El Señor les dijo a los Apóstoles: «Seréis mis testigos […] hasta los confines de la tierra. » (Hch 1,7-8). Esto mismo, ¡“en plural”!, experimenté este mes en el que fuí desde el Extremo Oriente hasta el Far West, esto es, el “Extremo “Occidente”. Viajé de un confín (Taichung – Taiwán) hasta el confín opuesto de la Tierra (Texas – USA). Ayer llegué de vuelta a Taiwán y anoto estas líneas para no olvidar las gracias recibidas.

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Viajé de confín a confín, recorriendo 15 ciudades en un mes, con el fin de promover el “espíritu misionero”, mendigando plegarias y limosnas para la Propagación de la Fe. Fuí de parroquia en parroquia, por Estados Unidos (New York, Ohio, California y Texas), exhortando a los fieles a que cooperen generosamente –con oraciones, mortificaciones y donaciones- a propagar la Fe en el Extremo Oriente. En un contexto donde muchos fieles ignoran el deber misional que tenemos por el mismo hecho de estar bautizados, tuve la oportunidad de predicar que, como decía S.S. Pío XI, “nadie debe ser tenido por tan pobre y desnudo, nadie por tan débil, hambriento y sediento, como el que carece del conocimiento y de la gracia de Dios[1].

Dios bendijo esta “ Mission Appeal ” con frutos, entre los cuales menciono dos: varios Sacerdotes diocesanos agradecieron públicamente el que se los haya ayudado a tomar más conciencia de la “misionariedad de la Iglesia”, a la vez que varios fieles se decidieron a rezar – desde ahora- por la conversión de los no-cristianos. Por ejemplo, en el Bronx (donde varios locales con aspecto poco amigable, me sorprendieron en las calles con un respetuoso “Hello Father!”) un grupo de adoratrices se decidió a ampliar la lista de sus públicas preces: desde ahora también ofrecen su Rosario, ante el Santísimo, pidiendo “por la evangelización de los chinos”. Dignos de especial mención, son los niños de un curso de catecismo de Ohio que, luego de que se les habló de las Misiones, rezaron y escribieron esta elocuente oración: “Dear God, please, help everyone believe in you!” (“Oh Dios, por favor, ayuda a todos los hombres a creer en Tí”).

El Ven. Pío XII, al hablar “la aportación material en ayuda de las Misiones”, enseñaba que lacaridad en ninguna otra obra puede ejercitarse más fructuosamente que en ésta [la ayuda a las Misiones], ya que se trata de extender más y más el Reino de Cristo y de procurar la salvación de tantos que carecen de la fe”[2]. Por eso, es que bien puedo decir que me hice mendigo en favor de la más noble, la más alta y la más santa de las causas: la gloriosa “Causa de las Misiones”.

No faltaron cosas anecdóticas, como, v.gr., la visita que hicimos a un bosque de las gigantescas secuoyas californianas –el ser vivo más alto del mundo- o la incursión en Cisco, un pueblo texano donde muchas señoras mayores van armadas y manejando enormes 4X4. Prediqué también en otro ignoto pueblo texano, antaño de cowboys, llamado Strawn, que quedó aislado desde el día en que cerraron su estación de tren. Cuando visité el museo de este pueblo –unas horas antes de celebrar la Misa-, el encargado se alegró mucho pues, al fin, alguien entraba, por lo cual no cesaba de agradecerme.

Termino estas líneas, manifestando la inmensa dicha que tuve al peregrinar –entre continuas hileras de penitentes- al Santuario de “Our Lady of Peace”, el gozo al encontrame con Misioneros de varias partes del orbe –con quienes vivimos un gran “espíritu de familia”-, la alegría de cruzarme por el camino con varios chinos –con quienes me ejercité en el mandarín- y el entusiasmo vivido al conocer a un Sacerdote –quien ahora vive en California- que padeció tres décadas de prisión en las mazmorras del Comunismo chino. Siempre conservaré en la memoria los consejos que este Confesor de la Fe me dió para evangelizar el Mundo Oriental.

  1. Federico,

Misionero en Extremo Oriente

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[1] S.S. Pío XI, Enc. Rerum Ecclesiae.

[2] Ven. S.S. Pío XII, Evangelii Praecones, 69.

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