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San Juan Pablo Magno señaló que son precisamente los misioneros aquellos que fomentaron los tres grandes amores que han caracterizado la fe católica de los pueblos de América Latina: “amor a la Eucaristía, amor a la Madre del Salvador, y amor a la Iglesia en la persona de sucesor de Pedro. En estos tres grandes amores-dijo- encontraréis la luz, fuerza e inspiración necesarias para llevar a cabo la ingente labor de la Nueva Evangelización  que os aguarda”[1].

Para llevar a cabo la obra misionera de anunciar a Cristo y prolongarlo en todos los hombres, sin duda alguna, hemos de caracterizarnos por el amor que debemos tener a las tres cosas blancas: La Eucaristía, la Virgen María y el Santo Padre.

El motivo de esta crónica, además de compartir con todos la gracia enorme que tuvimos de poder ver y saludar a Pedro, vivo en Francisco, no es otro que reavivar ese amor por aquél que es el Vicario de Cristo, el Dulce Cristo en la tierra y agradecer a quienes en esta semana se han convertido en nuestros más destacados bienhechores, nuestro Obispo, Su Excelencia Nicholas Di Marzio y sus colaboradores.

Como comunidad contemplativa hemos estado preparándonos para su venida con la oración, pidiendo para que su visita a estas tierras sea de abundantes frutos y bendiciones. Y sí… ciertamente que deseábamos verlo, pero eso no pasaba de ser un simple deseo, algo que todo buen hijo de la Iglesia tiene. Pero ¡Dios realmente nos sorprendió!

La hermana MaryAnn Lopícolo, encargada de los religiosos en la diócesis, nos escribió una semana antes de la venida del Santo Padre en nombre del Señor Obispo invitando a las hermanas contemplativas a participar del rezo de vísperas con el Santo Padre en la catedral San Patricio, una atención especial para con las monjas de clausura ya que al resto de las religiosas de la diócesis solo podía dar un ticket por Instituto.

Participación de las Vísperas en la catedral de San Patricio

Luego, dos días antes de las Vísperas en San Patricio otro email de la hermana nos sorprendió aún más, ofrecía tres tickets para la despedida del papa en el aeropuerto JFK diciendo que la diócesis pedía a nuestras hermanas porque somos de Argentina. Sabiendo que algunas de las hermanas apostólicas no tenían tickets para las celebraciones, compartimos con ellas algunos y así un grupo de nosotras fue a San Patricio y el otro al aeropuerto.

Las vísperas fueron hermosas, una gracia ver tantos religiosos con las más variadas vestimentas y carismas, todos unidos bajo el mismo Pastor, todos emocionados con sus palabras. Nos aconsejó dos cosas: nunca dejar de recordar las gracias recibidas y agradecerlas; y el segundo no olvidar el sacrificio, el espíritu de laboriosidad. También agradeció a las religiosas la labor educativa de esta nación, era muy emotivo ver a las religiosas ancianas en ese momento con lágrimas en sus ojos (los laicos después pasaban felicitándolas), finalmente nos dijo “las quiero mucho” y fue ovacionado de aplausos. Un señor que iba a imprimir cosas para nosotras al día siguiente, le preguntó a una de nuestras hermanas cómo nos había ido en San Patricio y le dijo a la hermana, “sabes, no voy a cobrarte este trabajo porque ¿qué haríamos nosotros sin las religiosas?”

Despedida en el Aeropuerto John F. Kennedy

La despedida consistía no sólo en estar presentes en el aeropuerto, sino en entregarle, en representación de la diócesis, unos regalos y saludarlo.

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Los regalos:

Los regalos oficiales para el Papa Francisco eran sólo dos: un ramo de rosas blancas, simbolizando las oraciones, y un libro de la Co-catedral recientemente restaurada.

Además de esos regalos le dimos también una bombilla muy delicadamente labrada por un artesano argentino que está viviendo en Brooklyn, quien había llamado unos días antes a la diócesis ofreciéndola; unos alfajores que le habíamos preparado nosotras y una de nuestras cruces de Matará colocada en un estuche con dos estampas, una con una imagen de la Sagrada Familia que por el reverso decía los nombres de todos nuestros monasterios y debajo de esa estampa colocamos otra que tenía la imagen de la Trinidad, el Padre, el Espíritu Santo, el Hijo crucificado ofreciéndose al Padre, y debajo las manos de un sacerdote, ofreciendo una patena con Hostias sobre las cuales caían gotas de la Sangre del Crucificado; por el reverso escribimos a puño y letra:

“Muy querido Santo Padre: Nuestras vidas son también hostias que se ofrecen cada día,  junto a la Hostia divina, por Usted, por la Iglesia y por la salvación de las almas. ¡Le aseguramos nuestras oraciones! Las monjas de clausura”.

En el aeropuerto:

Por supuesto se podrán imaginar el momento comprometedor y gracioso al tener que pasar por el control con todos esos regalos. Porque ¿cómo se le explica a un guardia americano lo que es una “bombilla” para tomar “mate”? o que esas “galletitas” son un regalo para el Papa; tuvimos que llamar a Mons. Kieran Harrington (párroco de la Co-catedral, encargado del apostolado de los medios de comunicación en la diócesis y de la logística del viaje, podríamos decir, la mano derecha del Obispo) para que hable con el guardia así nos dejaba pasar con todos los regalos, además ¡el que nos había dado la bombilla para entregársela al Papa era él! Y quien nos dijo “tienen que regalarle una cruz de Matará de esa que usan ustedes en el cuello” y a quien la idea de los alfajores le pareció “excelente”.

Finalmente después de pasar por los controles llegamos al lugar en que iba a aterrizar y partir el Santo Padre, la gente estaba ubicada detrás de unas vallas, allí estaban también muchos periodistas y cámaras de televisión, y por supuesto muchísimos policías y agentes de seguridad.

Mientras nos preparábamos para el arribo del Santo Padre, se comenzó con el rezo del rosario por altoparlantes.

Los saludos y entrega de regalos:

Momentos antes del arribo se nos acercó un guardia y nos dijo: “Hermanas, al Santo Padre le van a entregar personalmente solo las flores, los demás regalos se los damos al personal de seguridad que después se los hará llegar al avión”. Pero, por supuesto que después de todo lo que habíamos pasado para llegar ahí con todo, y faltando tan poco para entregárselos en mano, no nos íbamos a dar por vencidas tan pronto, no? Así que otra vez a buscar y llamar a nuestro “ángel de la guarda”.

“Mons. Harrington venga, venga!”.

“¿Qué pasa?”.

“Es que no nos dejan entregarle al Papa estos regalos”

Se desapareció por unos instantes y volvió al rato diciéndonos: “No se preocupen, si alguien les vuelve a decir algo le responden: “Agent Hunter” “el Agente Hunter nos autoriza” (no teníamos idea quien era el agente Hunter, que por lo que dedujimos era el agente encargado de todo el tema de seguridad). ¡Respiramos tranquilas! Por suerte, ya no nos dijeron nada más.

Fue muy emocionante ver cómo empezaban a aterrizar los helicópteros, no sabíamos en cuál de ellos venía el Papa, aterrizaron cuatro y finalmente llegó el quinto que aterrizó más cerquita, nuestro Obispo, Nicolás DiMarzio estaba con nosotras y nos dijo “ahí viene”, nos parecía mentira todo eso, era como un sueño, no lo podíamos creer, sin embargo era cierto, ¡íbamos a saludar al Santo Padre!

Un grupo de hermanas contemplativas saludó personalmente al Papa Francisco en su viaje a Estados Unidos - Servidoras del señor y de la virgen de matará (SSVM)

El Papa Francisco descendió del helicóptero y nosotras caminamos junto al Obispo hasta ubicarnos cerca del avión, estábamos solo nosotras y el Obispo…y nadie más. Los demás Obispos estaban más cerca del avión, y los reporteros en su gran mayoría, detrás de las vallas con la gente, sólo dos o tres cámaras estaban más cerca de nosotros.

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Después de que el Obispo le dio la bienvenida al Papa, el Santo Padre nos saludó a nosotras una por una, éramos seis hermanas en total (dos apostólicas y cuatro contemplativas), la Madre Redentor fue la primera en saludarlo, le dio las flores y le dijo: “Estas rosas significan que la Virgen escucha sus oraciones”, besó su anillo y agregó “nosotras somos contemplativas” ahí él volvió su mirada y le dijo “recen por mí”.

Un grupo de hermanas contemplativas saludó personalmente al Papa Francisco en su viaje a Estados Unidos - Servidoras del señor y de la virgen de matará (SSVM)

Luego lo saludaron las dos hermanas apostólicas y después el resto de las monásticas, siguiendo con la entrega de regalos: le dimos la bombilla y le explicamos brevísimamente la historia; cuando llegó el turno de los alfajores le dijimos: “le trajimos esto para que se sienta como en casa”, el sonreía y nos agradeció; finalmente le dimos la cruz de Matará, y la hermana que se la dio le dijo: “Esta es la cruz de Matará, signo de la evangelización y es la cruz que usamos nosotras”  y señalándole la estampa le dijo: “aquí están todos nuestros monasterios y las intenciones por las que reza cada uno”.

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Algo que podemos destacar de estos breves pero intensos momentos es que, aunque se lo veía cansado estaba sonriente, y escuchaba con atención a todo lo que le decíamos, que no dejaba de agradecernos y que nos repitió a cada una de nosotras dos o inclusive hasta tres veces:“recen por mi”.

Un grupo de hermanas contemplativas saludó personalmente al Papa Francisco en su viaje a Estados Unidos - Servidoras del señor y de la virgen de matará (SSVM)

Luego de eso fue hacia donde estaban los obispos, los saludó uno por uno y comenzó a dirigirse hacia el avión.

Verlo subir las escaleras del avión hacía pensar en la vida de aquellos a quienes Dios elige para que sean Vicarios de su Hijo en la tierra. Bien podemos decir que la vida del Papa es como un continuo subir al Calvario, ya se lo había profetizado Nuestro Señor a Pedro: “Cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías, pero cuando seas viejo otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras” (Jn 21,18).

Y cómo se ven cumplidas estas palabras en Pedro y en sus sucesores. Basta ver la agenda de viaje del Papa, en este último viaje fue primero a Cuba y luego vino a USA, no dejó de trasladarse de un lugar a otro. Si uno piensa lo que significa un viaje para una persona de 78 años, que más allá del cansancio físico y el esfuerzo que todo esto implica  debe estar siempre disponible, sonriente, atento a todo, y llevando a cabo empresas enormes de las cuales depende y se pone mucho en juego, como por ejemplo su visita al presidente, su intervención en la ONU, su discurso al Congreso, tratar de temas tan variados e importantísimos, aquello que hace al bien común de una nación. Y por otro lado el confirmar a sus hijos en la fe: las Misas multitudinarias, la canonización de Fray Junípero Serra, la VIII Jornada de la Familias, encuentros con obispos, seminaristas, religiosos y religiosas, encuentro interreligioso con los líderes de las distintas confesiones religiosas y las delicadezas de la caridad que implica el haber querido compartir momentos con niños de los colegios, visitar a presos en una cárcel, bendecir a niños y personas enfermas.

Su rostro sonriente está grabado en nuestro interior y resuenan como un incesante eco sus palabras: “muchas gracias” “recen por mí, recen por mí, recen por mí”. Sí, Santo Padre, ciertamente no podemos acompañarlo, ni ayudarlo físicamente en sus necesidades, pero desde ya cuente con nuestras pobres oraciones y sacrificios, y gracias a Usted porque en su persona hemos visto un reflejo del Amor Misericordioso de Dios.

Hermanas de la Comunidad Santa Edith Stein

Monasterio de Brooklyn

Link de nuestro saludo se puede ver a partir del minuto 9 http://bcove.me/2ydkr380

[1]S. Juan Pablo II, Mensaje en el V˚ centenario de la Primera Misa en América;  citado también en nuestro Directorio de Espiritualidad, nota 385.

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