“La Eucaristía es verdaderamente un resquicio del cielo que se abre sobre la tierra. Es un rayo de gloria de la Jerusalén celestial, que penetra en las nubes de nuestra historia y proyecta luz sobre nuestro camino… Al unirse a Cristo, en vez de encerrarse en sí mismo, el Pueblo de la nueva Alianza se convierte en «sacramento» para la humanidad, signo e instrumento de la salvación, en obra de Cristo, en luz del mundo y sal de la tierra, para la redención de todos”. (Ecclesia de Eucharistia, 19.22)

Muy querida Familia Religiosa:

Estas palabras de San Juan Pablo II describen maravillosamente lo que hemos vivido en estos meses de preparación para la apertura de Capilla de Adoración Perpetua en nuestra iglesia. Con esta crónica quisiéramos hacerlos partícipes de nuestra alegría y gratitud por tanto bien recibido, y por el privilegio de ver y palpar cómo Dios obra en las almas.

Como les hemos contado en crónicas anteriores, el Cardenal Cañizares pidió hace unos años que se abriera en Alcoy una Capilla de Adoración Perpetua, y sugirió que fuera en nuestro Monasterio (conocido aquí por todos como “del Santo Sepulcro”). Por distintas circunstancias, este hermoso proyecto se fue retrasando hasta que se comenzaron a dar los pasos para concretarlo precisamente cuando nosotras estábamos haciéndonos cargo del Monasterio. Gracias a la ayuda de un seminarista de Valencia, delegado por el Cardenal para la apertura de las Capillas de Adoración en la Diócesis, se dio inició al proyecto.

El 5 de octubre de 2017 comenzamos con un grupito de adoradores a cubrir los turnos todos los jueves, desde las 7 de la mañana, hasta los viernes a las 12:30 del mediodía. Nosotras (en ese tiempo éramos dos) cubríamos algunos turnos de la madrugada del viernes, hasta que fueron apareciendo más adoradores. Un par de meses más tarde, alargamos los turnos del viernes hasta las 19:00 hs. Y de a poco se fueron apuntando algunos adoradores más en los turnos de los otros días (tres turnos a la mañana, y dos a la tarde, de lunes a sábado). En este primer período, que duró algunos meses, pudimos constatar con grandísimo gozo la generosidad de los adoradores, que se ofrecían para hacer más de un turno, o para reemplazar a quien necesitara, y siempre atentos a la “pesca” de nuevos adoradores entre sus amigos y familiares.

En abril de este año, con un grupo de adoradores voluntarios, se organizó la misión por las parroquias, invitando a todos a dar “una hora semanal para acompañar al Señor”. Se recorrieron las parroquias y capillas de la ciudad, y también se fue a otros pueblos cercanos. Era muy edificante ver el fervor y el sacrificio de los misioneros, la mayoría con una formación cristiana muy sencilla, pero con grandes deseos de que la gracia llegue a muchos y, sobre todo, de que Jesucristo sea adorado por todos en Alcoy.

¡Con cuánto interés y alegría esperábamos nosotras el final del domingo para conocer el número de personas que se habían apuntado durante las Misas del fin de semana! Cada nuevo adorador ha sido una gracia de Dios, y un don que le hemos ofrecido a Él, para reparar y consolar ese Corazón que un día se mostró tan triste y dolorido ante la ingratitud de los hombres. ¡Señor, este puñado de adoradores quiere deshacer tanto mal, tanta indiferencia!

En abril, el seminarista designó de entre los adoradores un Encargado general y cuatro coordinadores (para los turnos de madrugada, mañana, tarde y noche), y desde ese momento comenzaron a llevar la administración de la Capilla de adoración (hasta entonces lo hacíamos nosotras).

Si bien la idea original era esperar a que terminase el verano para comenzar con la Adoración perpetua, sin embargo, debido a la prisa de todos por comenzar cuanto antes con más turnos de Adoración, los coordinadores propusieron hacer 12 hs. diarias, de 7 a 19, de lunes a lunes, conservando los turnos nocturnos del jueves al viernes. Y después del verano, cuando venga el Cardenal, comenzar con los turnos a pleno, 24 hs. todos los días del año.

Por eso, hoy lunes 25 de junio, a las 7 de la mañana, se expuso el Santísimo Sacramento en nuestra iglesia, en presencia de un grupito de adoradores mañaneros que estrenaban con tanta alegría su turno.

No quisiera alargarme mucho en la crónica… pero no puedo dejar de contar algunas “florecillas” de los adoradores, que desde el primer momento nos han robado el corazón con su fe sencilla pero profunda, con su amor franco a Jesús en la Eucaristía… ¡Sólo Dios sabe cuántas gracias se han derramado y se seguirán derramando sobre Alcoy y sobre la Iglesia por su intercesión! Aquí van sólo algunas anécdotas…

Una mamá muy joven, a quien no habíamos visto antes, nos golpeó un día la ventana del coro justo antes de empezar la Misa, pidiéndonos que la apuntáramos en un turno. Le tomamos rápido el número de teléfono y le dijimos que la llamaríamos para concretar. Cuando hablamos con ella, nos contó que había vivido en la ciudad de Valencia, donde era adoradora, y que desde su llegada a Alcoy se lamentaba que no hubiera un lugar con Adoración… “¡Yo lo necesito tanto!”

Uno de los primeros adoradores nos contó que cuando comenzó a venir a su turno (a medianoche), su hijo le preguntó a dónde iba. Él respondió que salía con un amigo. El hijo le dijo que se alegraba de que saliera un poco… y le preguntó cómo se llamaba su amigo. “Jesús”, le respondió el padre.

Un adorador –resfriado– se quedó dormido y no fue a su turno de madrugada. Los dos adoradores que debían ser relevados (y que hacían un turno de hora y media), al ver que no venía, se quedaron la hora y media del turno siguiente, hasta que llegó el siguiente adorador. Al día siguiente, el adorador dormido los llamó para disculparse y dar explicaciones. Los dos adoradores le dijeron: “Hombre, no tienes que disculparte, ¡dichosos nosotros que nos pudimos quedar 3 horas con el Señor!”

Un hombre mayor pidió hacer su turno de adoración los domingos a la tarde, en un horario en que aún no había Adoración. Comenzamos a exponer el Santísimo sólo para él. Al llegar, tocaba el timbre del Monasterio tres veces (para que supiéramos que era él), y bajaba una de nosotras a exponer. Una tarde, al bajar a la iglesia, comencé a encender las luces del presbiterio, y él me dijo: “Hermana, no hace falta que encienda las luces… ¡Yo al Señor lo veo hasta con los ojos cerrados!”. Este mismo adorador vino un domingo en que toda la ciudad estaba de fiesta (la famosa “moros y cristianos”). Al llegar, le manifesté mi sorpresa de que no hubiera ido al desfile de comparsas. Él me dijo: “Hermana, una hora aquí es mucho mejor que tres viendo tonterías”. ¡Amén!

Al iniciarse la misión por las parroquias, comenzamos a llamar a los que se iban apuntado. Llamo a una señora, que resultó ser mayor y un poco achacada. Empezó a explicarme sus dificultades… que necesitaba silla en lugar de banco, que una hora era mucho para ella… Le aseguré que poner una silla no era inconveniente, y que podía venir sólo media hora. Vino a su turno, y la fui a saludar antes de que se fuera. Me dijo, radiante de alegría, que la media hora se le había pasado “volando”, y que podía hacer el turno de hora completa. Desde entonces, todas las semanas se la ve, sentadita en su silla, mirando fijamente al Santísimo.

Continuando con las llamadas, hablo con un hombre que se había apuntado para la madrugada, pero sin dar un horario concreto. Resultó ser un hombre joven. Entonces me animé a proponerle un desafío, y le pregunté qué le parecía el turno de 3 a 4 del viernes, que estaba vacío. Me dijo que ese horario le cortaba el sueño, que prefería hacer de 0 a 1. Lo apunté en ese horario… Más tarde, ese mismo día, recibo un mensaje suyo diciéndome: “Hermana, si no consigue a otro, apúnteme de 3 a 4”. ¡Por supuesto, acepté inmediatamente el ofrecimiento!

Una tarde, al finalizar la Misa, me asomo por la reja del coro, como hacíamos habitualmente, para “pescar adoradores”. Veo a un hombre que no conocía, y con las redes preparadas, le hago una seña para que se acerque. Le cuento rápidamente del proyecto de la Capilla, y le pregunto: “¿Le gustaría venir una hora por semana a rezar?”. Muy contento y seguro me responde: “¡Pues claro que sí!”. Viendo su óptima disposición, doy un paso más: “¿Ud. podría venir de noche?”. “¡Claro! –responde– Soy solo y jubilado. Puedo cualquier horario”. Y entonces ahí nomás largué las redes: “¿Y le gustaría venir de madrugada?” –“¡Sí! ¡Claro que sí!”. Ya con el bolígrafo en la mano, pronta para anotar sus datos, escucho que me dice: –“Y cuando vengo, ¿qué es lo que tengo que hacer?” Le explico que el Santísimo se expone “ahí, donde está el sagrario…”. Y entonces viene la pregunta: “¿Qué es el Sagrario?” El jueves siguiente, a las 12 de la noche, lo veo aparecer y arrodillarse en el banco para hacer su primera adoración. No saben por qué vienen, es Dios quien los atrae con lazos invisibles y los instruye secretamente. Verdaderamente, la Eucaristía es “la prenda del fin al que todo hombre, aunque sea inconscientemente, aspira” (Eccl. de Euch., 59).

En otra jornada de “pesca”, converso con una señora después de Misa y la invito a la adoración. Acepta con mucho entusiasmo, y luego me pregunta: “¿Y qué tengo que hacer?”. Le digo que es simplemente estar una hora acompañando a Jesús, estar con Él como cuando uno está con un amigo, contándole y escuchándolo. Comenzó a venir semanalmente. Al cabo de un tiempo, un día, al verla, le pregunto: “¿Y, qué tal va la adoración?” Me respondió con tono de confidencia: “¡Nos entendemos muy bien [con Jesús]!”

Un aspecto muy hermoso de la adoración es el impulso misionero que brota como efecto necesario. Otro de los primeros adoradores, y muy fiel por cierto, cuando le pedí que nos ayudara a buscar adoradores para la madrugada, me dijo: “Hermana, eso es muy difícil. No lo van a conseguir”. Salté inmediatamente: “¡Para Dios no hay nada difícil! Dios quiere ser adorado 24 hs. sin interrupción, y Él va a suscitar los adoradores, como lo ha hecho hasta ahora. ¡En Alcoy hay 60.000 habitantes!” Me respondió: “Si lo consiguen, les hago un monumento”. “¡Pues vaya comprando el material!”. El hombre se rió, pero después, hablando con la Madre, le contó el diálogo que había tenido con su mujer: “Tú también te podrías apuntar para la Adoración”. La mujer respondió: “No puedo, tengo que cuidar a los nietos, no me queda tiempo”. El hombre le retrucó: “¡Pero para ir a la peluquería sí que tienes tiempo!” La mujer se quedó un momento pensando, y luego le dijo: “Sí, tienes razón”.

Una adoradora de la mañana tenía que viajar y no podía acudir a su turno. Me llama para avisarme que iba a ir en su lugar un amigo. Y me sugiere: “¡Acérquese a saludarlo, porque es evangelista!¡ Quién sabe si ganamos otro adorador para el Señor!”

En un par de ocasiones, les pedimos a todos que rezaran por alguna intención importante de la Familia Religiosa. Inmediatamente, comenzaron a llegarnos mensajes de whatsapp: “¡Délo por hecho!”, “¡Por supuesto que sí!” “¡Lo tendré especialmente presente en mi turno y toda la semana!”, etc.

Muchas personas, al culminar el día de adoración, después de la reserva, nos decían: “¡Somos unos privilegiados!”, “¡Muchas gracias, hermanas, por darnos la oportunidad de estar tanto tiempo con el Señor!”

Pero, en realidad, somos nosotras las agradecidas. Es una gracia muy grande para nosotras, contemplativas, poder palpar tantos frutos espirituales. ¡Cuántas personas en este tiempo se han acercado más a Dios, a la confesión, a la Santa Misa… gracias a ese rato de adoración, que los ha ido moldeando y madurando al calor y a la luz del Santísimo Sacramento! Somos conscientes de que no hay proporción entre nuestro pobre esfuerzo y los resultados que se ven, y no vacilamos en atribuirlos a los trabajos y sufrimientos de nuestros misioneros en distintas partes del mundo, que tantas veces y en situaciones tan difíciles, tienen que echar la semilla en terreno pedregoso, confiando que brotará en otros suelos, por esa misteriosa economía divina.

En este momento son cerca de 300 los adoradores apuntados, y aunque ya están cubiertos los turnos de mañana, tarde y noche, aún faltan cubrir 14 turnos de madrugada, y reforzar algunos turnos donde sólo hay un adorador. Así y todo, los mismos alcoyanos están sorprendidísimos de la cantidad de gente apuntada. “¿Esto te sorprende? ¡Cosas mayores verás!”, piensa una al oír esos comentarios. Dios quiere que todos los hombres se salven, y a medida que el mal crece, más grandes y abundantes son las gracias que Él derrama en las almas.

Encomendamos a vuestras oraciones y Misas todas estas intenciones, y especialmente les confiamos la perseverancia, santidad y aumento de los adoradores. Que cada vez más personas descubran en la Eucaristía “el tesoro de la Iglesia, el corazón del mundo” (Eccl. de Euch, 59), y puedan decir con San Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68).

Hna. María del Espíritu Santo

Deja un comentario