La tarde que el P. Marcelo llegó al “rincón de la Reconciliación”, al confesionario del Santo Sepulcro adonde estuve  cuatro años administrando Su Misericordia, y me preguntó si estaría dispuesto a reemplazar a quien tenía que ir a Groenlandia y debió postergarlo por una delicada operación, no podía creerlo.

¡Groenlandia! Jamás se me hubiera ocurrido ofrecerme para ir allí, ni soñado, ni imaginada la posibilidad más remota siquiera de poner un pie en la nieve. Y por esto mismo dije ¡Si! Debo entender que es El, Quien lo quiere y me lo pide a través de mis Superiores, y solo me queda decirte ¡Si Señor! ¡Voy confiado en Ti, en Tu cuidado y en Tu Providencia, por que “Todo es posible en Dios que me conforta” ¡Gracias Señor!

Y así comenzaron las sorpresas. Encontrar entre mi ropa, dos calzoncillos largos y tres remeras manga larga de invierno que ni se de donde, ni porqué las tengo, por que no las use jamás en Jerusalén. Preparé el bolso dejando arriba un pantalón abrigado, un par de medias y un pulóver, para cambiarme en la escala de París con 10 grados y así llegar abrigadito a Islandia que me esperaba con 0 grados. Pero resultó que el bolso me lo hicieron despachar debido a que traía demasiadas cosas en  mano, a saber: Un bolso con mi “Respirador nocturno” para las Apneas, otro con Misal, Biblia y Liturgia, más Reader recién regalado por los Padres de la Provincia, otro más pequeño con otro tomo de la Liturgia y el último con el regalo del Niño Jesús de Belén para esta Navidad en Nuuk, en total cuatro ¡!

Esta imposibilidad material de cargar todo con una sola mano, aún en un carro que no pude manejar, hizo que, tras varias caídas de bolsos en el trayecto de entrada al Aeropuerto, llegara al mostrador de Informes y  solicitara ayuda. Air France mandó un joven bastante atento que me hizo pasar  sin hacer la larga fila a el chequeo y posterior embarque. ¡”No hay mal que por bien no venga”!

Ya en el vuelo a Islandia a “pata pelá”, como dicen los chilenos, solo con mis sandalias, comencé a sentir frío y se me ocurrió preguntar a las azafatas si tenían medias para vender y hete aquí ¡la primera vez en mi vida que compro medias en un avión! y así cubrirme los pies. Ya en la Terminal de Reyjansvik y recuperado mi bolso, pude abrigarme.

Me alojaron en la hermosa Parroquia, donde esa misma tarde concelebré mi primera misa en Ingles. Había salido del Convento de San Salvador en la Ciudad Vieja de Jerusalén a las 03 de la mañana hacia el Aeropuerto, llevado por Gabriel y ….. Salí a las 06 con destino a París adonde recalamos a las 10 y de allí a las 13 para Reyjansvik adonde llegue a las 15.30 hs y así celebrar a las 18 hs.  ¡Gracias Señor por poder agradecerte con la Acción de Gracias por excelencia y pedir por la intercesión de San León Magno, su mismo ardor para nuestra misión en estas frías tierras!

Con la Comida y charlas con los P. Horacio, Gabriel y Tristán, quien como ex-superior me mostró fotos y me contó sobre la vida aquí y hasta llamamos por skype al P. Walter para saludarlo,  ya  más próximo a nuestro encuentro. A las 21 me despedí por que me estaba casi durmiendo y acostándome veo en el reloj con aún la hora de Israel. ¡Para mi eran las 00 horas, medianoche!! Tres horas me había adelantado por ir en contra de la rotación de la Tierra. Un día de 21 horas casi sin dormir pero con la alegría de esta calefaccionada nueva misión.

Al día siguiente en el ropero de la habitación, me llamó la atención algo parecido a un equipo de Buzo, solo le faltaba la escafandra, y pregunté qué era. Eso es lo que te pidieron que compres, un “equipo térmico” para cuando tienes que andar con – 20 grados y viento ¡Pruébatelo! Y  ya!! justo a mi medida! No tuve que comprarlo, me estaba esperando ¡!

El último día, antes de continuar mi viaje, celebré la Santa Misa en la casa de nuestras hermanas, pidiendo a San Josafat que interceda, para que seamos como él, “ladrón de almas” para el Reino de Dios en estas tierras. Interiormente le pedí su Patronazgo y luz, para ayudarme a  iluminar la larga noche invernal de este pueblo.

Al salir me alcanzaron mi campera impermeable y mi sacón más abrigado que usaba encima, juntos. ¿Padre no tiene otro abrigo? ¡Espere un momento! Y trajo dos, uno de los cuales me anduvo y es re abrigado ¡Gracias Señor!

Ya con dos bolsos grandes, el mío y otro provisto por mis hermanos sacerdotes, me embarcaron en un avión bimotor a hélice, para mi destino final. Después de tres horas de vuelo, otra sorpresa: Salí a las 20 hs de Islandia y  llegué a las 21 hs a Groenlandia! Me “dormí” las dos horas en menos, ya que para mi eran las 23 hs.!!

Y la última, piso tierra en Nuuk, y en el cielo totalmente despejado, veo como una nube tenue, enrulándose, porque se movía ¡una Aurora Boreal!

Sentí que era la mejor Bienvenida de mi vida a un lugar. ¡Desde el Cielo!

¡Gracias Señor por Tu Providente compañía!!

P. Agustín Bollini, IVE

 

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