Ushetu, Tanzania, 15 de octubre de 2013.

Día de Santa Teresa de Ávila, la grande.

 

Querida Familia:

Han quedado para contarles muchas cosas, de mas de un mes atrás. Pero no quería que fuera todo junto, porque sino se hace arduo para leer. Y no quiero que se pierdan ni un detalle de esto.

Domingo 1º de septiembre.

Yo a los primeros que les había escrito adelantando algo del trabajo que se acercaba, les dije que esperábamos unos 300 niños. No quería exagerar. Después me pareció medio poco, y a otros les decía que tal vez unos 400. Pero la verdad, menos mal que yo no hago el cálculo para la comida, porque los niños fueron alrededor de 700, mas todos los grandes y jóvenes en los trabajos, llegamos a 800… ¡Qué tal! Y para que me crean… van las fotos.

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La organización

Es admirable el trabajo que han hecho las hermanas. Primero, porque por iniciativa de ellas se comenzó a hacer esta fiesta el año pasado. Y así que esta es la segunda vez… y siempre hay cosas para mejorar, pero la verdad que salió todo muy bien. En primer lugar las hermanas salieron dos días enteros a Kahama a pedir cosas: ayuda en dinero, o comida, o premios, etc. Es algo muy sacrificado, porque como saben, nosotros estamos a dos horas de viaje de la ciudad, por camino de tierra, muy destruido. Así que se fueron dos días enteros, saliendo temprano, luego recorriendo las calles de Kahama, negocio por negocio, soportando el calor del mediodía, y regresando tarde y muy cansadas. Pero como no podía ser de otro modo, consiguieron de todo.

Después la organización de la jornada, “El día del niño”. Pero no es que hay un día “oficial”… acá no se festeja el día del niño en ningún lado. Por eso es algo propio de la misión, de nuestra parroquia. Las hermanas prepararon todo para una “kermese”… Muchos juegos, creo que 23 en total, divididos en juegos para grandes y para pequeños. En los juegos se les entrega un dinero de fantasía, que deben ir a canjearlo por los premios que están en la “duka”, o kiosko.

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Y no sólo hay que pensar en los juegos, y premios, y todo eso… que no es poco. Sino que se suma que hay que darles de comer a semejante batallón. Y allí entra el tema de la cocina y el servicio. Para agregar a todo eso, hay un fogón, y luego procesión y misa.
La Providencia Divina puso a nuestra disposición un hermoso grupo de jóvenes del colegio secundario. Poco habían aparecido para otras ocasiones, pero uno de ellos, que es el líder, realmente tiene espíritu de tal. Viene todos los días a la iglesia antes de ir al colegio. Reza el rosario, la cantidad de misterios que puede, y no llega tarde. Los días que no tiene clase, viene a ayudar en misa. Se ofreció para traer a los jóvenes católicos del colegio, y vinieron… Y vinieron 47… Vinieron el sábado a trabajar, y el domingo estuvieron repartidos en los juegos, servicio, kiosko, y todo lo que fuera menester. Hasta cantaron durante la procesión, y la misa.

Transcurso del día.

No quiero extenderme mucho, pero hay cosas dignas de mención. La jornada comenzó con unos Buenos Días, luego la explicación de los juegos y del sistema para comprar. ¡Y a jugar! Impresionante verlos a todos haciendo filas… de hasta 30 chicos para poder jugar en algunos juegos… y esperan, ¿eh? Luego viene el tiempo de la compra de los premios… pero ahí ya no esperan tan ordenadamente. La “duka” llegó a colapsar por “compradores compulsivos”. Llegaron a haber forcejeos, empujones, apretujamientos… se rompieron algunas mesas que estaban de mostrador… y los que atendían, corrieron peligro. Casi se transforman en mártires del apostolado infantil.

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Al mediodía venía “el desafío” de ordenarlos para comer… 700 de ellos, y con hambre. La comida es muy sencilla, pero es la que se sirve en las fiestas. Sencilla para nosotros, festiva para ellos. Arroz blanco y porotos. El servicio se facilita, porque acá están acostumbrados a comer sentados en el piso, en cualquier lado (como en nuestros campamentos del estudiante), y se come con la mano (que se lava previamente, por supuesto). Las hermanas habían conseguido platos y vasos descartables (ya les dije que consiguieron todo). Y se pensó en que comieran en el piso, pero dentro de la iglesia vieja (que es un salón espectacular que queremos arreglar para este tipo de cosas, y para oratorio, y charlas, y videos, y obritas de teatros, etc…. los que estén interesados en colaborar, son bienvenidos). Allí iban entrando, primero los más chiquitos, luego los otros… y se iban acomodando. Muy bueno cómo iban entendiendo las consignas. Son pacientes (no como en la duka)… y algunos comieron media hora después de los primeros. Lo bueno es que alcanzó para todos… y se llenaron.

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Después del almuerzo, en el mismo salón, se representó la obrita de “Los Pastorcitos de Fátima”, preparada por un grupo de chicos que llamaríamos “pre-juvenil”. Muy sencillo en cuanto a vestuarios, y escenografía… pero muy bien actuada… y atendida por todos.

Luego de la obra, se terminaron de vender los premios que quedaban… y vino la procesión. También un poco difícil el orden, y conseguir que vayan en dos filas… pero algo se fue logrando. Entrada en la misa… y fue impresionante ver la iglesia casi llena. Tuvimos que adelantar los horarios porque muchos chicos se comenzaron a ir a sus casas. Algunos tenían una buena caminata de una hora o más.

El P. Johntin había preparado un muy buen sermón para niños… que captó la atención por medio de historias del evangelio, y preguntas. Al final de la misa se agradeció a las mujeres que cocinaron, a los que actuaron, y a los jóvenes. Fotos fuera de la iglesia… y a la casa.

¿Qué decir de todo esto?

Es verdad que da una inmensa alegría ver la alegría de estos chicos y el agradecimiento. Son muy expresivos, y realmente se los ve felices… y te comunican esa alegría. La sensación en estos momentos es de una gran satisfacción… bueno, y algo de cansancio.
Pero nosotros no somos payasos, no buscamos simplemente entretener a los niños… aunque, como dice nuestro directorio de misión infantil, el misionero que trabaja con niños siempre tiene que tener algo de eso. Lo que se busca es que los niños también experimenten la bondad de Dios, manifestada en los misioneros, en la fiesta en la misión. Ellos no se van a olvidar nunca de eso… y testimonio de esto son las caras alegres, las manos que se agitan para saludar, y los gritos de “¡padrii!”, o “¡sisiterrr!” (Sister)… que se escuchan cuando pasamos con la camioneta por el camino. Testimonio de esto es que los niños vienen a la sotana o al hábito de las hermanas como lo más natural… se acercan y te dan la mano, y te saludan, y charlan. Cuando en otros lugares los niños ven a un “mzungu” (blanco) y se asustan (hasta salen corriendo y dando gritos de terror algunos). Acá no pasa eso. Y los frutos se verán mucho mas adelante, cuando estos niños crecidos en medio de los misioneros, vean como lo mas normal el acercarse a la misa, a la confesión, vivir la vida de la iglesia… vivir la vida de la gracia.

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Y pienso algo mas todavía… esos chicos habrán regresado hoy a sus casas, contando de los juegos, mostrando los premios, contando la historia de los Pastorcitos de Fátima, la procesión… y el sermón de la misa. Y los papás no dejarán de sorprenderse de escucharlos, admirados de tanto entusiasmo. Y a muchos de ellos no les resultará difícil acercarse… a ver, por curiosidad al menos… qué es “eso tan especial” que les damos acá en la misión.
Por último, ¡qué palabras nos regaló el Evangelio de este domingo!: “Cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!”.

¿Qué mejor modo de terminar este escrito, no?

¡Firmes en la brecha! ¡Simama imara pengo!

P. Diego Cano, IVE

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