¿Y qué hay de especial en que llueva, aquí en Nuuk, Groenlandia?

Es precisamente eso, que llueve, ¡ya no nieva! Ya no se congela el agua, ¡estamos SOBRE CERO grados!

¡Las gotas ya no planean en pequeños copos blancos arremolinados por el viento. Ahora es lluvia, AGUA a mayor temperatura que la nieve y entonces… comienza el deshielo y corre agua por las calles y caminamos sobre trozos de nieve y hielo que se deshace bajo nuestros pies, dejando al descubierto el suelo, la roca, su sostén. Los techos empiezan a mostrar sus colores y las cosas a aparecer con sus caras lavadas ¡Otro Nuuk! ¡Diferente, multicolor!

Así se nos presentó esta mañana, como si sus casas se desperezaran, irguiéndose sobre un suelo recobrado que las hace parecer más altas, por que la nieve ya no las cubre hasta la altura de las ventanas. Y el blanco se va reduciendo y descubre otro color, parduzco oscuro, de la dura piedra empeñada en resistir los embates de vientos nieves y fríos. Sorprende la rapidez con la que se produce el cambio. Como si este manto blanco decidiera de golpe descorrerse generoso en agua que sigue corriendo aún cuando ya no llueva, acrecentando el mar y destapándose al Sol, levantándose dispuesto a recibir esta cálida luz, augurio de vida renovada.

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Es que el abanico solar se va ensanchando hacia el Este y el Oeste, como en un abrazo cada día más amplio y acogedor, amanece a las 5 y oscurece pasadas las 20. ¡La Primavera ha comenzado! Nos habíamos acostumbrado a levantarnos encendiendo luces y a desayunar de noche. Ahora tendremos que acostumbrarnos a cenar y acostarnos de día, con luz.

Y empezamos a descubrir que debajo de la suave pendiente blanca, habían rocas y piedras que configuran otra visión distinta, fracturada, con quiebres y espacios con matas de pasto secas que empecinadas han muerto allí como queriendo mantener sus raíces, apropiándose un lugar entre las grietas. Tuberías y caños que no pueden ser enterrados por la dureza de la piedra y canales de desagüe que nunca habíamos visto y sobre los que transitábamos cubiertos por hielo y nieve, ahora nos obligan a buscar los reaparecidos puentes de madera para cruzarlos. Y también los juegos para los niños y los bancos de las plazas se recuperan del sueño invernal, y aparecen todas las cosas que quedaron atrapadas bajo la primera nevada: vasos, papeles, botellas, cartones, plásticos, todos los desperdicios y suciedades que nuestra cultura de lo desechable nos proporciona.

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Y así como escribía en una crónica anterior que, “nos cubre como la nieve, Tu Gracia, ocultando nuestras imperfecciones y asperezas”; así también ahora no pude dejar de recordar:

“Conozco tus obras: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!” (Ap 3, 15)

Y entender cómo nuestras tibiezas en todos los órdenes, como p.ej., el acomodarme en el banco durante la Adoración en lugar de enderezarme, o ponerme de rodillas en Su Presencia; o cuando por comodidad pospongo o dejo de hacer alguna obra de caridad, van dejando visibles todas las asperezas, deformidades y basuras que engendra la tibieza del amarme más a mi mismo y no cumplir Su Primer y Gran Mandamiento:

“Amarás al Senior, Tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.” (Deut 6, 5)

Pero aún así, Señor de toda Bondad, a pesar de nosotros, Tú que eres el Único capaz de sacar bienes de los males, harás que estas sucias arideces reverdezcan y les regalarás flores y un Sol de un largo día que nos recuerde que eres el Fin sin Principio, Eterna Luz que no se cansa de iluminarnos:

“Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas».

Y agregó: «Escribe que estas palabras son verdaderas y dignas de crédito.

¡Ya está! Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin.

Al que tiene sed, yo le daré de beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo.” (Ap 21, 5-7)

¡Que así sea! ¡Gracias Señor!

P. Agustín Bollini, IVE.

PS: Releyéndola y recordando las que P. Fabio nos ha enviado también desde aquí, no puedo dejar de dar gracias a Dios por nuestra diversidad. Pienso que si pudiéramos llegar a juntar los siete mil millones de “diversos” que pululamos en este mundo, quizás podríamos tener una vaga idea de la Inmensidad de nuestro Padre Creador: “Pues la bondad que en Dios se da de forma total y uniforme, en las criaturas se da de forma múltiple y dividida. Por lo tanto, el que más perfectamente participa de la bondad divina y la representa, es todo el universo más que cualquier otra criatura” (S. Tomás de Aquino, Suma de Teología, I, 47).

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