(Por: Mary Our Lady of the Blessed Sacrament) Llegué a la misión, aquí en Tanzania, hace un mes y medio, y este tiempo aquí realmente ha volado.  Han sido semanas de conocer mucha gente nueva, muchas actividades y apostolados nuevos, diferentes modos de hacer las cosas y empezar a aprender un lenguaje completamente distinto.

Una de las cosas más diferentes, y cada vez que lo pienso me quedo impresionada, es la cantidad de feligreses que tenemos y todo el terreno que abarca nuestra parroquia.  Este terreno está dividido en muchas aldeas, y cada aldea tiene su catequista (el que se encarga de la catequesis y las liturgias de la palabra los domingos) y también sus líderes (los que se encargan de la logística de la comunidad). Todos los miércoles a la tarde, como apostolado tenemos la visita de algunas de las aldeas mas cercanas a donde vivimos, entre ellas una que se llama Lughela.  El segundo miércoles que yo estaba aquí, acompañé a la Hermana Upendo a esta aldea.  Nos tomó una hora yendo por un caminito hermoso, un camino que generalmente se hace a pie, pero también se puede hacer en bicicleta. Llegando más cerca de la aldea, nos encontramos con niños que nos acompañaban.

 

Llegamos, y la gente empezó a congregarse al lado de la casa de una señora para el rezo del rosario.  Luego se leyó el Evangelio del Domingo siguiente, se dieron unos puntos del evangelio y se hizo peticiones rezando por todos. Después, uno de los lideres de la comunidad dio algunos avisos y preguntamos si había algún enfermo que podíamos visitar. Nos informaron, después de unos minutos, que en la casa de la señora donde estábamos rezando afuera, había un señor muy enfermo y quería que nosotros fuéramos a visitarlo.

Entramos a la casa y vimos al señor, muy flaquito, acostado en un sofá. Hablaba bajito, con una mirada distante, pero muy consciente de lo que se le decía. Se llamaba Charles.

Charles había sido de Shinyanga, un pueblo mucho más grande que Ushetu, a tres horas de aquí. De joven alguien le enseñó a rezar, pero al pasar los años se juntó con malos amigos y dejo de hacerlo. Entre las malas cosas que hacía con estos amigos era visitar a los brujos. Después de un tiempo, él mismo se hizo brujo y empezó a vivir una vida mala, con mujeres y sus brujerías, abandonando a Dios completamente. Con los años,él conoció a una señora que era católica y que tenía la costumbre de rezar. Se mudó con ella a la aldea de Lughela y tuvieron un hijo. Justamente ésta era la casa de la señora en donde ese día rezábamos el rosario.

Nos invitaron a sentarnos, y la Hermana Upendo le empezó hablar de Dios, el Dios que nos creó y que nos creó para Él.  Le habló de la dependencia que tenemos en Dios, de su Providencia y que no podemos hacer nada sin Él. Le preguntó si él estaba bautizado y dijo que no, pero que mucha de su familia fue bautizada. Le pregunto si el quería ser bautizado y respondió que sí. Le habló del Sacramento del Bautismo y la necesidad de cambiar la vida y dejar la vida anterior de pecado. Ella le pregunto si él rezaba y dijo que sí.La Hermana le dijo que él debía de pedir la gracia de morir como hijo de Dios. Al final de nuestra visita, rezamos con Charles y al despedirnos nos pidió que rezáramos mucho por él. Le dijimos a la señora que, si Charles se ponía más grave, debía llamar a los líderes de la aldea. Cuando salimos de la casa, también le dijimos a los líderes de la aldea que le avisen al Catequista que venga a visitar a Charles.

A los 5 días de esto, Charles se puso muy grave y la señora fue a la casa de los líderes a pedirles que vengan a rezar con él. Ellos le avisaron a Filipo, el Catequista. Primero llegaron los líderes quienes rezaban con Charles. Él les pedía que rezaran mucho por él. Lo notaban muy agitado, y moviéndose muchísimo en su cama. Luego llegó Filipo, quien, viendo el estado del Charles, le preguntó si quería ser bautizado. Él dijo que sí.  Filipo le preguntó que si se mejoraba, si estaba dispuesto a cambiar su vida y dejar de hacer lo que hacía antes, especialmente la brujería.  Afirmo que sí, que estaba dispuesto.  Filipo empezó la liturgia del bautismo.  Durante la liturgia, los líderes se asombraban cómo Charles se iba tranquilizando y no se movía como antes. Se terminó el bautismo y en menos de cinco minutos, Charles murió.

Cuando nos estaban contando los líderes de como fue el bautismo y la muerte de Charles, pensaba mucho en como este brujo se robó el cielo, como el buen ladrón.

“¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho” (Lucas 23, 40-41)

En su libro “Las Siete Últimas Palabras y Siete Virtudes”, el venerable Fulton Sheen escribe sobre el Buen Ladrón que, “El temor de Dios, del cual este ladrón estaba hablando no era un temor servil, temiendo que Dios los fuera a castigar por sus robos; si no era un temor filial basado en la reverencia – un temor de desagradar a El quien no había hecho nada malo para merecer una muerte tan humillante. Al estudiar al Buen Ladrón, vemos que su temor lo llevó a tener fe, porque ‘El temor del Señor es la Sabiduría’ (Job 28:28). En un momento un alma con un temor genuino de Dios puede llegar a un gran entendimiento del propósito de vida en vez de gastar toda su vida en estudiar las filosofíasefímeras de los hombres.”

En su tiempo de enfermedad, podemos pensar que Charles experimentó este temor. Quizás Dios le dio la gracia de tener un tiempo acostado para pensar y examinar su vida, examinar cómo la vivió y cómo Dios lo juzgará cuando lo vea cara a cara. Quizás esto lo movió a arrepentirse por todo lo que había hecho y me imagino que por esto el pedía a nosotros y a los líderes que rezáramos mucho por él.

“Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.” (Lucas 23,42)

Continúa Fulton Sheen, “El ladrón tenía fe en el Hijo de Dios; y ahora él podía tener esperanza. Y esa esperanza nacida del temor y de la fe recibió una respuesta inmediata: ‘Hoy estarás conmigo en el Paraíso’ (Lucas 23:43).  Por encima de las ruidosas blasfemias de los otros gritando ‘A sí mismo no puede salvarse’, él oye ‘Este Día.’

Charles, experimentó ésta fe y por tanto ésta esperanza en Dios.  Con las oraciones y la ayuda de los cristianos a su alrededor, Charles pudo recibir lo que esperaba, el bautismo, el ser Hijo de Dios. Nosotros esperamos que, al morir, pueda encontrar al Dios que lo creó y lo amo desde toda la eternidad.  “Charles, Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” … “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

Pidamos a Nuestra Señora de la Evangelización, la gracia de ser obedientes instrumentos en las manos de Dios y dóciles al Espíritu Santo, para proclamar su Palabra y su Verdad como y cuando Él quiera para la salvación de las almas.

Mary Our Lady of the Blessed Sacrament