Dios Es

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Las palabras del salmo ¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo? (Sal 115, 3) expresan maravillosamente aquello que pudimos experimentar durante el verano pasado en nuestra misión en Albania, donde tenemos una casa para personas discapacitadas.

Desde el año 2006 llevamos a cabo este hermoso apostolado al que llamamos “Campo”, que consiste en dos semanas de actividades intensivas con discapacitados. Tenemos que decir que, si bien esta iniciativa tiene por fin ayudar a los internos de nuestros hogares en su desarrollo físico y espiritual, sin embargo somos siempre nosotras las que recibimos mucho más de lo que hemos dado.

Este año tuvimos la ayuda de 16 chicas que vinieron desde España para la realización de nuestro “Campo 2017”. Las mismas tuvieron la gracia de aprender el valor de la generosidad, de la entrega, de la paciencia y muy especialmente recibir el cariño gratuito que les han brindado los discapacitados.

Todas las mañanas realizábamos los talleres con ellos y era impresionante ver cómo las voluntarias se sorprendían al descubrir los talentos entre las personas con reducción de capacidades: teatro, pintura, costura, etc. Fue palpable el testimonio de los discapacitados y la enseñanza que transmitieron, pues viendo cómo ponían todo su empeño en realizar estas tareas tan sencillas a pesar de sus limitaciones, mostraron con sus ejemplos que no hay lugar para excusas a la hora de dar el máximo en todo lo que se haga.

Por otra parte, es difícil de explicar, pero es bien cierto que una vez que descubrimos la presencia de Jesús en los enfermos, es a Él mismo a quien estamos tratando, pues así nos lo enseñó Cristo al decir: cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis (Mt 25, 40). Entonces, una vez que descubres esa presencia ya sabes a quién estás tocando, a quién estás amando, a quién estás sirviendo: ¡Es Jesús! A través de las personas discapacitadas tenemos la gracia de cuidar, acompañar, lavar, alimentar y arropar al mismo Jesús.

Sin embargo, lo más destacable han sido sin duda los momentos de oración con el Señor, donde Él nos has dado la fuerza para mejorar y llegar a transformar nuestras miserias en algo que pueda servir al próximo, llegando, en ocasiones a sorprendernos de lo que somos capaces de hacer cuando ponemos amor en lo que hacemos, pues no es cuánto hacemos o lo “grande que es” lo que hacemos, lo que da valor a las cosas, sino cuánto amor ponemos en lo que hacemos. Porque somos seres humanos y para nosotros se ve muy pequeño, pero una vez que le entregamos lo que hacemos a Dios, Dios es infinito y esa pequeña acción se transforma en una acción infinita, ya que para Dios no hay medida. Debemos encontrar la santidad en el trabajo que Dios nos ha encomendado, eso es mucho más importante para Él.

Vale la pena mencionar la alegría vivida en las graciosas competencias entre las internas y voluntarias: carreras con sillas de rueda, globos con agua, canciones y bailes diversos. Momentos tan divertidos donde se podía ver la verdadera alegría. ¿Y por qué “verdadera” alegría? Porque la alegría es el misterio del amor, si estás lleno de amor, entonces estás también lleno de alegría, pues así el gozo de Jesús tórnase también el nuestro.

Nos encomendamos a sus oraciones y los invitamos a ser partícipes de esta gran obra.

En Cristo y María Santísima, Comunidad “Nuestra Señora del Buen Consejo”

Albania-Arrameras

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