A mis queridos sacerdotes y seminaristas con quienes compartí providenciales años en el Noviciado, procurando todos juntos un único objetivo, conocer más Jesucristo Nuestro Señor, ‘para más amarlo y seguirlo’.

supermercadoAcaba de partir de la misión de Nuuk el P. Agustín Bollini. Él ha sido un gran ejemplo para nosotros y un consuelo de Dios, pues con su buen espíritu, entusiasmo y celo apostólico, nos ha entregado a los recién llegados un ‘subsidio misionero’ que estimo es difícil de obtener por otras vías. Dios sabe muy bien cómo y cuándo hacer lo mejor para cada uno de nosotros.

Ahora hemos quedado en esta misión de Nuuk el P. Gerardus y yo. Dos sacerdotes en un país de 56.000 habitantes de habla groenlandesa y danesa. Estamos muy bien gracias a Dios.

Nuestra tarea principal sigue siendo el estudio de la lengua, con el aliciente de estar obligados a celebrar las misas y predicar los domingos. El inglés es el idioma más usado en el ambiente parroquial, ya que la comunidad más numerosa son los filipinos, que tienen como segunda lengua el inglés; y los daneses y groenlandeses también lo hablan perfectamente. Pero como sea, aún estamos en los inicios, y por lo tanto, experimentando esa imposibilidad práctica de poder ejercer el ministerio como estábamos acostumbrados o como siempre lo habíamos imaginado.

Para valorar más objetivamente la misión, ya sea esta o cualquier otra que tenga ciertas características marcadamente particulares, y de este modo evitar agigantar las dificultades y dejarse llevar por el desaliento, es provechoso conocer situaciones incomparablemente más difíciles que las que Dios nos hace vivir. En una carta, un sacerdote checoslovaco relata cómo era su vida durante el régimen comunista, en que estaba obligado a trabajar como obrero: “Nuestra vida está desprovista de todo romanticismo. Antes del alba celebramos solos la Santa Misa, y por la tarde, muertos de fatiga, recitamos el breviario. Es nuestro único apoyo. Si abandonamos esto, estamos perdidos. La satisfacción espiritual, que está habitualmente ligada al sacerdocio, nos falta. No nos sentimos reconfortados por la presencia de fieles que celebran con nosotros el Santo Sacrificio de la Misa. Nunca bautizamos un niño. No podemos hablar de Dios con los jóvenes, ni conducir a las almas por el camino de la santidad… Un amigo mío, que pasó seis años en una celda, preparaba cada tarde un sermón que nunca habría de pronunciar. El resto del tiempo lo pasó rezando, durmiendo y esforzándose en amar a sus carceleros. Ello le ha conferido una vida interior tal, que todas sus palabras ostentan una profundidad singular”[1].

Estamos ante un caso superlativo, de esos que Dios se reserva para manifestar su poder y la belleza del sacerdocio. Y lo cito porque puede alentar y sobrenaturalizar los criterios de los que tenemos apostolados donde lo tangible y visible no es tan manifiesto y numeroso como desearíamos, pero que sin embargo tenemos muchas posibilidades y debemos aprovecharlas, pues el Sacerdocio de Cristo es poderosísimo.

Enumero muy sucintamente algunos simples acontecimientos durante este tiempo.

supermercadoDurante el verano, nos solicitaron de Caritas Dinamarca que distribuyamos un periódico en la calle, con la idea de difundir buenas noticias. Para esto nos enviaron un set con bolsas y remeras, que por supuesto aquí en Nuuk no se pueden lucir. Con la colaboración de dos mujeres laicas, fuimos una tarde al centro y luego de solicitar los permisos correspondientes, estuvimos un par de horas en la puerta del supermercado distribuyendo estos periódicos. Claro que fue muy atípico para nosotros esta actividad, pero sabíamos que podíamos hacer un bien y por eso accedimos con gusto a la sugerencia de Cáritas.

comedorHace un par de meses y luego de intenso trabajo, inauguramos y bendijimos nuestro Salón Parroquial, puesto bajo el patrocinio de San Miguel Arcángel. Hasta entonces la reuniones posteriores a las misas eran en nuestra casa. Ahora disponemos de estas instalaciones que están debajo del templo, para los cafés dominicales, ensayo de cantos de los filipinos, fiestas parroquiales y algunas otras actividades que podremos comenzar en el futuro, Dios mediante.

Dentro de los consuelos apostólicos que hemos tenido, menciono la fiesta del Papa Magno, Juan Pablo II. Como recordarán fue un día de semana y eso en Nuuk no es un detalle menor, pues la gente trabaja hasta tarde y no acostumbran a ir a la parroquia durante la semana. Los invitamos y asistieron más de 15 personas. Luego tuvimos un café y compartimos un video con imágenes del Beato. Si bien el hecho fue tan simple como lo relato, su importancia para nosotros y la vida parroquial de aquí, fue notable. ¡Dimos y damos gracias!

Desde que hemos llegado a Nuuk se nos ha enseñado que estamos en un país y cultura protestante y por lo tanto debemos ser muy prudentes especialmente con nuestros apostolados. Pues bien, por gracia de Dios, el P. Gerardus está preparando tres personas protestantes que espontáneamente manifestaron su deseo de pertenecer a la Iglesia Católica. Ellos asisten todos los domingos a misa, y mantienen frecuentes conversaciones para conocer más la fe católica.

También tendremos nuestro primer bautismo, de un niño filipino. El P. Gerardus le da clases a los padres, quienes además pretenden regularizar su situación matrimonial, por lo que el objetivo de dicha catequesis es doble. Esperemos se puedan administrar prontamente estos sacramentos.

Por otra parte, hemos podido establecer un horario fijo para la misa parroquial. Si bien es cierto que en general la gente aún no participa, para algunas ocasiones especiales hemos tenido asistencia de un grupo nutrido de fieles. Para sopesarlo más correctamente, consideren que la misa es a las 18hs (aún estamos en otoño y a las 16hs ya está oscuro), la temperatura es muy baja, de por lo menos 10° bajo cero, la mayoría de los feligreses no tiene vehículo, y cuando hay tormentas, que de hecho se da frecuentemente, es prácticamente imposible estar afuera, porque los vientos son muy fuertes y la sensación térmica llega a los 20° bajo cero o más baja aún. Por supuesto, en invierno cambian un poco estos ‘numeritos’…

relicarioY por último, siguiendo una devota tradición de nuestra Familia Religiosa y gracias a la donación de varias reliquias que recibimos del Monasterio Ecce Homo y del Monasterio del Pueyo, colocamos un relicario en el templo para la devoción de los fieles. Ahora, que los santos nos bendigan y protejan.

Como señalé al inicio, por gracia de Dios estamos muy bien. Claro que estar muy bien en esta vida no significa ausencia de problemas, inconvenientes o cruces. Y que lo poco o mucho que podamos hacer para gloria de Dios y salvación de las almas, siempre tendrá algunos contratiempos, infortunios materiales o incomprensiones. Y dejando de lado las circunstancias excepcionalmente heroicas que tienen que vivir los religiosos en lugares extremadamente difíciles por la pobreza, persecución o guerra; en condiciones normales, probablemente una de las dificultades más costosas en la misión sean las incomprensiones. Ante esta posibilidad, y con esto termino, son muy acertadas y oportunas las reflexiones del celoso apóstol chileno:

“No espantarse, no irritarse de la oposición. Ella es normal, con frecuencia ella es justa. Ella quiere decir que se está en pleno combate, ella prepara la adhesión de otros y nuestra adaptación a la realidad. Alegrémonos más bien que se nos resista y que se nos discuta. Así nuestra misión penetra más profundamente, se rectifica, anima, y quien quiera que se vaya, olvidándonos, después de haber reinventado o mejorado nuestro propio sistema, milita, quiéralo o no, a nuestro lado. Eso basta.

– ‘Su obra está en crisis’, me dirán.

– ‘Sí, pero usted me encuentra bien tranquilo…’

– ‘Sí, pero eso y eso no marcha…’

– ‘Pero, amigo, una obra que marcha, tiene siempre cosas que no marchan. Una obra que vive está siempre en crisis’”[2].

 Una vez más nos encomendamos a sus oraciones y que Dios continúe bendiciendo todas las misiones de su Iglesia con esperanzadoras vocaciones a la vida consagrada.

P. Fabio

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[1] Citado en el libro de viajes del P. Werenfried Van Straaten, “Dios llora en la tierra”.

[2] San Alberto Hurtado, “El que se da, crece”, 1947.

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