“Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”…

Les cuento que tuvimos 6 días de curso dictados por la hermana Dolores, perteneciente a la congregación Misioneras de la Caridad de Santa Joaquina de Vedruna, quien vino acompañada por la hermana Mariam Kidane, SSVM, a quien agradecemos el que se hiciera posible este curso, en L’Ollería en el monasterio de Valencia.

Curso de canto gregoriano en el monasterio de Valencia (España) de las Servidoras del señor y de la virgen de matará (SSVM)

Participamos 8 hermanas del monasterio de Valencia, la hermana Ma. del Paraíso que vino del monasterio de Holanda y yo (Hna. María del Corazón Eucarístico), del  monasterio de Luxemburgo.

Curso de canto gregoriano en el monasterio de Valencia (España) de las Servidoras del señor y de la virgen de matará (SSVM)

Si bien desde los inicios de nuestra vida religiosa hemos buscado aprender y cantar el gregoriano, es la primera vez que podemos profundizar más sobre la modalidad y la interpretación del mismo.

Y como siempre, cuando algo se descubre como nuevo y sobre todo como bello, se quiere comunicar. Es por eso que les cuento un poco de lo que nos enseñaron.

El gregoriano  nació para cantar la liturgia en la Iglesia, y de él surgieron posteriormente las demás formas musicales. El canto fue creado para alabar a Dios, por eso es que “el diablo no canta” dice Santa Hildegarda.

Desde los comienzos,  no se leía  la Palabra de Dios sino que se cantaba, mejor dicho, era “cantilada” por el  lector.  El lector  era el responsable de la Palabra de Dios…y entonces tenía  que hacer  llegar su voz  a todos. La “cantilación” se hacía sobre una cuerda y con algunas cadencias, esto en el siglo III. En el siglo IV se dan las primeras formas de canto gregoriano, momento de esplendor para la Iglesia. El siglo V, tanto en los ritos orientales como occidentales surgen los primeros repertorios. Con San Gregorio en el siglo VII se funda la “schola cantorum”, como centro de formación. En el siglo IX se tiende a dejar algo escrito para que no se pierda, no es la música que conocemos sino algunos signos de ‘semiología’ como se llama hoy, que servían para orientar al cantor. En esa época un monje llamado Hartker, se retiró a una cueva donde puso por escrito todas las melodías gregorianas que sabía de memoria. En el siglo XI se desarrolla esta escritura sin línea y en el siglo XII y XIII comienza la notación musical sobre líneas. Esta es la trayectoria del canto gregoriano.

Guido de Arezzo, (950-1050) fue el primero que trazó las líneas para la escritura de la música.  Esto no fue aceptado en la Abadía en la que vivía, por lo que tuvo que irse.  El Papa Juan XIX  lo recibió, y el monje le demostró  con un grupo de niños, cómo una pieza con este método podía  ser cantada a primera vista. Guido se inspiró en el himno a San Juan Bautista utilizando la primera estrofa, ya que al comienzo de cada verso la melodía asciende una nota; y nombró a cada una de esas notas ascendentes según el texto latino de dicho himno; dando así origen a  las notas que nosotros conocemos como: ut (que después pasó a ser Do), re, mi, fa, sol, la y si. Sin él no hubiéramos podido cantar nada de lo que antiguamente fue compuesto.

Más tarde fue Mocquerau quien introdujo  la teoría de  la medida de la música, dividió en ritmos binarios y ternarios según las palabras, agudas y esdrújulas.

En León, España, en Laon, Francia, en San Gal, Suiza se encuentran algunos manuscritos auténticos de  la escritura en semiología.

Curso de canto gregoriano en el monasterio de Valencia (España) de las Servidoras del señor y de la virgen de matará (SSVM)

Para terminar, les cuento que fueron días muy intensos donde gozábamos cantando la Palabra de la Sagrada Escritura con la melodía creada propiamente para ella.

Hna. María del Corazón Eucarístico

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