso a restaurar el antiguo edificio, sin que esto perjudicase la vida contemplativa propia de las Clarisas. Las monjas eran sumamente pobres, pero tenían una ilimitada confianza en la divina Providencia. Fue así que con gran alegría y entusiasmo, y con enorme espíritu de sacrificio, fueron restaurando ellas mismas, una por una, todas las instalaciones del inmenso monasterio. Las mismas monjas lijaban, restauraban, construían, pintaban… con exquisito gusto y mucha dedicación, de manera que devolvieron al monasterio el esplendor que tenía antiguamente. Hasta el punto que hoy el palacio de Pedro I se visita y es un museo único en esa ciudad, con obras de arte muy interesantes (si no me equivoco tienen unos 3.000 visitantes al año). La misma hermana Pilar, que hace de guía a los visitantes, me contaba que aprovecha para hacer apostolado a partir de las obras de arte, pues “para eso las pintaron los artistas”.

Durante ese tiempo empezaron a llegar muchas vocaciones de toda Castilla, atraídas por el espíritu de oración y de trabajo de las clarisas, por su pobreza y por su contagiosa alegría, como también por el carisma especial de maternidad de la Madre Inmaculada (que todavía vive allí, tiene más de 90 años). La hermana Pilar me contaba que ella era maestra de escuela y estaba en la Acción Católica, pero fue conquistada por el Señor a partir del conocimiento de la Madre Inmaculada y de sus monjas.

Cada vez llegaban más y más hermanas. En esa España de la post-guerra ellas no tenían ingresos fijos ni nada que asegurase la subsistencia… pero la Madre Inmaculada les repetía siempre que si el Señor les mandaba las vocaciones les mandaría también los medios para darles de comer y para darles una digna casa (en alusión a la restauración del monasterio que estaban haciendo ellas mismas). Y de hecho, aun en medio de mucha pobreza, nunca dejaron de comer. Es más, tanto las bendijo Dios que llegaban a hornear pan en el horno del monasterio no sólo para ellas sino también para la comunidad de los Padres Salesianos que está frente al monasterio, y que era nada menos que ¡un seminario menor con más de 100 seminaristas! (no creo que sea necesario explicar cuánto comen los seminaristas menores…). Si bien experimentaban día a día el aguijón de la “Dama Pobreza” con la que ellas, a ejemplo de San Francisco y Santa Clara, se habían desposado, no les faltó nunca la comida.

AstudilloLa segunda historia fue para mí aún más edificante y es la que me hizo tomar la decisión de escribir esta crónica. La Hermana Pilar gozaba al contármela. En los primeros años ’80 un Obispo de Angola (África), habiendo escuchado hablar de este floreciente monasterio y del gran número de vocaciones que tenía, escribió a la Madre Inmaculada pidiéndole la apertura de una fundación en ese país, pues allí no había ningún monasterio de monjas de clausura. El Obispo les decía que sólo podía ofrecerles pobreza y más pobreza, pero les aseguraba que tendrían muchas vocaciones. La Madre Inmaculada recibió la carta y el pedido le pareció increíble, por lejano –o más bien remoto-, por diferente, por desconocido… Inicialmente no comentó nada de la carta a la comunidad, pero llegados los ejercicios espirituales anuales, y habiendo consultado al predicador, decidió hacer partícipes del pedido del Obispo a las demás monjas.

Fue así como terminados los ejercicios espirituales, en el primer capítulo anual, y luego de haber organizado los oficios de toda la comunidad para el año que comenzaba, la Madre decidió leer la carta a las monjas. Y les dijo: “He recibido una carta y entiendo que no tengo derecho a quedármela para mí. Es una carta para toda la comunidad. La leeré, y si a alguna le parece que tenemos que decir que sí, y además quiere ir, que se ponga de pie”.

Entonces leyó el pedido del Obispo. Todas las monjas escuchaban con gran atención. Y apenas terminó la lectura, todas sin excepción se levantaron al unísono de sus sillas. Me decía la Hermana Pilar: “Cuando nos dimos cuenta de lo que había pasado, nos abrazábamos todas llorando de alegría… No teníamos dudas de que el Espíritu Santo nos estaba inspirando, aunque no teníamos idea de dónde quedaba Angola exactamente. Dios iba a proveer”.

Astudillo_-_Real_Mº_Santa_Clara_04La Madre Inmaculada tomó esto como un claro signo del Dios. Al otro día fue al pueblo de Olmedo, no muy distante, para aconsejarse con la Superiora de las monjas dominicas, pues ellas habían fundado poco antes en un país africano. Esta Superiora le aconsejó que no mandara pocas monjas, pues todo era muy precario allí y las hermanas necesitarían ayudarse mucho.

Poco tiempo después la misma Madre Inmaculada capitaneaba la expedición a Angola. Fundaron con diez monjas de entrada, aunque esto significó un “desangrarse” de la comunidad de Astudillo. La Madre Inmaculada se quedó un tiempo largo con ellas (creo que como un año) antes de regresar a su Patria. Las clarisas de Astudillo recibieron las primeras noticias de la fundación recién a los seis meses de la partida de las monjas. Mientras tanto rezaban confiadas en la Providencia, sin saber nada más.

Pues bien, en ese monasterio de Clarisas en Angola hay hoy más de 80 monjas. Y tuvieron que fundar un segundo monasterio allí en el cual hay otras 40. Y próximamente de esos dos monasterios fundarán una tercera casa en Mozambique. Además las Clarisas de Astudillo siguen teniendo vocaciones: son 35 en este momento, y hacen intercambio de monjas con los monasterios de Angola (cuando yo visité el convento había 7 hermanas angoleñas).

Patio_del_monasterio_de_Santa_Clara,_AstudilloCiertamente Dios no se deja ganar en generosidad. Al continuar mi viaje me venían a la mente las promesas de Nuestro Señor que acababa de ver cumplidas literalmente en estas generosas monjas: “Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna” (Mc 10,29-30).

Y también no podía no recordar en ese momento el mandato del Divino Maestro, que evidentemente vale para todos. También, a su modo, para las monjas de vida contemplativa: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16,15); “me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,18-20).

Rev. P. Gonzalo Ruiz Freites, IVE

Roma, 20 de octubre de 2013.

Deja un comentario