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Querida Familia Religiosa:

Queremos contarles esta linda historia de un mendigo-vagabundo que venía diariamente a nuestra Capilla en la ciudad de La Haya. Su nombre es Barry y viene de Gales. Más o menos un año atrás vino por primera vez, tomó una taza de café en la sala, y se volvió a ir. Nada particular de esa primera visita, salvo el mal olor que tenía.

Por un largo período de tiempo no lo volvimos a ver. Al terminar el verano, cuando reabrimos la Capilla después de la convivencia, volvió a entrar en la sala. Todavía sin casa y sin novedades. Le dimos café y comida y preguntó si se podía quedar un rato allí sentado. Eso no era un problema, ciertamente, pero en un determinado momento tuvimos que pedirle que se fuera porque era la hora de cerrar.

Él volvía todos los días. Si la sala de café no estaba abierta cuando él llegaba (porque nosotras estábamos haciendo la Adoración), esperaba afuera, en la vereda, o caminaba hasta la puerta de la Capilla y miraba hacia adentro. Todos los días le dábamos algo de comer, y nunca aceptaba comida para llevarse, así que se comía todo sentado en la sala.

Al principio era muy superficial la ayuda que le brindábamos. Hasta que una hermana comenzó a hacerle más preguntas, tales como: de dónde provenía, cuál era su nombre, si tenía familia, etc.  Al principio no quería dar muchas respuestas, pero después de un tiempo, y poco a poco, fue dando alguna información personal. Le preguntamos si tenía algún número de teléfono para contactar a su familia, pero no lo podía encontrar. Le pedimos el nombre de la familia y el lugar donde vivían, para ver si en internet se podía encontrar el número. Pero, lamentablemente, no pudimos encontrar nada.

Un par de semanas más tarde llegó a la sala con un papelito con el nombre y el número de teléfono de su mamá. Después de un par de intentos pudimos comunicarnos con su familia, y él pudo hablar con su mamá.

Barry ya era conocido en la organización que trabaja para los ‘vagabundos’ en Holanda y sus papás habían estado una vez aquí para llevarlo de vuelta a casa, pero sin un resultado positivo. Desde el momento en que tomamos contacto con su familia, significábamos más para él. Habíamos encontrado ayuda para hacerlo regresar a Gales, desde donde venía, pero necesitaría, lógicamente, un pasaporte… Y él no lo tenía. Y tampoco quería sacarse una foto para hacer el trámite… Esto hacía más difícil la cosa.

Lo gracioso y peculiar con Barry era que si bien cuando nosotras le preguntábamos algo él inmediatamente daba una respuesta negativa, sin embargo, un par de días más tarde venía con su respuesta afirmativa. Así fue, por ejemplo, con el pasaporte: algunos días después quiso hacerse la foto. Para Navidad quiso hablar con su mamá, y estuvimos intentando comunicarlos, pero no lo logramos. Cuando más tarde habló con ella, le dijo que quería volver a casa, que ella lo viniera a buscar.

Mientras tanto, nosotras establecimos contacto con su mamá y con la organización holandesa que lo podía ayudar. Finalmente nos enteramos que en la institución habían guardado el pasaporte de Barry. Eso era de gran ayuda, por supuesto. El día 22 de enero viajó su mamá desde Gales para buscarlo, pero Barry, ya no estaba, se había ido a las calles. Lo buscaron toda la mañana y lo encontraron, pero había algo más: convencerlo de que se fuera (porque ya había cambiado de idea). Fue difícil, pero lo lograron, y esa misma noche tomaron un barco hacia Inglaterra.

Pensábamos que todo había ido bien, que había vuelto a la casa después de mucho tiempo de ser vagabundo, pero no, ¡no todo fue tan fácil…! El martes, estando ya en Inglaterra, volvió a hacer uso de sus pies (y su ‘libertad’), y se volvió a escapar. Pero Dios no se deja vencer, porque Él ¡ya venció la muerte! Dos días más tarde, Barry tomó un tren y volvió, solo, a la casa de su mamá. ¡Una Gracia muy grande!

Damos gracias a Dios de que Barry haya vuelto a la casa de su familia donde lo pueden ayudar con las cosas y medicinas que necesita. Como dijo un santo: Dios hace ‘casi todo’ y nosotros tenemos que hacer ‘casi nada’, pero si nosotros no hacemos ese ‘casi nada’, Dios no hace el ‘casi todo’. Y esto lo hemos visto en este caso: no hemos podido hacer mucho, pero lo poco que podíamos, lo hicimos, para que Dios hiciera el resto.

Encomendamos a Nuestra Madre del Cielo a Barry y a su familia, para que esta vuelta a su casa lo acerque más a Dios, el único Redentor.

Hermana Maria Am Kreuz, SSVM

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