Servidoras_Monasteiro_Holanda

Crónica del 10° aniversario de la comunidad “Ecce Homo” y del 75° aniversario de la fundación del Monasterio Regina Pacis de las hnas. Benedictinas

Ecce quam bonum et quam iucundum habitare frates in unum (Ps. 133)

Hace 10 años, con el canto de este salmo el Abad Adrián Lenglet de la Abadía benedictina de Vaals, bendecía lo que serían nuestras celdas en el Monasterio de Valkenburg. Realmente es un salmo que define nuestras vidas junto con las hermanas benedictinas. Creo que es por esta convivencia de las dos comunidades que Dios no ha dejado de bendecirnos en esta misión de vivir dos comunidades juntas. Por eso, por esta gran bendición queremos con esta crónica agradecer a Dios por los 75 años de presencia en Valkenburg de las Benedictinas de la Adoración perpetua y por nuestros apenas 10 años junto a ellas.

-Fundaciones: Ya en otra crónica hemos contado brevemente sobre la fundación de las dos comunidades de este monasterio “Regina Pacis”: Las Hermanas benedictinas llegaron a Valkenburg un 22 de abril de 1942 invitadas por un joven sacerdote, para combatir con su Adoración perpetua el espíritu mundano que se iba introduciendo en el pueblo, debido a la afluencia de turismo. Llegaron desde el Monasterio de Breda, ubicado más al norte de Holanda, y de a poquito fue creciendo la comunidad con nuevas vocaciones. Nosotras llegamos un 22 de septiembre del 2007, para asistirlas en sus últimos años de vida religiosa y conservar la presencia de vida religiosa y contemplativa. Al fundar esta comunidad de Servidoras, tomamos dos intenciones de oración para nuestro Monasterio.

1ra. Intención: Reparar por las ofensas que recibe Jesús en la Sagrada Eucaristía: esta intención, que es la que tienen por carisma las Benedictinas del Santísimo Sacramento, la hemos retomado para dar continuidad a la intención fundacional del Monasterio. Es por esta intención que muchas actividades de la vida diaria de nuestras hermanas benedictinas como la liturgia, las oraciones, sus tradiciones, se desarrollan en torno a ser Hijas del Santísimo Sacramento, adorando, reparando y siendo víctimas. Algunas de estas tradiciones y costumbres repercuten también en nuestra vida diaria, ya que convivimos en un mismo convento y rezamos juntas. Ellas se dedicaban sobre todo a la Adoración perpetua. Además, todos los jueves se reza el oficio litúrgico propio de la Eucaristía y se celebra la Santa Misa votiva de la Eucaristía, de un modo más solemne con el canto del Gloria, cantos gregorianos e incienso y luego de la Misa tiene lugar la Exposición Solemne del Santísimo, como la llaman ellas, que da inicio a la Adoración permanente de ese día. Del mismo modo los Primeros Jueves de cada mes están particularmente dedicados a la Reparación, con Misa y oficio propios.

Laudetur Dominus Iesus in Sanctissimo Sacramento- Bendito y alabado sea Jesús en el Santísimo Sacramento: Esta frase la repetimos constantemente, al inicio y al final de cada hora litúrgica, al comenzar las recreaciones junto con ellas o al encontrarnos con la Madre Scholastica, superiora de las benedictinas, y de este modo tenemos siempre presente esta intención. La Madre Matilde, su fundadora, les decía que esta frase se repitiera siempre, que se escribiera al inicio de cada carta, en la alianza de la profesión perpetua y la usasen siempre al hablar con alguna hermana a modo de saludo.

Cuarenta horas de Adoración y Fiesta de la Reparación: Los días anteriores al miércoles de ceniza, se dedican a la reparación. En estos días se tiene la Exposición Solemne y son días de menos trabajo, para dedicarlos enteramente a la oración frente al Santísimo. Es muy lindo ver a las hermanas todas juntas gran parte del día en la Iglesia, tributando a Nuestro Señor el mayor honor y gloria que sea posible, adorando y reparando por todas las ofensas de estos días en que el mundo celebra el carnaval.

Octava de Corpus: Se celebra desde la Solemnidad de Corpus Christi hasta la solemnidad del Sagrado Corazón. Estos días, muy festivos para ellas, son como una prolongada fiesta de Corpus. Tienen también la Exposición Solemne cada día y este año por primera vez pudimos hacer en el predio del Monasterio la Procesión de Corpus Christi.

Día de Reparación: Cada día hay una hermana que ofrece ese día de oración especialmente en reparación, lo que solían hacer antiguamente rezando con una cuerda atada al cuello, arrodilladas frente a una pequeña columna que se encuentra en el medio del coro de la Iglesia y que aún nos recuerda constantemente el sacrificio de Jesús, flagelado, insultado y despreciado. Así cada religiosa que se alterna en adoración adora y se ofrece en reparación por las culpas que recibe el Santísimo Sacramento, implorando la clemencia de Dios sobre los sacrilegios y profanaciones.

2da. Intención: El respeto por la Dignidad Humana: Esta intención es la que se asignó propiamente a la comunidad de Servidoras que dio inicio a nuestra presencia aquí y es por esto que el patrono de nuestra comunidad es el “Ecce Homo”.

Si todo cristiano debería pasar por la tierra a imitación del Dios Encarnado, con mucha mayor razón debemos vivir nosotros esta realidad como religiosos de la familia del ‘Verbo Encarnado’. Y no sólo vivir nosotros la vida de Cristo buscando en todo a Dios, sino difundir la vida de Cristo en los demás, e informar con ella las culturas de los hombres para elevar al hombre: “que el hombre se sienta inclinado a unirse a las cosas inferiores a Dios, tomándolas como fin, es por ignorar la dignidad de la propia naturaleza[1].

Cada día nos damos mayor cuenta de la urgencia de rezar por esta intención que se nos ha encomendado. Para que el hombre no pierda por el pecado esta dignidad sublime de ser creado a imagen y semejanza de Dios, por eso nos empeñamos en tener siempre presente a nuestro Patrono el “Ecce Homo” ya que “para nosotros Cristo se identifica misteriosamente con cada hombre y todos los hombres sólo pueden ser entendidos en Cristo Jesús, sabiendo que fue necesario al género humano que Dios se hiciera hombre para demostrar al género humano la dignidad de la naturaleza humana”[2]. De este modo con nuestras oraciones queremos apoyar de un modo especial a nuestros misioneros, a quienes les toca vivir más de cerca la realidad del hombre que ha caído de su dignidad y la tarea de rescatarlo del pecado.

Vida Contemplativa y Obra de Misericordia a la vez:  Por una gracia particular de Dios podemos decir que vivimos e imitamos a María, que eligió la parte mejor estando a los pies de Jesús y la tarea de Marta de servir a Nuestro Señor en nuestras hermanas benedictinas. Y lo hacemos de distintos modos: ayudándolas a ellas en todo lo que está a nuestro alcance, con la cocina y el servicio diario, atendiéndolas cuando se enferman, llevándolas al médico cuando lo necesitan, o visitándolas y llevándoles la comunión cuando están internadas, limpiando sus habitaciones, organizándoles las visitas, animándolas cuando ellas sienten el peso de su vejez y que ya no pueden hacer las mismas cosas que antes. También haciéndolas partícipes de todas las actividades de nuestra Familia Religiosa, y de nuestra provincia, etc. Por eso el estar en este monasterio en Holanda significa por un lado vivir a pleno la vocación contemplativa y al mismo tiempo poder practicar algunas de las obras de misericordia. Para nosotras es muy lindo pensar que tenemos también aquí una obra de misericordia, como en nuestros hogares. Si pensamos en las obras de Misericordia, corporales y espirituales podemos alegrarnos al ver que Dios nos concede el poder practicarlas tan en concreto. Inclusive la séptima: Enterrar a los muertos: El Monasterio cuenta con cementerio propio, lo que nos permitió enterrar aquí a nuestras hermanas que ya nos precedieron en la eternidad. Podemos decir que este testimonio en Holanda es de gran peso, ya que se ha perdido el sentido de enterrar a los muertos siendo normal y común la cremación y muchas veces sin funeral, sin rezar por el difunto, y sin algún oficio religioso. Cada funeral en el Monasterio es preparado con mucho esmero, hasta en los mínimos detalles litúrgicos, se canta toda la Misa de Réquiem, y luego se acompaña el cuerpo en procesión hasta el cementerio. La Liturgia es muy rica y se vive realmente el encuentro de la esposa con su Esposo. Además, se hace un apostolado hermoso con familiares y amigos. También cada año para la memoria de los fieles difuntos, vamos todas juntas al cementerio y allí rezamos un responso. La Madre Escolástica rocía con agua bendita las tumbas de sus 21 hermanas que ya gozan del descanso eterno.

Ciertamente entre estas obras de Misericordia ha sido muy especial la de acompañar a algunas hermanas en los últimos momentos de su vida, rezando junto a su lecho, ayudándolas a prepararse al encuentro definitivo con el Esposo Divino. Podemos traer a la memoria la muerte de la Hna. Maura, de 92 años, una monjita verdaderamente ejemplar. Ella era bastante independiente para hacer muchas cosas hasta el momento en que le dio un derrame cerebral. Al inicio le costó mucho tener que depender de nosotras o de las enfermeras que venían a asistirla, hasta que un día la M. Escolástica le dijo que debía colaborar porque todas queríamos ayudarla y queríamos el bien para ella y que a la vez era un bien para nosotras y que éste era el modo y el momento para ganar méritos para el cielo. La Hna. Maura como muy buena religiosa, obedeció y desde ese momento fue muy dócil a todo y a todas, sin una queja, hasta que le dio una parálisis total y poco a poco se fue apagando. Ella murió realmente como del modo como hemos meditado tantas veces en los Ejercicios Espirituales sobre la muerte santa de un religioso: rodeada de su comunidad durante el rezo del rosario, en el momento de la Salve entregó su alma a Dios. La M. Scholastica no estaba presente, pues le tocaba el turno de la confesión. Cuando llegó y vio a Maura ya muerta, haciéndole una señal de la cruz en la frente le dijo: “Felicitaciones, ya llegaste a la Meta a la que estamos destinadas

También podemos recordar la muerte de la Hna. Benedicta, que cuando supo que tenía un tumor en el cerebro, se entregó totalmente a la Voluntad de Dios aceptando su enfermedad. Fue durante una Semana Santa, y enseguida pidió a una hermana que rezara con ella la novena a la Divina Misericordia. Como el cáncer le había afectado bastante el campo de la visión, veía muy poco, entonces le pusimos en su habitación un cuadro grande con la imagen de Jesús de la Divina Misericordia, de modo que lo pudiese ver, y ella estaba muy contenta y rezaba frente a él la coronilla. Si bien ella no murió rodeada por la comunidad, murió mientras se rezaba la coronilla a la cual le tenía mucha devoción. Al final de sus días, el cáncer le había ido quitado cada función de su cuerpo hasta quedar totalmente inmóvil. Era notable cómo Dios le pedía cada día una nueva renuncia al avanzar su enfermedad. En la agonía final fue increíble cómo por unos instantes levantó apenas su cabeza, abrió los ojos mirando a un lugar fijo, se le dibujo una sonrisa en sus labios y entregó su espíritu. Parecía que fuera el mismo Jesús Misericordioso el que venía a buscarla. Hay que decir que la Hna. Benedicta fue la segunda priora de este Monasterio, gobernó 33 años y tuvo que llevar adelante la vida contemplativa en los momentos más difíciles después del Concilio Vaticano II en los que se dieron muchos cambios y frente a los cuales había que discernir mucho.

Quizá estas cosas no sean ninguna novedad para muchos de nuestros religiosos, hermanas y Padres de la rama apostólica que trabajan en hogares y con enfermos, pero de todos modos queremos compartir con nuestra querida familia religiosa que día a día nos damos cuenta lo que implica esta vida de acción y contemplación. Creemos que por este doble aspecto y sobre todo por las obras de misericordia, derrama Dios sobre nosotras sus misericordias abundantemente. De nuestras hermanas benedictinas aprendemos muchísimo y sacamos fruto para nuestra vida espiritual y religiosa.

-“Onze beide communiteiten”… Nuestras dos comunidades: De este modo le gusta a menudo a la M. Escolástica referirse a todas juntas, queriendo siempre unirnos en una misma realidad. Muchos de los que nos visitan, al darse cuenta de las diferencias de edad, de cultura, de hábito, es decir de dos congregaciones y carismas distintos y costumbres diferentes, nos preguntan si es posible llevar adelante esta convivencia. Creo que nosotras podemos responder con las palabras de San Pablo en su carta a los Corintios: “Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu. Hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor. Hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común[3]. De esta manera buscamos ambas comunidades mantener la unidad en el Amor a Dios, dado que el fin es el mismo, siendo conscientes de que hay cosas a las que nosotras debemos renunciar para dar lugar a las de ellas y sabiendo ellas que también tienen que morir a muchas cosas para darnos lugar a nosotras. En estas renuncias y aceptaciones recíprocas, siempre bien habladas, es que fueron creciendo los lazos entre las dos Congregaciones. Por esto ¿por qué no recordar lo que dice la Epístola a los Filipenses?:“Así pues, si hay una exhortación en nombre de Cristo, un estímulo de amor, una comunión en el espíritu, una entrañable misericordia, colmad mi alegría, teniendo un mismo sentir, un mismo amor, un mismo ánimo, y buscando todos lo mismo. Nada hagáis por ambición, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando a los demás superiores a uno mismo, sin buscar el propio interés sino el de los demás. Tened en vosotros los mismos sentimientos que Cristo[4]. Es en Cristo que queremos fundar esta Unidad con las hermanas benedictinas de quienes hasta ahora nos hemos enriquecido mucho conociendo sus vidas como religiosas, como congregación de grandes tradiciones y experiencia, y de sus virtudes.

Esto fue creciendo día a día, desde nuestros inicios, cuando empezamos -además de rezar casi todas las horas del oficio junto con ellas-, a hacer algunas actividades en conjunto:

-Dos veces en la semana tenemos la recreación juntas, martes y domingos. Para ellas esos días son recreaciones especiales, ya que de a poquito se han ido “contagiando” de nuestro espíritu eutrapélico. La Hna. Regina ya nos espera con algún juego de mesa, el “ludo” o algún otro. A veces preparamos el proyector con pantalla grande para mostrarles fotos de las misiones o de alguna ceremonia del Santo Padre o algún evento. Este año las hicimos participar en nuestra “políglosis” de la Transfiguración. Y ya saben de qué se tratan las Pascuetas y las Navidetas, así es que tenemos que pensar siempre algo para hacer con ellas en estas semanas. Además, en el verano tratamos de hacer algunos “pic- nic” que consisten en instalar las mesas afuera y comer todas juntas. Para varias fiestas anuales comemos juntas o festejamos juntas en recreaciones largas donde no faltan las buenas costumbres de ambas comunidades. Por ejemplo: el día de San Nicolás (Sinterklaas): Es una fiesta muy importante para todos los holandeses, llena de tradiciones y costumbres típicas, en la que los adultos vuelven a ser niños. Ese día abrimos juntas los regalos que muchos bienhechores y familiares nos mandan, cantando los cantos tradicionales, que aquí todos saben, niños y grandes, así nos divertimos viendo a nuestras hermanas benedictinas revivir los tiempos de su infancia. Otra fiesta muy linda es el Domingo del Buen Pastor, en el que celebramos el día de la Priora (día de la Madre) en agradecimiento por todo el sacrificio y preocupación que tiene ella por sus ovejas.

-Apostolados: Hospedería: Dice nuestra Regla monástica: En los casos en que la Providencia así lo disponga y se den las condiciones de infraestructura necesarias, siempre que no sea en perjuicio del ritmo de vida de la comunidad, podrán las hermanas tener instalaciones para huéspedes fuera de la clausura. Inspirándonos en el rico patrimonio espiritual de la Regla Monástica de San Benito, especialmente en lo referente a la atención de los huéspedes en el que el santo quiere dar cumplimiento a las palabras de Cristo ‘era forastero y me acogisteis’, nuestros Monasterios podrán también ofrecer esta excelente obra de caridad y misericordia a todos aquellos que en la soledad, el silencio y en la celebración del culto divino y la liturgia busquen el rostro de Dios[5]. 

Por gracia de Dios uno de los trabajos que realizamos como apostolado es el de la hospedería, recibiendo durante el año distintos tipos de huéspedes: Vienen personas que quieren pasar unos días de silencio y participar de la Liturgia, otros que quieren conocer más la vida religiosa. Hemos tenido también algunas personas que no eran católicas y a quienes se les pudo hacer algún bien, además de que es una ocasión de dar razones de nuestra Fe frente a las distintas preguntas que nos hacen. Varias veces al año recibimos grupos que pasan el fin de semana aquí, algunos son peregrinos o grupos que se organizan para hacer algún tipo de “retiro” con caminatas y tiempos de silencio. Estos grupos generalmente no tienen una clara identidad católica, pero si más bien cristiana. Es interesante que cada vez que vienen, piden hablar con las hermanas y que les contemos de nuestra vida. Para muchos es la primera vez que ven a una consagrada y que escuchan algo sobre Dios.

Muchas veces recibimos a sacerdotes o religiosos para hacer sus días de retiro mensuales o ejercicios espirituales. También podemos con la hospedería colaborar en el apostolado de los Ejercicios espirituales de nuestra provincia, predicados por nuestros padres y hermanas. Es de gran alegría poder servirlos y atenderlos para que los ejercitantes se encuentren con Dios en estos días. Así con estos apostolados pensamos que Jesucristo podrá decirnos en el día del Juicio: “porque tuve hambre y me disteis de comer (…) fui forastero y me recibisteis” (Mt 25, 35).

En el sur de Holanda hay una costumbre tradicional de llevarle a las monjitas un “salamín o salame” para pedirles oraciones para que no llueva en algún día especial y es así que cada año vienen los niños que harán su primera Comunión, acompañados de sus padres y maestras. Visita que aprovechamos con la ayuda de nuestras hermanas apostólicas para mostrarles una presentación con los contenidos básicos de catecismo, ya que es muy poco lo que ellos reciben de catecismo.

Y por supuesto, nuestro apostolado principal es nuestra misma vida contemplativa, como lo dice nuestra Regla: “su apostolado primordial y fundamental consiste en su misma vida contemplativa, porque tal es, según los designios de Dios, su modo típico de ser Iglesia, de vivir en la Iglesia, de realizar la comunión con la Iglesia, de cumplir su misión dentro de la Iglesia”[6]. “Para una contemplativa acordarse de alguna persona, y sobre todo amarla, significa rezar”[7]. De este modo podemos decir que el conocer a los huéspedes, a los niños y a todos los que nos visitan, nos ayuda de alguna manera a tenerlos muy presentes en muestras oraciones, sabiendo que aunque es poco lo que nosotras podemos ofrecerles, tenemos la esperanza de hacerles mayor bien a través de nuestras oraciones, y que Dios pueda despertar en ellos el atractivo hacia Él.

-Misa de Acción de gracias: Para finalizar, queremos contarles brevemente sobre la fiesta del 30 de septiembre, a la cual asistieron alrededor de 200 personas entre bienhechores, familiares y conocidos. Como se hiciera diez años atrás, al dar inicio a nuestra presencia aquí, este día también el Abad Adrián celebró la Santa Misa junto a otros sacerdotes benedictinos y a nuestros Padres del IVE. Antes de la bendición final, la M. Escolástica dijo unas palabras de agradecimiento, en las que manifestó toda su alegría y gratitud por las bendiciones que Dios ha derramado en el Monasterio. Después de la Misa siguió la recepción y festejos con un pequeño “fogón”, que a pesar de la lluvia, no se “aguó”. Cuando ya no llovía tan fuerte, se hizo la bendición -bajo la protección de paraguas- de un Via Crucis en el jardín del Monasterio, y de una ermita de la Virgen de Lourdes, que habían construido algunos de nuestros bienhechores. La fiesta concluyó bajo la lluvia, pero en un clima de alegría y agradecimiento. Las que más disfrutaron de la fiesta fueron las benedictinas, que continúan mirando fotos y recordando lo lindo que fue todo y lo feliz que estaban todos los invitados.

Deo Gratias!

Encomendamos a sus oraciones este trabajo que estamos haciendo aquí, para que Nuestro Señor esté contento con estas sus Servidoras, y en todo poder darle verdaderamente mayor gloria.

Hna. María Regina Virginum

[1] Directorio de Espiritualidad, 29.
[2] Directorio de Espiritualidad, 28.
[3] 1 Cor 12, 4-8.
[4] Flp 2, 1-5.
[5] Regla Monástica, 128.
[6] DC, 26.
[7] Regla Monástica, 120; cf. Santa Teresita del Niño Jesús, Epistolario, carta 131.

 

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