El beato Juan Pablo II visitó por primera vez Canadá en 1984. Su viaje pastoral duró 11 días, del 9 al 20 de septiembre, en los que pronunció 49 discursos y estuvo en 15 ciudades.

El 18 de septiembre ocurrió un imprevisto. Ese día tenía que ir a Fort Simpson, una pequeño poblado de unos 1000 habitantes, donde se encontraría con representantes de los pueblos autóctonos y de los esquimales. Las inclemencias climáticas lo impidieron.

El avión en el que viajaba aterrizó en Yellow Knife, a unos 250 km. El Papa esperó algunas horas para poder ir a Fort Simpson y ante la imposibilidad, les dirigió un mensaje radiotelevisivo. Lo comenzó con estas palabras “Sé que todos vosotros habréis comprendido el dolor que siento en este momento”. El 20 de septiembre, en el discurso con el que se despedía de Canadá dijo: “En esta ocasión renuevo mi pesar por no haber podido visitar a los indios y los esquimales en Fort Simpson. Desde el comienzo de la preparación de mi visita pastoral a Canadá, di gran importancia a esta reunión, y ahora quiero renovar a todos ellos la expresión del amor fraternal con un mensaje. Realmente espero que la Divina Providencia me de otra oportunidad para encontrarme con ellos. (Pido disculpas… me he invitado a  venir una segunda vez a Canadá). Voy a seguir orando por vosotros y con vosotros”. Esto sucedió en 1984.

Tres años después Juan Pablo II hizo una visita pastoral a Estados Unidos. Desde allí viajó a Canadá, más específicamente a Fort Simpson, para encontrarse con los pueblos autóctonos. Les dijo: “Queridos hermanos y hermanas aborígenes. Quiero deciros lo feliz que me siento por encontrarme con vosotros […] Hace tres años no me fue posible venir a visitaros, y he esperado con ansias el día en el cual poder regresar. Ese día ha llegado. Hoy he venido, como lo hice entonces, como sucesor del apóstol Pedro”.

Esta anécdota del beato Juan Pablo II nos puede ayudar a recordar un poco lo que significa mantener la palabra dada o en lo que significa hacer una promesa, en el valor que les damos y si cumplimos las promesas que nosotros hacemos.

El beato Juan Pablo II en Fort Simpson el 20 de septiembre de 1987
El beato Juan Pablo II en Fort Simpson el 20 de septiembre de 1987

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