El día de ayer, martes 4 de abril, tenía que visitar una de nuestras capillas, lamentablemente por las inclemencias del tiempo se suspendió dicha visita.

¿Lamentablemente?…desde ya que sí, ya que los fieles de esta comunidad donde no fui no pudieron participar del Santo Sacrificio de la Misa y muchos de ellos del sacramento de la confesión.

Pero… es Dios el que escribe derecho en renglones torcidos; es Dios y su eterna voluntad el que “Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio.” (Rm. 8,28).

Lamentablemente, no pudimos asistir a los fieles en dicha capilla; pero Dios, como de costumbre, nos tenía preparado otro camino, donde el “lamento” se convirtió en “júbilo”.

Este día martes, al medio día, me comunican que el hijo, de solo dos meses de nacido,  de un feligrés de la parroquia, se encontraba muy grave, en terapia intensiva; sus padres pedían urgente que su hijo fuera bautizado, pero que “lamentablemente” debíamos esperar hasta las seis de la tarde, hora de visita, para poder ingresar a terapia intensiva y bautizarlo.

Una vez más, “lamentablemente”… desde ya que para nosotros… no para Dios; ya que al llegar a la clínica me comunican que debíamos esperar a que salieran de terapia intensiva los familiares de los demás niños que se encontraban internados, era la hora de visita, donde los padres además de ver a sus hijitos, todos bebes de pocos días de nacido, reciben también el parte médico.

Mientras esperábamos, hablábamos con los familiares del niño por el cual nos encontrábamos en ese momento en la clínica. Terminada la visita de los demás familiares comenzaron a salir uno a uno, sus rostros y sus ojos llenos de lágrimas nos expresaban el dolor de su corazón por el estado de sus hijos. Al vernos, se acercaban a pedir la bendición y a pedirnos que rezáramos por sus hijos, les preguntaba sobre el estado de salud del niño y al responderme que su situación era crítica les ofrecía el hacerlos cristianos, hijos de Dios, abrirles el cielo, por medio del bautismo. Soy sacerdote y por algo Dios me había puesto en ese lugar y a esa hora, y además me había dado el tiempo necesario para dedicarme a estas almitas.

Los padres de los niños, con mucha fe y un gran espíritu cristiano, sin dudar, aceptaban mi ofrecimiento, es más, sus rostros cambiaban de semblante, esperanzados en la bondad de Dios para con la salud de sus hijos, pero especialmente, esperando lo que debemos esperar contra toda esperanza que es ser, algún día, ciudadanos del cielo.

Gracias a Dios, cosas de Dios, me acompañaban dos religiosas, Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, quienes rápidamente se hicieron de papel y bolígrafo, y… la antesala de terapia intensiva se convirtió en una secretaría parroquial, anotando los datos necesarios para registrar más tarde los niños en la secretaría de la parroquia.

Mientras tanto, con los primeros familiares nos íbamos revistiendo para entrar en terapia, una vez que nos dieron permiso ingresamos, bautice al primero y ya me quede para bautizar a los tres restante, en total fueron cuatro bautismos, cuatro nuevos cristianos hijos de Dios.

Demos gracias a Dios por su inmensa bondad, pidamos por la salud de estos niños y de los demás que estaban internados aquí y de tantos niños que en el mundo entero necesitan de nuestras oraciones.

Pidamos la gracia de saber descubrir, entender, y poner por obra la sola voluntad de Dios en nuestras vidas, recordando que es Dios el que todo lo permite para un bien mayor.

Lo “lamentable”… se convirtió en “un gran júbilo”. Demos gracias a Dios.

Me encomiendo a las oraciones de todos.

¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Caacupé!

P. Daniel Atilio García IVE.

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